Aquí conviene hacer una rectificación, y que me perdonen los manes del ilustre arqueólogo y autor teatral Alfredo Chavero Cortés, cuando hablaban con él, Malintziné.
El mismo Cuauhtémoc, cuando cautivo le llevaron a la presencia de Cortés , le dijo: "Malintziné, pues he hecho cuanto cumplía en defensa de mi ciudad y de mi pueblo, y vengo por fuerza y preso ante tu persona y poder, toma luego este puñal y mátame con él". Cuando los indios hablan de Cortés, le decían Malitzine, sin acento de la e final, participio aparente que significaba: el dueño y poseedor de Malitzin.
A ejemplo de los tlaxcaltecas, muchos pueblos dieron el nombre de Malitzin, hoy Malinche, a varios cerros y montes.
Los naturales de esta tierra no perdonaron nunca a Malinche su pecado de amor, o sus amoríos con los conquistadores, y en justo castigo su alma no tuvo descanso por los siglos de los siglos coloniales. Durante los tres largos de la Colonia, el vulgo creyó que la Llorona, el fantasma blanco que daba prolongados y lastimosos lamentos en noches tenebrosas, era el alma de la Malinche, que andaba en pena por haber traicionado a su patria, ayudando a los conquistadores castellanos a sojuzgar a los indios de esa tierra.
José María Marroquí, recogió en un precioso relato esta leyenda colonial, que después llevó al teatro el dramaturgo poblano Francisco Neve, y que fue presentada en toda la República, en Centroamérica y allá del otro lado del Bravo, que en el siglo XIX hablaba español, más de tres mil veces. Marroquí compuso un precioso relato, cuento o leyenda sobre la Malinche, con el que cierro, esta crónica sobre uno de los amores o amoríos de Hernán Cortés. |
"Nuestra Llorona es la Malinche, la Malitzin de las épocas de la conquista, la hermosa joven azteca que vendida al cacique Tabasco, es ofrecida después a Hernán Cortés quien la seduce y la obliga a servirle de intérprete y de consejera, y de cuyo discreto aviso se vale para esclavizar a esta tierra.
"El conquistador abandona a la que fue juguete de sus antojos, le ordena casarse con Juan Jaramillo, y ella muere corroída por el remordimiento más tremendo; tenía que ser su castigo como inmensa era su falta, había sido traidora a su pueblo, a su patria y a su rey, y por lo mismo, le fue negada la paz bienechora de la tumba. Cuando a los dinteles de la eternidad llegaba, un angel se le apareció mostrándole en impotente visión la perspectiva desoladora de su patria aherrojada, de sus hermanos muertos al filo de la espalda del conquistador; de sus aldeas taladas y de los campos alfombrados de cráneos y los huesos de los guerreros de la flecha y la macana; le previno aquel implacable mensajero que penaría tres siglos, que durante el día las aguas turbias del Texcoco sería su sepulcro, y durante la noche abandonaría aquella tumba, para vagar por la ciudad conquistada exhalando lúgubres gemidos que habrían de apagarse cuando el tihui, el pájaro de la alborada, gorjease sobre los árboles anunciando la luz del nuevo día.
"La maldición se cumplió, y la Malinche durante largos siglos, al extender la noche su manto de tinieblas, salía del lago, y recorría la ciudad llorando, siempre llorando, y sintiendo en su pecho la punzada espantosa del remordimiento.
"Al fin el ángel de la cándida vestidura apareció de nuevo, para anunciar a la pobre Malinche |
que el cielo se había apiadado de ella, y que podía por siempre volver a su tumba.
"Desde entonces las aguas del lago de Texcoco no volvieron a dar paso al temido espectro, ni las calles de la ciudad volvieron a repercutir el inmenso gemido que hacía que las gentes temblaran de espanto, y recordaran aquella leyenda que nos enseña que la traición a la patria es un crimen nefasto, sobre cuyos autores abate la cólera de Dios.
Tres comediógrafos mexicanos, Jesús Sotelo Inclán, Celestino Gorostiza y Carmen Toscano han escrito sendas piezas sobre el siempre apasionante tema de la india aliada de los conquistadores. La pieza de Sotelo es un drama histórico, ya representado por la ilustre actriz María Tereza Montoya como protagonista. Celestino Gorostiza prefirió la comedia, y Carmen Toscano se inclinó por el melodrama, usando el tema dentro de la época colonial.
Ninguna de las tres piezas mencionadas se parece entre sí. La de Celestino Gorostiza aún no ha sido representada, pero como en ella se dio el caso de que los cronistas de teatro que también laboran a las órdenes del autor en el INBA, hicieran crónica formal de una lectura de la obra, tenemos elementos suficientes de juicio para considerar que, al igual que las otras dos, no está inspirada en los documentos históricos a que he hecho mención. Por lo que se refiere a la de Carmen Toscano, mezclada a la leyenda con diversos ingredientes espectaculares, ha constituido un gran suceso teatral que difícilmente olvidarán quienes amén y sientan el teatro como la propia autora.
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