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Manuel José Othón como autor dramático. III

Armando de Maria y Campos

    La carta que Manuel José Othón entregó al actor Francisco E. Solórzano, después de desembarazarse del pabellón tricolor en que fue envuelto por sus admiradores, dice así:
    "A. V. debo el triunfo inmerecidamente obtenido en la representación de este drama. Sean para V., por tanto, los aplausos del público, y reciba en estas breves palabras de expresión de mi gratitud.
    "Por su digno conducto rindo a la eminente primera actriz mexicana señorita María de la Concepción Padilla, un homenaje de admiración profunda y respetuosa simpatía, puesto que con su gran talento supo elevar mi humilde obra a una altura que, la verdad, no había siquiera imaginado.
   "Reciban también sus apreciables compañeros que caracterizaron los demás personajes de mi drama, el débil tributo de mi gratitud y cariño; y V. acepte, amigo mío, esta dedicatoria, que aunque valor no tiene, encierra todo el cordial afecto de quien verdaderamente le quiere y le aplaude".
    Días después aparecía la edición de este libro, hecha en la imprenta de Dávalos. A mediados del año del estreno de Después de la muerte, Othón fue a la ciudad de México y trabó amistad con los más destacados escritores metropolitanos, como Manuel Gutiérrez Nájera, Ramón Manterola, Joaquín Arcadio Pagaza, Enrique de Olavarría y Ferrari, Por frio Parra, y los muy jóvenes Angel del Campo, Balbino Dávalos, Enrique Fernández Granados, Francisco A. de Icaza, Guillermo Vigil y Robles, Luis G. Urbina... No hay noticias de ninguno de ellos estuviera enterado del éxito del gran bardo como incipiente y afortunado dramaturgo.
   Volvió Othón a San Luis y se encontraba en Cerritos, un pueblo triste y polvoriento,

 

apartado de la civilización y más aún de la literatura, actuando como juez de Primera Instancia, cuando le llegó la noticia que la Compañía Dramática de María de Jesús Servín, que hacía una fugaz temporada en el teatro Principal de la Ciudad de México había estrenado, sin darle mayor importancia, el drama Después de la muerte, tal voz por recomendación de Solórzano o de la Padilla. El reparto con que se llevó a escena en esta ocasión es el que sigue:
    Consuelo, señorita Servín (María de Jesús); Clara, señorita Alonso; Loreto, señorita Novoa; Don Fernando, señor Servi (Segismundo); Carlos, señor García (C); Román, señor García (R), Federico, señor Cigala; don Ramón, señor Ortega.
    La Compañía Cervi-Servín había debutado en 27 de mayo con el drama de Echegaray, Vida alegre y muerte triste, que esa noche se representaba por primera vez en México, y para la tarde del domingo 31 llevó a escena, anunciándolo como "auténtico estreno en México, el drama en tres actos Después de la muerte, original del poeta de San Luis Potosí don Manuel José Othón. Manuel Mañón, en su Historia del teatro Principal, confeccionada a la vista de las crónicas de la época, asegura "constituyó un éxito formidable, habiéndolo juzgado la crítica concienzuda de esa época como una de las mejores producciones de nuestro teatro, comparable sólo a las de don Juan Ruiz de Alarcón". Mañón, por supuesto, no pudo asistir a esta representación porque era un chiquillo. En cambio Olavarría y Ferrari, que sí asistió, dice en su Reseña histórica del teatro en México:
    "Ese drama magnífico, basta por sí solo para honrar a su autor y a su patria y a las letras

nacionales; en mi opinión, y más que en la mía que poco vale, en la de escritores y críticos imparciales, quizás no se encuentre entre nosotros nada que le sea semejante en mérito desde que existió don Juan Ruiz de Alarcón, dejando aparte las obras del género enteramente distinto de don Manuel Eduardo de Goroztiza. El trascendental pensamiento que inspiró a Othón la acertadísima trama, su desarrollo lógico y perfecto, sus situaciones diestramente preparadas con la mayor naturalidad, sus magnos golpes dramáticos, su correcta e inspirada versificación sembrada de grandes pensamientos en un diálogo expertamente conducido, son para admirar y producir asombro. Quizás alguna vez digamos algo más de ese drama sorprendente que si nos hubiese venido de allende los mares habría causado hondísima sensación. En el estreno a que hago referencia, el público del Principal no pudo por menos de dejarse subyugar por el admirable talento del autor, aplaudiendo la obra con entusiasta frenesí. Su tercera representación se dio en la noche del jueves 11 de junio, en presencia del insigne Manuel José Othón, a quien la Compañía hizo venir a la capital desde San Luis Potosí, para que presenciase su triunfo, que en esa noche fue colosal, a teatro lleno, con asistencia de casi todos los literatos y escritores de la ciudad federal y lo más granado de la buena sociedad, que acogió al autor con bravos, dianas y todo género de ovaciones, dedicándole varias composiciones en su elogio, que fueron leídas sobre la escena. Pocas veces hemos sido testigos de una victoria literaria tan merecida como la del insigne poeta Manuel José Othón".