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Manos de plata, de Serrano Anguita por la compañía de Fernando Soler

Armando de Maria y Campos

    Francisco Serrano Anguita fue un autor español que gozó en su tiempo, un largo tiempo, de la preferencia de las compañías españolas o hispanoamericanas que gustaban de representar piezas de conflictos domésticos, caseros, con su moraleja que justificaba a casi todos los personajes y también ¿por qué no decirlo?, al autor. Porque el autor necesita siempre justificarse ante el público de su tiempo, y ante el juicio de la historia que a todos alcanza, a unos recordándolos, consagrándolos, y a otros olvidándolos. El buen juicio de la historia olvida muchas cosas... que no tienen por qué recordarse.
    Serrano Anguita -sevillano, de la propia Sevilla, donde nació en 1887-, fue antes que autor periodista. Casi toda su carrera periodística la hizo en loa diarios madrileños, y llegó a escribir en Madrid, diario de la falange. Murió a principios de la década del cincuenta, y ya por esta escribía poco para el teatro.
    Entre los años 14 y 36 del siglo estrenó tanto como el que más, aunque siempre a la zaga de los creadores de los géneros en boga de Benavente a Muñoz Seca, pasando por Arniches. Fue el teatro de Serrano Anguita un teatro burgués y para los burgueses de España y de Hispanoamérica. Recuerdo algunos de los títulos más representados después de en Madriden México: La dama del antifaz (1917), La alegría de los otros (1919), El celoso extremo (1923), En la pantalla las prefieren rubias (1931) y después de 1932, España convertida en república: Hombre de presa, Siete puñales, La novia de Reverte, Don Manolito y Manos de plata. Después de

la guerra española es obvio que Serrano Anguita no volviera a ser representado en México. Fue de los autores que se quedaron en la Península.
    Sorpresivamente ha vuelto Serrano Anguita a nuestros escenarios, exhumado por Fernando Soler. El gran comediante de Saltillo ha dado a conocer a las nuevas generaciones la comedia Manos de plata, que es, como todo el teatro español desde 1894, un testimonio de la sociedad española que lo aplaudió y una clave para entenderla. Por esa razón, tal vez, la historia del teatro en español recogerá algunas de las piezas de Serrano Anguita.
    Manos de plata es una estimable muestra de la artesanía que logró dominar Serrano Anguita. Comedia de un auténtico artesano del teatro, es ejemplo de arte sano, aunque modesto arte. A un hábil croupier le llaman "manos de plata", ya imaginará el lector por qué. Sabía hacer trampas y conocía cuándo las hacían los aristócratas pobretones o pícaros. Manos de Plata llega con el tiempo a ser don Agustín y, hombre regenerado, logra casar a su hijastra con el hijo de un aristócrata que en su juventud hizo trampas en el juego, extendía cheques de hule, y hasta pudo después rehacer su fortuna, y darle lustre a su antiquísimo apellido. Serrano Anguita, periodista sobre todo, llevaba a la escena sucesos que le inspiraban las gacetillas policiales o sociales de los periódicos. Así fue como, ya lo he dicho arriba, su teatro debe considerarse como un testimonio de la sociedad española que lo aplaudió, y ya es una clave para entenderla. Su artesanía le permitió montar con elementos cogidos de la calle comedias burguesas y en ésta, Manos de plata, incorporar a la galería

 

bien surtida de "frescos españoles" -por supuesto, en el teatro- uno más; Agustinillo, Manos de Plata, que hace más o menos un cuarto de siglo creó Fernando Soler entre nosotros, y ahora lo recrea sin necesidad de maquillaje, con arte sano, porque para esto don Fernando domina la artesanía de los comediantes con talento y experiencia.
    Un grupo de actores profesionales, sin faltar los jóvenes que bajo su dirección se están haciendo excelentes comediantes, le acompaña en la interpretación de este teatro documental, y son algunos tan excelentes, que a veces nos dieron la impresión de que están habitando personajes que en realidad vivieron su vida, y no simples tipos de guardarropía teatral. Don Fernando domina la escena, y su personaje acaba por ganarnos con su picardía y su simpatía. Pilar Sen se desenvuelve con sobriedad; Mercedes Ferriz compone con tino una vieja criada que manda más que los señores; Alicia Rodríguez, Rafael Etienne y Jorge Mateos cumplen como la gente joven de la trama, y los hermanos Víctor y Alfonso Torres acumulan recursos de actores ricos en estos, para sacar adelante, dos tipos de la picaresca madrileña que con el de Toña, encomendado a Mimí Cabrera, le dan a esta vieja comedia de Serrano Anguila, un inconfundible valor de documento social.
    El público, en su mayoría formado por familia de españoles residentes, aplaudió con calor a los intérpretes... lo mismo que hizo el de hace un cuarto de siglo.