El hombre que hacía llover, comedia norteamericana, en el teatro Granero Armando de Maria y Campos |
Es una buena comedia norteamericana la que con el título de El hombre que hacía llover, eligió el talentoso director Xavier Rojas para iniciar sus labores este año en el teatro del Granero (atrás del Auditorio Nacional). Es una comedia típica y tópica de autor norteamericano que presenta un cuadro de costumbres en un rancho del oeste de los Estados Unidos, época actual. Los norteamericanos saben construir comedias mejor que los autores de cualquier otro país. La mayoría de ellos no ha nacido para comediógrafos o dramaturgos, pero han estudiado, por afición y por amor al teatro lo que se ha dado en llamar "composición dramática". Aprenden, pues, a componer dramas más que a escribirlos. Durante mucho tiempo se creyó que el autor nacía y no se hacía; en los Estados Unidos ocurre lo contrario, salvo excepciones. No es necesario nacer autor dramático para escribir buenas comedias y triunfar con ellas, basta saberlas componer bien, sin olvidar métodos, recursos, personajes y aun escenas "que han gustado siempre". |
un comandante, etcétera. Y, sobre todo, el hombre que hacía llover. Este es un simpático pícaro, perseguido de pueblo en pueblo por los procedimientos realmente fantásticos que usa para hacerse de dinero. En realidad es un hombre con imaginación que vende ilusiones. Ahora que escribo estas palabras caigo en la cuenta de que el personaje de Nash no es ajeno al protagonista del escritor brasileño Oduvaldo Viana, en su hermosísima comedia titulada El vendedor de ilusiones. Debe conocerla, seguramente, el autor norteamericano. No es que la suya se parezca a la brasilera, como tampoco se parece el tema al que Casona desarrolla en el primer acto de Los árboles mueren de pie. El tipo del que obtiene dinero asegurando que posee el secreto de lo que otros desean abunda en todos los teatros. Es un personaje de picaresca, y ejemplo como éste de vender lluvia a un pueblo sediento de agua a determinado plazo, sin lograrlo, por supuesto, abundan en la vida real. Yo conocí a un español que vendía el aire puro de las montañas... embotellado. Bastaba que el que comprara la botella se la acercara al olfato para que disfrutara de un aire campesino. Otro, que aun vive y vive bien de esta clase de trucos, convenció a un rico extranjero que era magnífico negocio instalar una fábrica de humo... |
Fondo de esta divertida y apasionante comedia dramática son los modos de vivir de los dos hermanos de Lizzie: Noé y Jimmy, José Alonso Cano y Fernando Luján, que componen con mucho acierto sus personajes. El veterano Antonio Bravo da con el padre, Mr. Curry, una soberbia lección de bien hacer las comedias, de decirlas y de actuarlas. El hombre que hacía llover fue confiado al interesante y sólido temperamento de José Gálvez, que está tan en buen actor que se desborda y sobreactúa. No debiendo ser este un reproche, juzgamos que está demasiado simpático o cínico, como quien dice, aprovechando un refrán popular, ni tanto que queme al santo ni tanto que no le alumbre. Se alza con la pieza, y esto significa falta de equilibrio dentro de una actuación responsable. |