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Estreno de Duda infinita, de la autora mexicana Margarita Urueta

Armando de Maria y Campos

    Doña Margarita Urueta ha vuelto a estrenar. Para las nuevas generaciones teatrales el nombre de Margarita Urueta viene a ser nuevo; sin embargo, es una de las mujeres que más lucharon -o han luchado- en favor de un teatro nacional. Margarita Urueta es artista y escritora de abolengo. Nacida en México, en el Distrito Federal, es hija del ilustre orador don Jesús Urueta, al que los porfiristas llamaron "pico de oro" y doña Társila Sierra, de la familia del eminente mexicano que fue don Justo Sierra. Muy joven comenzó a escribir y a interesarse por el teatro, materia que estudió en Nueva York, en la Columbia University.
    Con los conocimientos adquiridos y apoyada en su propio talento escribió y publicó: Almas de perfil, cuentos; Conversación sencilla, cuentos; Espía sin ser, novela, y Mediocre, novela. Como autora de teatro tiene estrenadas y editadas tres obras de teatro, cuyos títulos son, si la memoria no me falla, Alma de sacrificio, San lunes y Mansión para turistas. Durante varios años patrocinó temporadas teatrales en las que fueron representadas piezas extranjeras de calidad.
    Exigencias de su vida privada la llevaron a permanecer largos años en el extranjero, y de regreso al terruño natal ha vuelto a escribir teatro. Tres obras son las que ha escrito a su retorno de Europa: Duda infinita, Aquí

 

estamos nosotros, y Segunda sección. Para estrenar la primera de ellas se ha hecho empresa, ha alquilado la sala Ródano, ha contratado artistas de estimable categoría y ha abierto temporada el viernes último.
    Duda infinita es una comedia en tres actos, cuya acción se desarrolla en un solo escenario. Su asunto está expuesto confusamente, tal vez con el deliberado propósito de sembrar "la duda momentánea" en el auditorio, hasta que justifica el título de su pieza -Duda infinita-, segundos antes de que concluya la representación. Dos hombres, uno de carácter fuerte, imperativo, arrollador, rico además, y el otro débil, sin carácter y pobre por añadidura, se disputan a una mujer. En vísperas de casarse ésta con el hombre débil, cambia de opinión y se desposa con el hombre fuerte, ante la sorpresa de la huída inexplicable de su prometido. El matrimonio entre el hombre fuerte y la mujer indecisa, fracasa; él la abandona y para que la acción se precipite muere en forma misteriosa. Es entonces cuando aparece aquel novio de carácter débil que se esfumó en el primer acto. -¿Por qué me abandonaste aquella vez, en víspera de casarnos? -le pregunta más o menos Julia, que así se llama la protagonista-. Y cuando él se decide a explicar aquella extraña situación, ella muere, sin que él se dé cuenta del dramático suceso. Al concluir su explicación se

da cuenta que ella ya no le escucha... ¡Duda infinita! ¿Desde qué instante dejó ella de escuchar la explicación reivindicadora? ¡Cae el telón!
    Estimo que el espectador no llega a penetrar en las motivaciones de este conflicto de pasiones cerebrales. Por eso me parece que la comedia de Margarita Urueta está desarrollada en forma confusa. El diálogo es fluido y algunas escenas, desvertebradas de otras, son excelentes.
    No obstante las fallas señaladas, atribuibles a los años que la señora Urueta permaneció alejada de la escena, su nueva comedia despierta interés y se sigue con emoción.
    La interpretación estuvo a cargo de Rosa Elena Durgel, protagonista, de Eric del Castillo, el hombre débil; de Carlos Agosti, el hombre fuerte, y, en personajes episódicos, de María Stain, Aurora Cortés y Armando Velasco. La dirección fue confiada a Jebert Darien, quien movió demasiado a sus personajes, pero en general es muy estimable. Completan el equipo técnico Antonio López Mancera como escenógrafo y Sears Roebuck de México, como mueblero. Ambos contribuyen a darle singular calidad a la presentación de la pieza. Margarita Urueta fue muy aplaudida al final de la representación.