La empresa Arce-Aceves que explota el teatro Arcos-Caracol presenta ahora una pieza del autor francés, Louis Sapin, titulada Papá bon Dieu -Papá buen Dios-, que por la novedad de su argumento inspirado en alguna anécdota de la raza negra y por estar interpretada por actores de esta misma raza según lo pide el autor, no ha dejado de despertar interés. Papá buen Dios fue estrenada en el Aujourd'hui Théâtre, en París, a principios de febrero de 1958, con mediano éxito a decir verdad, interpretada por destacados actores negros como Ferdinand Oyono, Amadou Sissoko y Gio Grossac, que se encargaron de los principales personajes. La dirección fue de André Gintzburger.
Con estos antecedentes la empresa de Arcos-Caracol se decidió a montar esta obra que en ningún modo es representativa del teatro negro. ¿Qué se entiende por teatro negro en los Estados Unidos o en Francia? ¿Acaso el que sólo utiliza actores negros o el que se dirige exclusivamente a auditorios de color? Ni lo uno ni lo otro. Tampoco lo es el teatro que no pone en las tablas más que obras relacionadas con la vida de la población negra en Africa o en los Estados Unidos o escritas por autores de dicha raza. El teatro negro es aquel en que se combinan los mejores elementos de los factores mencionados, con la finalidad de interpretar a un negro, a todo tipo de negro, a través de su vida y facultades, genio y aficciones, herencia racial y triunfos personales, para que se vea él mismo y para que lo vean los públicos de cualquier parte del mundo.
Para conocer a fondo el tema sería preciso consultar la obra ya clásica de James Weldon Johnson, Blak Manhattan (Manhattan negro, 1930), en que se describe la lucha de la población de color para expresarse y afirmarse, |
tanto en literatura y arte como en el terreno económico y político. Donde aquel libro se detiene sigue el hilo del relato histórico la obra The new negro (El nuevo negro), por Alain Locke, en el cual el progreso del negro en el teatro no aparece relacionado con la política ni la economía, sino con un progreso análogo en la literatura y las artes plásticas. En el opúsculo Negro poetry and drama (Poesía y drama negros), Sterling Brown pone el asunto al día. Por fin Sterling Brown, en colaboración con Arthur P. Davis y Ulysses Lee, acaba de publicar un tomo de más de mil páginas titulado The negro caravan, en el cual alternan cuentos, fragmentos, dramas y novelas, canciones folklóricas, biografías, blues, ensayos y cantatas, por miembros representativos de Afroamérica. Me atrevería a afirmar que el autor de Papá buen Dios desconoce las obras que antes he mencionado, porque de otra manera hubiera intentado otra anécdota menos ingenua o pueril que la que sirve de débil trama para su pieza, con la que el director don José de Jesús Aceves pretende ahora apatar al público de la ciudad de México al asegurarle que le está presentando una obra teatral... de altura.
Una pequeña población habitada por negros. Un viejo borrachín se pone en papalina que lo deja medio muerto. Abre los ojos cuando ésta se le va pasando, trágico momento, porque sus amigos le estaban cavando la fosa. ¡Milagro! el viejo borrachín -extraño Lázaro de la raza negra- actúa como Dios entre los suyos y no falta quien utilice este incidente para realizar pingües negocios. La resurrección del borrachín no revela nada como no sea la ingenuidad en que aún viven muchos grupos de la raza negra. Louis Sapin realizó con este pequeño suceso una comedia ni buena ni mala y si aventuramos este juicio se debe principalmente a la débil |
interpretación por personas de la raza negra que no son actores. ¿Supone esto un alarde de dirección del señor Aceves? Puede tenerse por tal, o no, según las exigencias del crítico severo, del cronista benévolo o del espectador común y corriente que es, propiamente, el hombre de la calle. La traducción está lograda en un lenguaje espectacular y facilón.
Por determinada exigencia de un personaje, Louis Sapin se vio forzado a usar varias veces un término que en francés no hiere al oído tanto como en castellano, y el traductor lo usó en su acepción desnuda. Para que el lector se dé cuenta de cómo se entiende ahora el buen gusto en el lenguaje teatral, la empresa alimentó una previa propaganda para señalar los obstáculos que las autoridades de Espectáculos le ponían para dar a conocer la pieza de Sapín, aconsejándole usar con menos frecuencia vocablo tan rudo, ignorando que pudo haber empleado los siguientes sinónimos: mujerzuela, moza de partido, ninfa, pupila, meretriz, horizontal, hetaira, zorra, hetera, buscona, cantonera, pelandusca, tusona, churreana, callonca, gamberra, rodona, germana, rabiza o calientacamas, términos todos bien castizos, y otros muchos que tendrá anotados en su agenda particular Artemio de Valle Arizpe. Y hasta hiüla, que se menciona también en los cabarés nuestros que ahora cierran a la una de la mañana.
En la interpretación de Papá buen Dios sobresalen José Antonio Valentino, Juan José Laboriel, Lirio, Ester Martínez, July Marichal, Ester Herrera y Gerardo Wilson. La escenografía, de David Antón, es modesta, pero cumple. |