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Estreno de Los sueños encendidos de Luis Moreno

Armando de Maria y Campos

    Saludo en Luis Moreno a uno de los mejores autores jóvenes mexicanos del momento y, seguramente, de más porvenir. Luis Moreno ha estrenado en el Teatro Juárez su primera gran comedia con éxito de público en verdad inusitado. La comedia dramática de Moreno interesó desde un principio y mantuvo el interés en aumento hasta el final. Al correrse la cortina, concluida la representación el público aplaudió frenéticamente, pero los primeros que salieron a saludar fueron los intérpretes. La granizada de aplausos se convirtió en tempestad, y la primera actriz hizo salir al autor. Después, la cortina se volvió a abrir hasta once veces, saludando todos, pero yo creo, porque estaba comprendido entre el público, que a quien verdaderamente se aplaudía era al joven autor.
    ¿Quién es Luis Moreno? Lo diré al lector en breve prosa. Nació en el Mineral de Dos Estrellas, en el Estado de Michoacán. (Su pieza se desarrolla en un rincón provinciano de Michoacán que vive de la minería). Tiene veintitrés años y según sé, alguna vez pensó en ser cura, sin darse cuenta entonces de que esta inclinación al sacerdocio lo llevaba directamente al teatro, ya que el rito de la santa misa tiene elementos indudables de actuación teatral. Moreno estudió solamente hasta el primer año de secundaria. Siendo su familia de escasos recursos, siempre tuvo que trabajar, pero ya decidido a hacer carrera como escritor ha tratado de recuperar el tiempo perdido estudiando y siguiendo la orientación de todas las personas que se han interesado en su trabajo. Actualmente recibe clases de teoría y composición dramática en la Facultad de Filosofía y Letras, y reconoce que a su maestra, la comediógrafa Luisa Josefina Hernández, es a quien le debe sus conocimientos actuales.
  Tiene escrito Moreno hasta ahora los siguientes trabajos: Maratón de baile, argumento de cine; Círculo de espera y La jaula, piezas de teatro las dos en un acto; La anunciación, cuento

publicado en la revista Perfumes y modas; Lucero, otro cuento publicado en la revista Cámara, y otro cuento más, titulado Juan Pérez, que apareció en la revista Huellas. Su último trabajo es una pieza de tres actos que titula Por la puerta del viento. Sus demás proyectos son todos enfocados al servicio del teatro en México, al que ha entregado su corazón.
    Círculo de espera, fue puesto en Monterrey en el concurso anual de teatro que patrocina un organismo oficial en el año de 1957. La película Maratón de baile, estará a punto de estrenarse.
Los sueños encendidos, la obra que lo ha dado a conocer en la actual temporada de la Union Nacional de Actores, ha sido sometida a tres tratamientos. El primero fue el que dio a conocer a sus compañeros de cátedra, y el siguiente el que mandó al concurso de obras de teatro social convocado por la Confederación de Trabajadores de México, el año pasado ceñido a las bases del concurso. Fue entonces cuando conocí esta obra como miembro que fuí de aquel jurado. No obtuvo algún premio su pieza por su falta de mensaje social conforme lo exigían las bases del concurso. El tercer tratamiento es el definitivo, estrenado la noche del jueves en el Teatro Juárez.
    Los sueños encendidos, es una comedia dramática a la que no le sobra nada y sólo le falta la mañana o el oficio, o un más sólido andamiaje, que le da la experiencia. Es mexicana no por haber sido excrita por un mexicano, sino por su composición, por su argumento, por el clima inexcusablemente nuestro en que viven sus personajes y porque estos también son nuestros, y, más aún, de la provincia michoacana. Le sobra acaso mucho bueno, pero perdería la pieza en espontaneidad y en tipismo si se le podara, y sus personajes perderían también sus características de esa tierra.
    Una familia provinciana, como todavía hay tantas, que vive mucho dentro de la iglesia,

regida por una madre voluntariosa, austera y tradicionalista, y dos hijas, una de ellas, la mayor, quien quiere seguir la vida que le inspiran sus pasiones. El padre, administrador de una cooperativa minera, anda huido del hogar por un fraude a sus compañeros desde hace muchos años. La hija mayor, se enamora de un hombre casado y se va con él, dejando atrás todo. Ambienta la anécdota fundamental una criada vieja que en su juventud se la llevaron del pueblo los revolucionarios sombrerudos que un día lo invadieron, y dos solteronas, chismosas como solteronas y provincianas. Con estos elementos Moreno ha logrado una de las mejores obras de nuestro repertorio, desarrollándola con claridad y escribiéndola con sencillez, fidelidad y gran sentimiento. Es una pieza que hoy y siempre honrará al teatro nacional.
    Una excelente interpretación afirma y perfila mejor sus méritos. Andrea Palma entrega su pasión y sus mejores recursos al personaje de la madre. Magda Guzmán crea y vive el de la hija mayor con verdad y con emoción, y Lola Tinoco, en la criada vieja que durante la revolución fue "cusca", humaniza con tan exacto sentido de la proporción tan típico personaje que no cabe mayor dominio de técnica profesional. Dijo una escena del primer acto con conmovedora profundidad, y en otra, en el tercero, en la que aparece borracha, sortea los recursos fáciles con talento y mucha probidad artística. Celia Manzano, muy guapa, y Diana Ochoa, muy en carácter, hacen de dos provincianas chismosas con la mejor factura. Completan el reparto con discreción Alicia Saro, Enrique Díaz Indiano y Eric del Castillo, y Azucena Rodríguez, que tomó el papel setenta y dos horas antes del estreno y lo compuso sin desentonar en tan admirable concierto de relevantes creaciones.
    La escenografía de David Antón es sencilla y de buen gusto, y muy mexicana. Por primera vez desde hace mucho tiempo creímos que Fernando Wagner ejerció una irreprochable dirección.