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Inauguración del teatro de la Ciudad Universitaria con una pieza de Frank Wedekind

Armando de Maria y Campos

    Para la solemne inauguración del teatro de la Ciudad Universitaria, el teatro estudiantil de la propia Universidad Autónoma de México tuvo el acierto de elegir la tragedia infantil en tres actos Despertar de primavera, de Frank Wedekind, autor dramático alemán nacido en Hannover poco antes de que sus padres regresaran a América (1864) y muerto en 1918. Frank Wedekind fue un famoso dramaturgo de vida inquieta, actor y periodista, colaborador de la famosa revista cómica Simplicissimus, de Berlín. En su juventud cantó en los cafés-concierto de París, luego fue agente del famoso circo Herzog. En Zurich, "la ciudad más moral del mundo" según el propio Wedekind, estrenó su magnífica pieza Despertar de primavera y se juzgó tal representación como un escarnio a las buenas costumbres. Quien haya leído sus Memorias recordará que describe el autor el deleite que le producía observar la indignación de la "gente bien" durante el espectáculo. Wedekind fue un dramaturgo extraordinario, representado en toda Europa y publicado en español en la colección Teatro Selecto Contemporáneo de la Biblioteca Nueva, de Madrid, en traducción de Manuel Pedroso. Despertar de primavera se presentó 117 veces en Berlín, en el Deeutsch Theatre, a partir del 20 de noviembre de 1906. Su autor la definió como "tragedia infantil".
   Este es el argumento de Despertar de primavera. "En una pequeña ciudad alemana, provinciana y conservadora, la llegada de la primavera deja sentir su influencia en los jóvenes de ambos sexos. El sentido moral de los padres es causa de que los adolescentes ignoren la realidad de las relaciones sexuales, con lo que su instinto les impulsa a buscar por los medios a su alcance la verdad del, para ellos, 'misterio de la vida'.
   "Melchior y Moritz, dos jóvenes alumnos del Instituto, están unidos por una fuerte amistad; amistad que extraña tanto a sus profesores como a los demás amigos, ya que, en lo intelectual son el uno la antítesis del otro: Melchior, trabajador, inteligente, de imaginación despierta, es el alumno más destacado de la

clase; Moritz, a pesar de sus buenos propósitos, no consigue obtener en sus estudios ni un éxito mediano. Busca, pues, la ayuda de Melchior para todos sus problemas, y la conciencia de su inferioridad le lleva a plantearle también el de sus inquietudes sexuales. Juntos comentan tanto sus experiencias sexuales como las que conocen de sus camaradas, y acuerdan, para que Moritz quede debidamente informado acerca de estas cuestiones, sin que sufra su pudor, que Melchior le escriba un resumen, debidamente ilustrado, de sus conclusiones.
    "Idéntico problema se plantea a las muchachas que, al comentar entre ellas la actitud de sus familiares, no comprenden el por qué de las prohibiciones y veladas advertencias que continuamente les están haciendo.
    "En el transcurso de un paseo por el bosque, Melchior encuentra a Wendla, y durante la conversación que sostienen, ella, refiriéndose al caso de Marta, a quien sus padres pegan con frecuencia, le insta a que le pegue también, pues quiere conocer la sensación, para ella desconocida, de sentirse castigada.
    "La señora Bergmann, madre de Wendla, le anuncia que la hermana mayor acaba de tener un hijo. La muchacha suplica a su madre le haga saber como vienen los niños al mundo, sin obtener una contestación concreta, pues la señora Bergmann no se atreve, siempre en nombre de una rígida moral, a tratar este tema con su hija, que sigue así en su ignorancia.
   Melchior y Wendla se encuentran en un pajar, y dejándose llevar por el instinto, embriagados por el ambiente y sus apetitos juveniles, consuman el acto sexual.
    "Al finalizar las vacaciones, Moritz es reprobado definitivamente, y decide suicidarse. Su muerte causa el natural escándalo de la pequeña ciudad que, para mantener intangibles los principios morales, busca afanosamente un culpable. Se halla al fin en Melchior, a cuyo manuscrito sobre las relaciones sexuales se considera como instigador de una supuesta depravación de Moritz y como causa de su suicidio.
   "Melchior es expulsado del Instituto, y

conocidas por sus padres sus relaciones con Wendla, internado en un correccional. Huye. Al atravesar el cementerio para escapar de sus perseguidores, encuentra la tumba de Wendla, al recordarla, se le aparece el fantasma de Moritz, que, con la cabeza bajo el brazo, le invita a seguirle al mundo de los muertos. Después se presenta a ambos el diablo, bajo la apariencia de un caballero enmascarado, revelando a Melchior que la muerte de Wendla ha obedecido a los abortivos que le han administrado, con anuencia de su madre, para evitar el escándalo. Convencido Melchior de que el enmascarado conoce la filosofía de la vida, se aleja con él por entre las tumbas".
    El teatro estudiantil de la Universidad tiene las características de un auditorio. La noche del martes se llenó hasta en los pasillos por un público inteligente y comprensivo, que escuchó con atención la importante pieza de Frank Wedekind. Precedieron a las palabras de la inauguración del rector, doctor Nabor Carrillo, unas breves de salutación y estímulo de Salvador Novo, funcionario del INBA. Enseguida, ante la expectación del auditorio el grupo de teatro de la Escuela Nacional de Arquitectura, bajo la dirección del inteligente y estudioso Juan José Gurrola desempeñó la pieza de Wedekind con alegría y dinamismo. Gurrola, sorteando y salvando exigencias de escenografía, le dio un claro carácter experimental, destacando el buen uso de las luces; en todo lo demás prefirió sugerir. El reparto a cargo de alumnos de arquitectura, largo y siempre importante, entendió esta obra de juvenil ambiente y ya anticuado alegato, destacando en sus respectivos personajes Gastón Melo, en el Melchor; Roberto Dumont, en el Mauricio; Lucille Urencio como Wendla; Luz del Amo, en Ilse, Nancy Cárdenas, de clara dicción, en la señora Gabor y Carlos de Pedro en el rector. La ágil inteligencia y el buen gusto de Gurrola dieron a esta pieza, ya fuera de tiempo, un aire de modernidad y de frescura que sabrá comprender el público universitario a quien va dirigida