aprovecha al realizar un trabajo pulcro
y cuidadoso; hay en ella gracia y superación en relación a sus apariciones
anteriores.
El resto de los papeles importantes, que son cuatro, tiene
sobre sí las características más grises; son personajes “tipo”, sin la
brillantez de los dos ya mencionados y fueron encarnados por Fernando Mendoza,
Emperatriz Carvajal, Raúl Farell y Carlos Monden. De estos actores puede
decirse que están bien, correctos; no hay en ellos destellos interpretativos,
debido a que no dejan nunca de ser sí mismos; Fernando Mendoza es el mismo que
hemos visto en otras ocasiones, lo mismo que Emperatriz Carvajal, lo mismo que
Raúl Farell y que incluso Carlos Monden; no obstante, sus realizaciones son
correctas. También Libertad Ongay, Aurora Alonso, Ángeles Marrufo y Sandra Chávez interpretan sus respectivos
papeles adecuadamente y de entre ellas quien mayor ocasión de lucimiento tiene
es Libertad Ongay.
La escenografía de David Antón, de muy buen gusto, fue un
aporte estético a la comedia, Antón ha demostrado ser un escenógrafo que sabe
plegarse a las necesidades de la obra y poner todos los elementos para que el
ambiente resulte el justo.
En el teatro, que es una unidad formada por muchas partículas
diversas, es el director quien debe darles coordinación; es en él en quien
recae la mayor responsabilidad de la buena o mala marcha de una obra y fue Luis
G. Basurto quien en esta ocasión supo hacer que cada una de las partes
funcionara debidamente y quien logró que el engranaje se moviera con fluidez,
mereciendo un aplauso su correcta puesta en escena de Atentado al pudor.
Mis queridos patanes. Sala Chopin. Autor: Neil Simon.
Traducción y adaptación, Tony Carbajal. Dirección: Jorge Landeta.
Escenografía: David Antón. Reparto: Berta Moss,
Eduardo Alcaraz, Guillermo Murray, Fernando Luján,
etcétera.
Entre las comedias que sólo llevan como finalidad divertir al
espectador también hay categorías y ésta tiene entre ellas una alta jerarquía.
Sus recursos son legítimos y su comicidad es de buen gusto. El argumento del
que se sirve Neil Simon no
tiene |
nada de original, sin embargo
adquiere relieve al ser tratado por el autor con ingenio y agilidad. Si bien el
primer acto es superior al tercero, lo que hace que el ritmo de la acción
decaiga, otras virtudes de la comedia compensan esta deficiencia.
Y precisamente por ser el teatro no un arte para leerse, sino
para representarse, uno de los mayores méritos de la actual realización es la
interpretación. De no ser por dos lunares, que son los jóvenes Alma Fuentes -quien
necesita refrescar su capacidad de interpretación- y Rosa María Vázquez -aún
inexperta-, la representación habría resultado intachable.
Eduardo Alcaraz, un actor con mucho
oficio y una visión cómica increíble,
hace toda una creación del señor Baker,
lo mismo que Berta Moss de su respectivo personaje,
esa gran actriz que lo mismo interpreta el trágico personaje de Jezabel, en la
obra del mismo nombre de Anouilh, que despliega
las piruetas de Fenisa, en El anzuelo de Fenisa de Lope de Vega, que
realiza con un gran sentido del humor el papel de la señora Baker en esta
comedia.
Guillermo Murray, a quien vemos por tercera vez en nuestros
escenarios, parece que ya se va asimilando a nuestro ambiente al interpretar
con un gran dominio de la escena su personaje de Alan, compartiendo méritos con
Fernando Luján, que trae dentro sangre de actor y que se ha ido imponiendo a
base de un trabajo siempre cuidadoso y adecuado.
Jorge Landeta, es un director ágil,
que sabe salpicar cada mise en scene con mil detalles que dan a la representación una
viveza extraordinaria y Mis queridos
patanes no podia ser una excepción. Landeta lleva las situaciones con gracia, las presenta como
un bordado de alegría, además de haber sabido sacar partido a la buena
traducción de Tony Carbajal.
También de esta obra, como de Atentado al pudor, el autor de la escenografía es David Antón, y
aunque ésta es sencilla, tiene el toque de quien además de saber su oficio
posee sentido artístico. |