Legitimidad y Seriedad de la crítica teatral Armando de Maria y Campos |
Los colegas miembros de la Agrupación de Críticos de Teatro y los que no pertenecen a ella porque es bien sabido que ni son todos los que están ni están todos los que son, se han dado los últimos días del año y los primeros del que nace a hacer resúmenes y según sus conveniencias o las influencias que reciben a especular sobre quiénes merecerán los premios convencionales que dicha agrupación otorga anualmente. |
Cicerón, crítica retórica de los gramáticos, historiadores y eruditos, desde Volcacio Sedigito hasta Quintiliano. Durante el humanismo, la crítica erudita había vuelto a florecer gracias a los innumerables tratadistas, cuyas teorías ya conocemos; pero poco después se había iniciado la crítica contemporánea y militante; la conocieron los españoles y Lope, los isabelinos y Shakespeare. Esta criticacrónica llegó a ser regular y periódica al aparecer en el siglo XVII las gacetas; en Francia se puso de moda la crítica teatral en verso. Esta costumbre de la crítica teatral, ya definitivamente en prosa, persiste durante los siglos subsiguientes en todos los países; en París aparecen periódicos teatrales, L'Observateur des Spectacles (1762-63), Le Nouveau Spectateur (1770, 1775 y 1776), Le Jornal des Théatres (1777-78, 1791-92, 1799), Le Cuurrier des Spectacles (1796), Le Censeur Dramatique (1797-1799). En cuanto a Italia, con La Frusta Litteraria, de Bares; y en cuanto a Alemania, la crítica de alto vuelo de Lessing en su Dramaturgia de Hamburgo. |
parte a causa de la personalidad del crítico. Geoffroy, formado como casi todos sus contemporáneos en la escuela de los jesuitas, tenía una sólida cultura literaria, gusto humanístico y carácter moral. instauró un método y una disciplina en un campo ocupado hasta entonces por literarios mediocres, preocupándose no por cortejar a las actrices y a los actores, o por complacer al público, sino por decir la verdad. Amante de lo simple y de lo esencial no le importaron ni las modas demagógicas de la revolución ni las patrióticas del imperio. Sus juicios sobre el repertorio clásico, contemporáneo, nacional y extranjero, se inspiraban fundamentalmente en el sentido común, regulado por supuesto por su doctrina y sus gustos, esencialmente ancien régime; de ahí su repudio de Voltaire y de Diderot, y sus terribles sospechas sobre Shakespeare, disfrazado por Ducis; pero en muchas otras ocasiones sus críticas son aceptables y a veces sorprendentes por su inteligencia y su clarividencia. Fue también importante su costumbre de consagrar gran parte del feuilleton a la crítica de la interpretación escénica, tomándose el trabajo de poner en tela de juicio a todos los grandes actores de su época. Esto le procuró un incidente material con el más famoso de ellos, Talma, que casi le agredió en su mismo palco. |