Resaltar búsqueda

Dos piezas de teatro estudiantil

Armando de Maria y Campos

    El Teatro Estudiantil de la Universidad Nacional de México, grupo de la Escuela Nacional de Arquitectura, ha presentado en el Teatro de la UNAM, que antes fuera conocido por El Caballito, por su cercanía con la estatua famosa de Tolsá, dos obras en un acto del joven autor Héctor Azar, estudiante de la Universidad mexicana, y director del mencionado Teatro Estudiantil de la UNAM, tituladas La appassionata y El alfarero.
    ¿Que es y qué se propone hacer el Teatro Estudiantil de la Universidad de México? Responderé a esta autopregunta que me he hecho en nombre del lector con la definición que del mismo ha hecho Azar: "El Teatro Estudiantil de la Universidad de México es el organismo oficial que obedece a propósitos estrictamente culturales y de difusión para el estudiante universitario. Persigue, mediante el ejercicio de una actividad necesarios de proyección artística y la formación de un grupo debidamente orientado hacia el buen teatro en nuestro país... El teatro universitario, en la verdadera acepción del término, esto es: hecho exclusivamente por estudiantes de la UNAM, tiene ya un lugar firme en la cartelera teatral y tiene, también, un público que sigue con interés todos sus pasos"; porque, para que el lector tenga una visión completa de este movimiento teatral, los universitarios no cobran por el acceso al local; sus funciones son gratuitas, para estudiantes universitarios y familiares.
    La actividad teatral de Héctor Azar como director de los grupos estudiantiles correspondientes a las facultades universitarias que existen -los grupos-, o que se formen, tiene un claro antecedente en el Teatro de Coapa, que dirigió durante algunos años, no muchos y no recuerdo cuántos, porque Azar es muy joven, el propia HA. Las dos obras que de Azar representan los futuros arquitectos mexicanos en el Teatro de la UNAM son dos gallardos

 

ejemplos de lo que debe ser el teatro experimental, más interesante y de más porvenir cuando como en este caso está escrito y es representado por estudiantes universitarios. Ambas obras corren impresas y son populares entre los elementos universitarios y los literarios que se interesan por lo que producen las nuevas generaciones. La appassionata fue impresa en la colección El Unicornio, que dirige el inquieto y talentoso escritor Juan José Arreola, el año 1958 y El alfarero lo fue bajo el signo de la imprenta Universitaria, apenas hace unas cuantas semanas, con el propósito de que coincidiera con su estreno en el Teatro de la UNAM.
    No es difícil predecir que en Azar hay ya el antecedente maduro de un buen autor, con facetas nada vulgares y otras originales, lleno de curiosidad por las nuevas formas de expresión teatral y con un agudo sentido de los aspectos de la mexicanidad, que deben ser llevados a escena. Ninguna de sus obras puede considerarse como enteramente cuajada, porque ambas, una menos, la otra más, se encuentran en el período de la crisálida. De la primera, La appassionata, se podría decir que sigue las huellas del discutido autor rumanoparisiense Ionesco, pero ¿cómo afirmarlo si Ionesco es punto menos que desconocido en México? Esto abona la originalidad de Azar. El tema es sobrio y estrujante: una familia pobre es envenenada en masa por la madre, no sabemos bien si por la miseria en que vive, o porque la madre enferma espera inútilmente el retorno de un hijo muerto ¿Podría matarse esta enferma mental de esperar, y no arrastrar consigo a esposo, hijos y hasta a una vecina atolondrada? Pero prefiere que todos estén juntos, en el cielo o en el infierno. Escenografía y vestuario son francamente convencionales; la interpretación oscila entre la realidad y la locura, entre el humos y la demencia. La dirección del joven estudiante Juan José Gurrola sabe equilibrar, mezclándolos

con habilidad de coctelero, los muy diversos elementos que se conjugan en esta pieza.

    La otra obra, El alfarero, es la que a mi juicio revela en Azar lo que en el futuro podrá lograr como autor original con esencias mexicanas. La acción transcurre en un pueblo de la región central de la República. Las más diversas formas teatrales, algunas absurdas, otras tradicionales, usó para producir esta pieza de concepto audaz, pero de realización discutible. Para lograr en parte su objeto dividió la escena en áreas iluminadas, para en determinados momentos cambiar el lugar preciso de la acción: el interior del jacal del alfarero; el interior de la choza de su madre, un púlpito... Acumuló elementos plásticos mexicanos y escribió escenas aisladas que hilvanó después con hilo corriente. Entre tantas escenas de auténtico teatro experimental logró algunas magníficas, y siempre haciendo uso de un diálogo que como péndulo de reloj va, monótonamente, de lo popular y vulgar a lo poético y sugeridor. Como teatro estudiantil experimental El alfarero es una pieza digna de conocerse.
    También fue dirigida, y actuada en parte, por el joven estudiante Juan José Gurrola, quien tanto como director que como actor se sitúa entre los mejores, tal vez como el mejor y más hábil y emotivo de los directores y actores del movimiento teatral estudiantil que comenzó a andar hace cuatro o cinco años.
    El total de los intérpretes, casi todos estudiantes, cumplen más allá de la discreción. Buena y expresiva la escenografía de Juan Villanueva.