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Camino a Roma, por Dolores del Río, en el teatro de Los Insurgentes

Armando de Maria y Campos

    Dolores del Río eligió para su segunda aparición en la escena teatral, una pieza de autor norteamericano, de gran éxito en Broadway en la que intervienen dos personajes femeninos, el otro secundario. Digo, el otro, porque el importante es el que Dolores del Río creyó que le era a la medida, más ajustado e importante tal vez que el de lady Windermere, aquella señora inglesa y wildeana que dejó abandonado un abanico en un cuarto de soltero y con esto dio motivo a que Óscar y Salvador hicieran y rehicieran respectivamente un famoso melodrama.
    La obra elegida por Dolores del Río se titula Camino a Roma y de ella es autor Robert Emmet Sherwood. Es una obra de época, de época muy pasada, tanto que el incidente imaginado por el autor debió haber ocurrido hacia 216 a. de C. El personaje principal de la comedia se Sherwood debía ser Aníbal, el célebre caudillo cartaginés, hijo de Amílcar Barca, nacido en Cartago en 247 antes de J. C., y muerto en Bitinia a fines de 183. Sherwood lo imagina ante Roma después de haber derrotado en Cannas un ejército al mando de Lucio Emilio Paulo y M. Terencio Varrón. Es bien sabido que en este tremenda derrota sufrida por los romanos perecieron el mismo Paulo, Cneo Servilio, ochenta senadores y tantos caballeros, que Aníbal pudo enviar al senado cartaginés tres modios y medio de anillos de ellos, al mismo tiempo que solicitaba refuerzos y auxilios para concluir con Roma, los que le fueron negados bajo pretexto de que si era vencedor no los necesitaba y si vencido no los merecía. No atreviéndose a ir contra la ciudad de Roma, por lo que son lugarteniente Mahrval le dijo las célebres palabras: -Sabes vencer, Aníbal, pero no sabes aprovecharte de la victoria. Aníbal se retiró a Capua, donde se le ha supuesto entregado a los placeres, las famosas y ya históricas delicias de Capua.

     Sherwood, tratando de imitar a Giraudoux -Amphitrion 38- o a Roussin en Elena o la alegría de vivir, ambas divertidísimas imaginaciones escénicas históricas conocidas en México, urden una intriga amorosa en la que Amitis, bella mujer de origen griego y esposa aburrida de Fabio Máximo, llega hasta Aníbal, cuyas tropas sitian la ciudad romana y... le da una noche de amor. Aníbal, agradecido, después de recibir la visita del senador Fabio Máximo de Escipión, jefe de los ejércitos romanos y de los senadores Drusus y Sertorius, abandona la conquista de Roma, le hace un guiño picaresco a Amitis, éste se lo retorna y Fabio Máximo, dictador de Roma, vuelve a la ciudad salvada con dos cuernos del tamaño de las torres de la catedral de Guadalajara...
    Como es costumbre en los productores norteamericanos de esta trama hicieron un gran espectáculo, e imitando a aquéllos Luis Riley montó Camino a Roma, para el Insurgentes, como gran espectáculo, contando con la dirección del mexicano norteamericano Romney Brent, del excelente escenógrafo Antonio López Mancera y del modesto Armando Valdez Peza, al que se le da crédito como diseñador del vestuario de la señora Del Río. Los tres lograron ampliamente su propósito. Se encargó la traducción a don Salvador Novo y éste hizo las travesuras literarias, que es fama, no puede evitar. La traducción está en limpio castellano, pero esmaltada de modismos y de caprichosos giros para que a la postre la comedia de Sherwood resulte lo que un espectador definió con frase ingeniosa y acertada: un vodevil para señoras.
    Lola del Río adelanta como actriz de comedia. En Amitis se le advierte mas flexible y espontánea y encantadoramente sensual. Su acendrada belleza luce espléndida y en ningún momento se apaga su categoría de inteligente, obediente y temperamental

 

intérprete. El equipo masculino es flojo en general. Todos lucen magníficos con el vestuario para cada uno de ellos diseñado. Wolf Ruvinskis, que principió a aprenderse el personaje a última hora, esta inseguro y cumplen, cada uno dentro de su conocida categoría, Raúl Ramírez, Héctor Godoy, Jorge del Campo, Alfredo W. Barrón y Ricardo Adalid, Rosenda Monteros pasa fugazmente luciendo su subyugadora belleza de adolescente. Se me quedaba entre las reglas de la remington la sobria actuación de doña Amparo Villegas, tercera mujer en discordia, y en escena porque interpreta un personaje de suegra y todos hemos convenido en que suegra es sinónimo de discordia.
    Camino a Roma, está muy por abajo de la anterior creación dramática de Sherwood, a quien se le ha concedido tres veces el premio Pulitzer (por lo menos que yo sepa): 1936, por La delicia del idiota; 1939, por Abe Lincoln en Illinois; 1941, por No habrá noche, Sherwood está en plena madurez, pues nació en 1896 en Nueva York. Durante su estancia en la Universidad de Harvard principió a escribir teatro, el año 1915. En 1917 tomó parte activa en la primera gran guerra mundial. Cayó herido en Amiéns y sufrió un envenenamiento de gases pasando muchos meses en un hospital. De regreso a los Estados Unidos, entró en la revista Vanity Fair, como crítico teatral. Pasó después a Life escribiendo crítica de cine. Su drama Camino a Roma obtuvo un éxito inmenso. Esas cosas que husmea y acumula Ripley para asombrar a sus ingenuos lectores ocurren con frecuencia en el teatro norteamericano.