Si es lógico que al hablar de un artista que empieza, se haga uso del futuro, ¿por qué no hablar en pasado de los artistas que tienen hecha ya su carrera? De Manolo Caracol -ahora actuando en el teatro Fábregas, de esta ciudad de México, al frente de su familia- no es justo hablar en presente, porque en realidad pertenece al pasado. Un pasado glorioso ciertamente, pero que al público mexicano no le fue dado disfrutar.
Mucho antes de que el nombre de Manolo Caracol hubiera empezado a sonar entre el público de México que gusta del cante flamenco y jondo, las creaciones de este singular artista andaluz habían hecho acto de presencia, en escena. Hace más de doce años que la gran tonadillera valenciana Conchita Piquer nos presentó escenas de cantaores o bailaores que le hacían coro, actuando. Pues bien, Manolo Caracol es el creador de ese género imitado hasta la sociedad, de cantarle a una bailadora, no desde el cuadro, sino siguéndola en su baile, conduciendo la acción con el ademán y el cante. Conocimos este género en Cabalgata, con Miguel Herrero y Carmelita Vázquez... después, lo vimos en todo dios gitano, legítimo o falsificado.
El año de 1948 contraté para el teatro Arbeu a la entonces más famosa pareja flamenca de España. En esta misma columna publiqué una crónica titulada Lola Flores y Manolo Caracol, a la Vista, y al referirme en concreto a esta por aquel tiempo insuperable pareja, dije: "Aunque de edad distinta, Lola Flores y Manolo Caracol, coincidieron en cuanto a la fecha de su consagración por separado, hará cosa de cinco o seis años, en España. Él formaba parte de la compañía de Conchita Piquer y ella acababa de debutar en Cabalgata (espectáculo naciente entonces), cuando sus triunfos en Madrid les dieron rápida popularidad y fulminante |
consagración. Todo esto, y lo que sigue, lo tengo dicho en Novedades y está recogido en mi libro El teatro español contemporáneo, que apareció en septiembre de 1948. Por lo que se refiere al pasado de Manolo Caracol, nada de lo que dije entonces ha perdido vigencia.
Por fin vino Caracol a México -sus compromisos cuando traté de traerlo pospusieron su contrato hasta el aburrimiento- y... como el tiempo pasa y el vino y la juerga hacen daño, ya no es aquel, cuyo éxito para mí era indudable. Entonces dije: "Del éxito de Lola Flores, en México, estamos plenamente seguros. ¿Del de Caracol?... ya se verá; pero, guste o no guste, significaría que gusta o no gusta el verdadero cante jondo". De Lola Flores no me equivoqué porque claro, vino en su apogeo. Caracol llega como una sombra de sí mismo.
Para que el lector se haga una idea de lo que fue Manolo "Caracol" hay que remontarse a varios años atrás para comentar un triunfo suyo muy original y, de seguro, ignorado incluso por la mayoría de sus admiradores en España. Fue el año 22, con ocasión del concurso de cante jondo en Granada, famoso por quienes formaban el jurado tanto como para las consecuencias que trajo. En aquel concurso que presidieron, entre otros famosos artistas, Falla, Zuloaga y Andrés Segovia, obtuvieron el máximo galardón un viejoy un niño. El viejo se llamaba Bermúdez y el niño "el niño de Caracol", que así llamaban a su padre, mozo de estoques de "Joselito". Tendría el pequeño "Caracol" diez o doce años y en fiestas y juergas y hasta en tablados y escenarios se explotó el suceso del niño triunfante en el concurso de Granada. Hasta que el cambio de voz, en su tránsito de niño a mozo, borró del recuerdo de las gentes al chaval sevillano. Manolo había perdido la voz... pero no el estilo, que es lo que no se aprende. El cante es fundamentalmente gitano y los de pura
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raza llevan un tanto de ventaja a los cantaores que no lo son. Manolo Ortega es de la más pura raza calé y en su ascendencia figuran célebres toreros, famosos cataores y bailaoras. Baste decir que es sobrino de los "Gallos", nieto de "Curro Dulce" y emparentado, con lo mejor de la lotria y del cante y del baile. Aunque popular en las juergas y apreciado su estilo de cantor puro por los buenos aficionados, no era conocido del gran público español hasta que hizo pareja con Lola Flores.
Quien no comprende el verdadero cante jondo que no intente comprender a "Caracol". Su voz ronca, pero de indudable acento gitano, es la característica de los cantaores de pura cepa; de los gitanos. Así cantaba Manuel Torres, de quien García Lorca dijo: "Tronco de faraón". Entre los actuales, que yo sepa, "La niña de los peines", que no actúa en espectáculos o su hermano Tomás Pavón únicamente conocido en juergas.
Manolo Ortega, alias "Caracol" es además de gran cantaor con "duende" un actor sui géneris de recia plástica que vence a su poca escénica figura -demasiado grande, demasiado grueso-. Él es un innovador del género y aunque hoy no se concibe a un cantaor pegado al guitarrista y sin más movilidad que la de las muecas que hacían todos al lanzar los jipios, y menos como ahora, sujetos a los cuarenta cntímetros de distancia del micrófono; él fue quien trajo las gallinas del cante en acción, tan imitado a poco por los demás.
A pesar de todo se le escucha con emoción y con melancolía, porque piensa uno en que todo es perecedero en la vida. Con él se irá definitivamente lo que él fue en el cante. ¿Sus hijos?... Llevan su sangre y su apellido, cantan y bailan... pero, ¡el estilo ni se enseña, ni se hereda ni se aprende! |