El Instituto Nacional de Bellas Artes ha presentado en su máximo escenario en reducido número de funciones, con el título genérico de Festival Folklórico Filipino, a la Compañía Filipina de Danzas Bayanihan, que procede del Centro de Arte Folklórico de Manila, Filipinas. A la función inaugural, que tuvo carácter oficial, asistió en pleno la colonia filipina residente en México y la representación diplomática que esta república tiene acreditada ante nuestro gobierno y pueblo.
La Compañía Filipina de Danzas Bayanihan es un conjunto de bailarines y bailarinas notablemente organizado y con un contenido artístico verdaderamente extraordinario. El espectáculo que presenta es realmente maravilloso. Considere el lector que usamos los términos extraordinario y maravilloso en su más justa acepción y que todo cuanto digamos ahora o pudiéramos decir sobre el Festival Folklórico Filipino carece de hipérbole. Fue para el público de México revelación y sorpresa a un mismo tiempo, y el más hondo y profundo mensaje de la supervivencia de una nacionalidad al través de signos de invasiones. Como se sabe, el archipiélago de Filipinas es una cadena de 7,100 islas, localizadas fuera de la costa sudeste de Asia, justamente arriba del Ecuador. La principal isla, llamada Luzón, la más al norte de este archipiélago, está situada aproximadamente a la misma latitud de Cuba, en la parte opuesta del globo. Es preciso, justo y necesario, decir que las Filipinas fueron una colonia española por trescientos años, descubiertas en 1521 por el inmortal navegante Fernando Magallanes. La influencia que España dejó en Filipinas no se ha borrado, gracias a Dios; por cerca de medio siglo las Filipinas fueron también territorio de los Estados Unidos y ahora forman una república independiente a partir de 1946. Están pobladas |
por 22 millones de naturales, entre los que se destaca una importante minoría los moslémicos de las islas sureñas que viven dentro de la fe mahometana y conservan costumbres y tradiciones.
Bayanihaj significa "conjunto de trabajo", y simboliza una antigua costumbre filipina que representa el esfuerzo de un conjunto de hombres transportando una casa con postres sostenidos por sus propios brazos. Es lo que ahora limitando a los norteamericanos le llamamos "trabajo en equipo" y que ya antes definió un proverbio español: todos para uno, uno para todos, que hizo suyos Artagnan con sus tres amigos mosqueteros. La Universidad Femenina Filipina organizó este Bayanihan haciendo una revisión de sus danzas tradicionales influidas por los árabes, los japoneses, los chinos, los españoles naturalmente, los malayos y los musulmanes. Con tan rico, añejo y castizo repertorio formó varias danzas y con éstas programas homogéneos que presentó en un festival asiático en Dassa, al este de Pakistán (1954). El éxito que la Compañía Filipina de Danzas alcanzó en este festival se repitió en su visita al Japón en 1956 y en 1957 en la Exposición Universal de Bruselas. Después de recorrer parte de Europa y muchas ciudades de los Estados Unidos ha llegado a México el extraordinario espectáculo , Bayanihan sin duda uno de los más bellos y completos que hayamos visto de muchos años a la fecha, incluyendo el de los rusos que nos visitó hace un par de meses.
El espectáculo folklórico está organizado con un provechoso y deslumbrante sentido histórico. Se inicia con danzas de la región montañesa del norte de la isla de Luzón que celebran sus victorias, ritos religiosos, días de gracia, etcétera, con danzas, usando instrumentos |
musicales como la flauta nasal, la guitarra de bambú, gongs de varios tamaños, espesores y formas y tambores de madera y baqueta. Intrincados movimientos de los pies son característicos en estas danzas. Su coreografía es, pues, propia e inconfundible.
En la segunda parte exhiben la arraigada, inolvidable e insustituible influencia española. Formando una curiosa y deliciosa trama tienen vida propia el vals, la polka, la jota, el fandango, la mazurka y aun la habanera finamente filipinizados. Entre todo este grupo de danza -polkabal, mazurca boholana- sobresale la habanera boloteña y a ésta supera la jota moncadeña, aquella danza favorita en las fiestas de bodas del pueblo de Botolán en la provincia de Zambales y esta adaptación de la jota española con el sonido de castañuelas de bambú que sustituyen las tradicionales de tipo ibérico.
En la tercera parte del festival folklórico filipino figura una fastuosa, deslumbrante por su riqueza, impresionante por su exquisito gusto, suite moslámica, inspirada en ritos y costumbres filipinomusulmanes de los naturales que abrazaron el mahometanismo desde el siglo XIV y aun resisten a la conversión cristiana y que es como un espejo que se paseara a lo largo de la vida musulmana filipina reflejando la influencia de las culturas arábigas e indomalayas. El espectáculo culmina con una suite rural filipina que refleja la vida -bailando, cantando- del área rural de las Filipinas donde el ochenta por ciento de la población viva y trabaja en la industria agrícola. Un gran ballet original y folklórica acompañado por instrumentos locales y que por sí solo constituye uno de los espectáculos más originales, fabulosos, extraordinarios que pueda imaginar el espectador más exigente. |