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El escándalo del alma desnuda, en el teatro Cinco de Diciembre

Armando de Maria y Campos

    Álvaro de Laiglesia es un moderno humorista español, que en la plenitud de su estilo fulgurante de ingenio probó sus armas en el teatro. Laiglesia ha venido a ocupar, guardadas las proporciones debidas, uno de los puestos que en su tiempo como Muñoz Seca, García Alvarez, Pérez y Fernández, Dicenta, Paso, Jardiel Poncela y estos últimos años Mihura y Llopis. Laiglesia se separa de éstos por la originalidad de sus temas, no siempre originales, aunque la afirmación suene a paradoja, porque Laiglesia se inspira en cuetos o en narraciones humorísticas que después teatraliza con indudable originalidad.
    Su más reciente comedia estrenada en México, es la titulada El escándalo del alma desnuda, inspirada en un cuento de un escritor húngaro con larga residencia en España, Vazary, quien a su vez se sirvió para su cuento de una idea de todos como son las que se transmiten oralmente con aire de leyenda. La idea original, sea de quien sea, es la de un ser que bajo determinada influencia, dice lo que piensa. En el caso de la comedia El escándalo del alma desnuda -estrenada en la sala Cinco de Diciembre el sábado 26 del presente-, se trata de una modesta sirvienta madrileña, hipnotizada por su patrón, un hombre de negocios desfalcado por amorios y otras causas menores, que sin ser controlada por su hipnotizador dice lo que éste piensa. Asunto estupendo que materialmente se le va de las manos a don Álvaro de Laiglesia, no obstante que lo trata con indudable habilidad, con mucha gracia y a veces con raro ingenio. Pero es mucho tema, y muy original, para una comedia que no aspira a más que a hacer reír.

   La hipnotizada, que pone al desnudo no el alma precisamente, sino el pensamiento de si patrón primero u de su patrona después, provoca alegres y complicadas situaciones, que al fin se resuelven sin que pase nada. En realidad, en la comedia de Laiglesia no pasa nada.
   Laiglesia presenta muy bien el tema en el primer acto, que pudiera ser modelo de comedia de costumbres y aún de malas costumbres; el segundo es de una monotonía desesperante, pero el tercero vuelve a despertar el interés a medias del auditorio, que ya sabe, y no se equivoca, en qué acabará todo. ¡En nada!
    La interpretación de El escándalo del alma desnuda, gira en torno de la hipnotizada, muy bien hecha por Carmen Salas, sin duda nuestra primera y auténtica actriz cómica. No hay quien se le ponga delante. En su Laura -doncella madrileña-, está sutil y exquisita y dice y entona con claridad e intención. Rosa Elena Durgel, en la patrona, cumple como actriz discreta y lo mismo podría decirse de Kika Meller, Rafael Banquells, como el patrón e hipnotizador exhibe su oficio como comediante y su falta de imaginación como director. Cubren con discreción sus personajes episódicos Jorge Mateos, José Peña y Gerardo del Castillo. A Aurora Campuzano le mexicanizaron su personaje de sirvienta vieja y tonta, y desarrolla una actuación de muy baja calidad, convirtiendo su personaje en caricatura.
    El público que ya forma parroquia habitual del teatro Cinco de Diciembre aceptó sin protestas y con risas a veces extemporáneas cuando le ofrecieron desde el escenario.