El Festival Achard: La bagatela y Patate Armando de Maria y Campos |
Seguimos con el Festival Achard. Decíamos ayer... -perdón, manes de Fray Luis- que la pieza de Achard La bagatela había quedado en una farsa sentimental que chorrea "humorismo en serio" de Carlos León. Ateniéndose a esto, el excelente y veterano director don Ricardo Mondragón y considerando a qué público va dirigida la versión Achard-León de La bagatela, dirigió la interpretación de esta pieza con la mayor libertad. El personaje central, Victoria Carola, a la medida de las exquisitas facultades de Nadia Haro Oliva, siempre un figurín en escena. Nadia adelanta como actriz, obra por obra. En cada interpretación se supera. Si algún reparo habríamos de ponerle sería el de que muchas de sus creaciones se parecen demasiado a ella misma. Todas son elegantísimas. Victoria Carola no podía ser menos que las otras. Viste bien, muy bien como es difícil que lo hicieran durante la ocupación francesa las aldeanas de cualquier aldehuela austríaca. Esto, por fuera, que por dentro Nadia se ha encontrado definitivamente como una actriz que sabe manejar el matiz con rara sensibilidad. |
de Riquelme! Muy sobria y simpática la señorita Yolanda Margáin en la doncella Manfred, y, por su físico y su experiencia, muy justo don Manuel Santamaría en el Lessinger. La escenografía de Roberto Montenegro y David Antón descubre el auditorio cuánta semejanza puede existir entre la recámara de una aldeana austríaca y la de una campesina michoacana. ¡Como se parecen Pátzcuaro y el Tirol!... en las escenografías de Roberto Montenegro. |
Patate es patate y en el teatro en castellano sería un "fresco", como los que creó en broma Patate no es nuevo en el teatro en castellano, porque lo ha tratado con mano maestra Arniches en sus únicas y por lo visto imitadas en francés "tragedias grotescas". El Marcos de Es mi hombre es un antecedente lógico del Patate de Achard y tipos como Patate se encuentran, dentro de la obra de Arniches en "El hombrecillo". La locura de Don Juan, El señor Badanas, La señorita de Trévelez, La sobrina del cura, El tío Miserias y La tragedia del pelele, entre otras. El tipo del Patate es digno de figurar al lado del Bonilla de El verdugo de Sevilla de Muñoz Seca. Todo esto lo traigo a colación, para que el lector que conozca estos antecedentes se dé cuenta que se trata de una comedia con aire de farsa dramática y de que su protagonista debe ser, incuestionablemente, un gran actor dramático, y no un buen actor cómico. O bien, un comediante que, sin llegar a ser trágico, posea el sentido de la profundidad dramática y no de la superficialidad cómica. Todos los personajes de teatro son humanos poseen, como cualquier ciudadano de la calle, piel y carne, nervio y sangre. El actor no debe conformarse con sobar la piel y a veces, aranarla: es preciso calar hondo y profundo en ellos para introducirse en el torrente cálido de su sangre, en el vibrar emocional de sus nervios. Si no se logra esto, se cae en la comedia cómica, pierden dramaticidad las situaciones y los personajes dejan de ser seres vivos habitados por el genio o temperamento de los actores, para convertirse en figuras que en ocasiones ni siquiera justifican su paso por la escena. Este es el caso de Patate. Dado que el espacio de que dispongo es corto, no puedo agotarlo en la presente crónica. |