El deseo, de Jesús Cárdenas, en el teatro del Granero Armando de Maria y Campos |
Mejor que aventurarse con un estreno de dudoso éxito, quienes organizan temporadas de teatro en el del Granero, prefirieron una reposición. El empresario Ernesto Díaz, en combinación con el joven director Xavier Rojas, eligió una pieza de autor mexicano que, no obstante el éxito relativo que obtuvo durante una breve temporada en un salón adaptado como escenario en la Casa del Arquitecto -cuando nos dio por hacer teatro en pasillos, salones o sótanos-, propiamente es desconocida. Se trata de la adaptación de Desire under the elms, una de las obras maestras de Eugenio O'Neill a un ambiente mexicano convencional, puesto que el adaptador lleva la acción a la zona desértica del Estado de Coahuila, por el año de 1880. |
incultura de los protagonistas y, sobre todo, la época en la que acción se desarrolla: hacia 1850. Sólo así y no de otro modo se entiende el conflicto pasional entre la tercera mujer de Efraín Cabot, Abbie Putnam, atractiva mujer de 35 años, que tiene precisamente la mitad de edad que su marido. Ella se casa para asegurarse un techo. Descubre de pronto que la espera el joven Eben de 32 años de edad, hijo de Efraín y su segunda mujer. Creyendo que el campo le pertenece, Eben considera que su nueva madrastra es una intrusa peligrosa y calculadora, y la aborrece con toda la intensidad venenosa propia de un verdadero hijo. Abbie es a la vez inteligente y atrayente bajo el punto de vista sexual y, a fin de retener la posición del campo, le dice al marido que cree que aún podría tener un hijo suyo. El viejo se siente transportado de gozo y contesta que si puede proporcionarse esa bencición transferiría todos sus bienes al nuevo heredero. Abbie se dedica entonces fríamente a seducir a Eben. El resultado es lógico: los dos se enamoran perdidamente, y les nace un hijo, que Efraín cree que es suyo. Abbie, pese a toda su astucia, ha provocado en su propio corazón una pasión que echa a perder sus planes; las mentiras necesarias para seguir representando la mentira ya no pueden mantenerse ocultas, y Eben lo confiesa todo al padre. Efraín destruye entonces el último vestigio de ilusión de Eben diciéndole lo que hasta poco antes fue la verdad literal: que Abbie ha fingido amarlo a fin de estar segura de la propiedad. El joven, en un arrebato de ira y desilusión, decide irse de la casa en el acto, ante la irrefrenable desesperación de Abbie. A ella no le resulta clara la ironía de la situación: está tan ciegamente enamorado de Eben que no puede converncerlo de que, si bien en un comienzo lo hizo el amor persiguiendo un fin ulterior, ahora está dominarla totalmente por su pasión. Le explica frenéticamente que lo ama por el mismo, pero el hombre no quiere escucharla. Necesita demostrar a toda costa que en la actualidad en sincera. Por consiguiente, |
estrangula al hijo. Eben se convence de que lo ama por sí mismo, pero se siente horrorizado a tal punto que huye y lo denuncia a la policía. |