Un grupo de jóvenes actores bajo la dirección de Rafael Estrada ha presentado al público de la ciudad de México una nueva versión de una alegre farsa o juguete cómico del autor español Victor Ruiz Iriarte, y lo ha hecho en forma tal, que en realidad esta versión resulta una obra distinta a la que escribió Ruiz Iriarte y hemos visto antes en la escena material y por televisión.
Cuando Salvador Novo hizo su primera salida por los campos del teatro francamente comercial, eligió esta comedieta de Ruiz Iriarte, y le cambió de título. Originalmente se llama Juego de niños, y si no es precisamente esto, sí es un juego de autor para divertir a públicos sanos y poco exigentes. Novo la tituló Educando a mamá, y pasó por el teatro de La Capilla, sin gloria, pero tampoco con pena. Por televisión fue conocida por su título original, pero como es costumbre, labentablemente reducida.
Ahora con el título de Un amigo para Cándida, la ha vuelto a presentar la empresa de Chuchis Carballo y Gonzalo Correa, para la reinauguración de un local, que no es otro que el antiguo salón de espectáculos del Sindicato de Trabajadores de la secretaría de Agricultura y Ganadería. Se llama ahora, Nuevo Teatro Jardín -Edison 115-, con capacidad para 118 espectadores y muy confortable de acuerdo en todo con las autoridades de la ciudad.
Esta nueva versión de la pieza de Ruiz Iriarte es francamente mexicana, y gana en gracia con el riego de la vena cómica del gran primer actor cómico Óscar Pulido, que hace de las suyas y se da vuelo colaborando con ingenio y oportunidad. No somos partidarios
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de que los actores colaboren con el autor. Pero de mal, el menos... Quién trasladó la acción de la pieza de Iriarte a nuestro ambiente, o Pulido, simplemente acertaron, porque ha quedado un juguete cómico graciosísimo.
Un amigo para Cándida, alcanzó una excelente interpretación, ágil y fresca. Ester Luquín, bella actriz que hasta ahora había estado injustamente regalada a interpretar personajes secundarios, demuestra facultades y oficio suficientes para caminar por el teatro como primera actriz. Gonzalo Correa se destacó como actor de extraordinarios recursos al crear con seria comicidad -y que esto no suene a paradoja- un profesor de francés, que tiene la misión de hacer reír sin que tenga que rcurrir a efectos chocarreros. Pero el héroe de la jornada fue Óscar Pulido, cuya característica y excepcional vis cómica estuvo toda la noche al servicio de su personaje, colgando festones de alegría y buen humor en todas las escenas; se entregó en cuerpo, alma y gracia al socorrido personaje del marido supuestamente engañado, y mantuvo al auditorio en constante hilaridad. ¿No habrá un autor mexicano sin pretenciones de genio que escriba una obra a la medida de Óscar Pulido? Debemos evitar que Pulido se pierda en la turbamulta de los Clavillazos, Virutas o Capulinas, actores que hacen sonrojar de vergüenza a los amantes de un buen trato...
Contribuyeron a la realización de esta divertida y alegre versión de Juego de niños, Elena Luquín, Flecos Bill, David Hagat y Elvia Pedroza. Rafael Estrada demostró que usando simplemente de la naturalidad y de la lógica se puede lograr la disciplina escénica que se traduce en una dirección eficaz. |