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Estreno de Viaje sin escalas, en el teatro Sullivan

Armando de Maria y Campos

    Mejor que el título de Viaje sin escalas aplicado a la comedia La pretentaine, de Jacques Deval, estrenada el jueves por la noche -en función denominada "ensayo general", a la que asistieron como invitados, cronistas de teatro y figurines y figurones de la industria cinematográfica nacional- en el Teatro Sullivan, convendría el de Los pretendientes, porque los protagonistas, Martha y Pivier, jóvenes franceses solteros, pretenden, ella, llegar a ser la esposa de un millonario norteamericano y él alcanzar a unirse a cualquier rica heredera de millones norteamericana, hasta casándose con ella. Con tal pueril situación el excelente comediógrafo francés Deval compone una graciosa y divertida comedia cuya acción transcurre en el interior de un camarote del trasatlántico de lujo Ile de France, en una travesía de Francia a los Estados Unidos de seis días escasos y continúa al regresar esta nave de lujo de Nueva York al Havre. Deval logra con garbo y humor una buena comedia porque es un gran comediógrafo del género que gusta tanto a los públicos internacionales y porque sabe componer comedias que no tienen más ambición que la de entretener o divertir.
    Decíamos hace poco que conviene repetir las cosas bien sabidas para que no se olviden o para que las conozcan aquellos que las ignoran. Precisamente ahora se ha hablado mucho de clasificaciones teatrales y no ha faltado quien -meritorio de cronista teatral- confunda términos y lleva la confusión a las nuevas generaciones que se siente inclinadas a escribir, interpretar o simplemente ver teatro.
    ¿Qué es comedia? ¿Farsa, simulación, ficción? Comedia es uno de los grandes géneros de la composición dramática que comprende todas las obras "que no tienen por fin principal mover a piedad o a horror", sentimientos esenciales en el drama y en la tragedia. Lo propio de la comedia es excitar los sentimientos agradables y poner sobre la escena una imitación -puede ser exagerada- de la vida

 

cotidiana en sus costumbres alegres o ridículas y dignas de corrección y de burla. Sin embargo, toda definición que se dé de la comedia estará sujeta siempre a correcciones y a opiniones dignas de ser atendidas. Una definición acertada sería la de que es "la representación bella de un suceso interesante, ocurrido entre personas de cualquier clase y condición y presentado bajo un espectáculo jocoso o ridículo" o bien: "la acción representativa alegre o moralizante, que se supone acaecida entre personas comunes". Su objeto debe ser exponer al criterio de los espectadores los extravíos y defectos morales del hombre. Su fin es deleitar. Su materia son las acciones humanas en cuanto se prestan a ser ridiculizadas o a servir de ejemplo, ya corregidas. Los personajes no serán históricos sino ficticios. La acción no será ni muy complicada ni muy sencilla, pero verosímil y ¡ay, si es posible!, original. El estilo será correcto, natural y sin caer jamás en lo corriente o vulgar, ¡oh, manes de Uruchurtu!, y el diálogo será vivo, flexible, de un realismo absoluto y cada personaje hablará según su condición. Esto, en general; otro día, en crónica oportuna, definiremos los géneros.
    Entre éstos figura el de costumbres o relacionado con éstas, como Viaje sin escalas. Una joven francesa toma pasaje de primera clase en un gran trasatlántico pretendiendo conquistar a cualquier millonario. Al camarote de ésta (Martina) se cuela un polizonte, joven francés que se propone conquistar a una heredera millonaria que viaja a bordo. La condición de ambos, descubiertos por ellos mismos sus propósitos, da al autor infinidad de situaciones graciosas, porque, a la postre, el millonario que conquistó a Martina es un pobre loco que se cree rico, y la rica heredera tras de la cual viabaja Pivier, se lo juega con una tía suya contra un yate, y lo pierde. Esto da por resultado que los dos jóvenes pretendientes franceses regresen a Francia, en el mismo camarote, pero ya mutuamente enamorados.

    La maestría de comediógrafo de Jacques Deval logra con este asunto inverosímil una comedia entretenida y regocijada. Nada más, y ya es bastante.
    El principal atractivo de Viaje sin escalas, es la presencia de la escultural y encantadora Ana Berta Lepe, cuyo paso por la escena vestida, semivestida o en deslumbrante traje de baño, justificaría por sí solo el espectáculo, pero es que además se nos presenta cuajada en una fina y exquisita actriz, que sabe hablar, entendiendo a fondo lo que dice, que se mueve con desenvoltura y porque toda ella, mujer o actriz es un espléndido regalo para el espectador. Comparte con Ana Berta el diálogo de los dos pretendientes el galán Mauricio Garcés, quien crea un personaje atractivo, verosímil y de actor que inicia una madurez que se anuncia espléndida. A la hermosa Anabel Gutiérrez le fue confiada la caricatura de una heredera millonaria norteamericana como habrá tantas, y la supo sacar con gracia deliciosa y como Ana Berta Lepe, colmada de juventud. El actor caricato Óscar Ortiz de Pinedo usó de todos sus recursos infalibles para componer el personaje de un millonario norteamericano como sólo él es capaz de hacerlo, y en esto va elogio y censura, mitad y mitad. Colaboran para darle una buena interpretación a esta comedia, Guillermo Rivas y Corzo Duarte, en tanto que Carmen Romano y Alicia Montero se limitan a imponer sus acentuados perfiles posteriores.
    La dirección de Rafael Banquells es profesional y discreta. Julio Prieto compuso una escenografía discreta y profesional, para decir lo mismo que corresponde a la dirección invirtiendo términos y obteniendo resultados semejantes.