Para conmemorar el bicentenario del nacimiento de Johann Cristoph Friedrich Von Schiller, uno de los más grades poetas y dramaturgos de Alemania (nació -1759- en Marbach, murió -1805- en Weimar), el Instituto Nacional de Bellas Artes, la Unidad Artística y Cultural del Bosque y el Instituto Cultural Mexicanoalemán, exhumaron y presentaron en el escenario magnífico del Teatro del Bosque, la tragedia en cinco actos, original del propio Schiller, María Estuardo, confiando su interpretación a prestigiados actores nacionales. La primera representación de María Estuardo tuvo efecto la noche del 28 de noviembre próximo pasado.
De Schiller como dramaturgo hay tanto que hablar, que es preferible decir poco. Quienes conocen la historia del teatro romántico con su primera obra de juventud: Los bandidos (1780), que no la escribió para el escenario, que desconocía por completo, y la cedió a un librero para que la publicara anónimamente (1781). Fue estrenada en el teatro de Mannheim, y muchos años después Goethe contó regocijado que un príncipe alemán le dijo: "Si yo fuese Dios, y en el momento de crear el mundo hubiera previsto que representaría Los bandidos, no habría creado el mundo".
Hasta 1800 Schiller da al teatro -en Weimar- su tragedia María Estuardo. Es bien conocida la amistad entre Schiller y Goethe. A propósito de sus dramas históricos, Schiller escribió a Goethe a mediados de 1879: "Yo creo que no hay que pedir a la historia más que las relaciones generales del tiempo y la situación de los personajes, y abandonar todo lo demás a la libertad de la invención poética. Resultaría así una especie de género intermedio que resumiera las ventajas del drama histórico y las del drama que es pura invención".
En María Estuardo, Schiller llevó a la escena las últimas Jornadas de vida de la infortunada reina de Escocia; la acción la sitúa precisamente los días 6, 7 y 8 de febrero del año de 1587. La vida de María Estuardo -reducida a los límites de una crónica prudente- es ésta: nació en Linlithgow, Escocia, el año de 1542 y murió en el año indicado antes. Sucesora de su padre, Jacobo V. Al morir prematuramente su esposo, Francisco II de Francia, en 1560, regresó a su |
país, perturbado por las predicaciones calvinistas de su primo Juan Knox. Casó con su primo, Enrique Estuardo, hombre vicioso y malvado, y al morir éste, con el conde Bothwell, a quien la opinión pública acusaba de haber asesinado al primero. Estos sucesos obligaron a la reina de abdicar en su hijo, Jacobo VI, y a refugiarse en Inglaterra, donde Isabel I la tuvo prisionera durante diecinueve años, y al cabo, la mandó ejecutar, después de un turbio proceso, cruel e injusto, alentado por intereses políticos y religiosos. Schiller aseguró en su tiempo a Goethe que había suprimido en su obra todo lo que el proceso tuvo de política. Hizo teatro con "el conflicto entre dos reinas rivales, María e Isabel" -según sutil interpretación de Silvio D'Amico- y que es, en verdad, "el conflicto entre dos religiones y dos concepciones, la protestante y la católica. Como muchos otros románticos, Schiller interpreta la primera como una regla farisaica; la segunda, como una filosofía humana y piadosa. Ambas mujeres son culpables, pero María confiesa sus culpas, mientras Isabel las oculta bajo su impasible máscara puritana. La muerte de María es un apoteosis; la victoria de Isabel es una derrota moral. La obra peca de excesos oratorios y retóricos. Pero la figura de María la ilumina; y la nítida representación de los demás personajes históricos la colorea vivazmente". Nada tenemos que agregar o restar a la opinión del ilustre crítico italiano. Schiller trabajó con materiales de su tiempo. Probablemente Schiller conocía la obra de Turner Roh, María Stuarda Innocens a Caeda Darnleyana (Inglostadt, 1588), en la que se hallan pruebas documentales de la inocencia de la reina de Escocia.
La trágica historia de María Estuardo ha dado tema a varias obras dramáticas, no siempre fieles a la verdad histórica, entre ellas las de Alfieri, H. Koster, Enner Eschenbaceh, L. Schneegans; una ópera cómica: Marie Stuart en Ecoss, en tres actos, de Fetis, con libreto de Planard, cantada en 1823, y la ópera en cinco actos, de Niedermeyer, con libreto de Teodoro Anne, Marie Stuart, estrenada en 1844, ambas olvidadas. La única María Estuardo que se representa es la de Schiller; la versión que acabamos de conocer vertida en prosa es del señor Manuel Tamayo Benito.
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La presentación y representación de la tragedia de Schiller es magnífica y deslumbrante, y ahora debido al INBA, a la Unidad Artística y Cultural del Bosque de Chapultepec y al Instituto Mexicanoalemán. La podrán presentar igual, pero no mejor en cualquier capital de teatro del mundo. Vale decir que es el mejor espectáculo del año en México. La propiedad y riqueza del vestuario es indiscutible. Se asiste a la vida real inglesa del año de 1587, y no sería aventurado afirmar que aquellas reinas y nobles ingleses o franceses vistieron con menos boato y buen gusto que los actores que ahora recrean aquellos personajes históricos, por cierto animados, por el director Fernando Wagner con precisión, respeto y cabal acierto.
La interpretación es sobresaliente por parte de Carmen Montejo y Virginia Manzano, ilustres actrices mexicanas -no tomamos en cuenta el origen cubano de la primera-, que están eminentes. La María Estuardo de Carmen Montejo es insuperable y, sin duda, la mejor creación de su carrera. Emotiva, dulce, resignada, dio al personaje, además de su emoción, el tesoro de su voz caliente, expresiva, privilegiada. Uno de sus parlamentos del primer acto fue ovacionado. Virginia Manzano es digna rival, como en la pieza, de reina a reina del teatro, de Carmen Montejo. Su actuación es, también, inolvidable.
No prevalece el acierto en los intérpretes masculinos, pero ninguno desentona. Es de justicia mencionar las admirables actuaciones de Mario García González, Mario Orea y Angel Casarín y las muy estimables de Rafael Llamas, Carlos Navarro, Carlos Bribiesca y Agustín Balvanera. Alumnos de la Escuela Teatral del INBA cubren con disciplina el resto del numeroso reparto. Antonio López Mancera creó un admirable y funcional grupo de escenografías.
Noche triunfal para el teatro en México fue el estreno de María Estuardo, de Schiller, el creador del teatro alemán moderno, cuya obra, en su conjunto, vive bajo el solemne aliento de Shakespeare. |