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Un cronista mexicano en la Unión de Historiadores de Circo

Armando de Maria y Campos

    Los catorce miembros que integran la Unión de Historiadores de Circo (UHC), que trabajaban por la divulgación del clásico y renovado espectáculo circense y residen en Europa, han tenido la bondad de aceptarme en su seno como único socio -hasta ahora- residente de las tres Américas y por esto su delegado en este amplio territorio. El actual presidente y censor, Tristan Rémy, se ha servido comunicarme mi aceptación, enviando el certificado correspondiente que tiene fecha de 24 de febrero último y fue extendido en París. Tan inmerecido honor -repito sinceramente- me fue concedido por mi libro Los payasos poetas del pueblo..., que se considera clásico (en Europa, por supuesto) en esta materia.
    Un día de estos divulgaré las reglas de admisión y Permanencia de esta original agrupación, hasta donde me lo permiten la discreción a que los socios estamos obligados, pues el protocolo de admisión es bien estricto. He aceptado, por supuesto, y he anunciado a mis catorce colegas que mi trabajo oficial durante este año -cada socio está obligado a presentar uno, original e inédito, en forma impresa, cada doce meses- versará sobre la acrobacia entre los aztecas. Y también a escribir mensualmente una crónica sobre el circo de su país o del extranjero.
   Me doy a la tarea de escribir la primera crónica como "historien du cirque" (UHC), puesto que "el título de Historiador de Circo no se traduce, sino que se escribe en francés, por ser esta la lengua oficial de la Unión para las relaciones administrativas y los documentos internos de la misma, comprendiendo en ella los signos, rubro, marca y sello", según exige terminantemente el Producto de UHC.

    Se crea en Berlín el primer museo mundial del

circo.- El gerente del Circo Bush acaba de instalar en Berlín el primer museo del circo de todo el mundo en el Jardín Zoológico, donde ha reunido muchos recuerdos valiosos del ambientede los artistas de circo que ofrecen un resumen interesantísimo de su historia y de sus grandes artistas.
    En una vitrina aparece una copia del melancólico saludo de despedida que el viejo Ernesto Renz dirigió a los hamburgueses. El príncipe del circo, que apenas sabía escribir su nombre, y que obtuvo, a los veinte años de edad, brillantes triunfos de funámbulo y jinete. A los 70 años poseía una fortuna de 16 millones. Después de su muerte, el Circo Renz entró en decadencia, pero el nombre lo cubrió de glorias nuevas la gran artista encuestre Teresa Renz, que en su juventud había venido guantes en una tiendecilla de un barrio de Hamburgo. Luego se vestía de "gran drama", llevando trajes de color de vino del Rhin y guantes de cabritilla color azul claro. A los setenta y cinco años montaba a caballo con garbo sin igual.
    Se exhiben en este Museo del Circo reliquias de Philip Astley, un inglés, al que se considera como padre del circo moderno. Fue él el constructor del primer circo de madera que tuvo Londres en 1773. Era de la familia de los famosos y célebres artistas ecuestres que salían al redondel vistiendo los trajes encarnados que tanto alborotan a los públicos y hacían mil piruetas, mientras los caballos corrían a galope tendido.
   También se exhiben reliquias de Rastelli, aquel cirquero que al hacer ensayos un día, dejó caer una de las varitas, sobre la cual se lanzó el mono Bubo, que resultó ser un gran malabarista. Bubo no fue menos famoso que el hipopótamo Edipo, que anduvo treinta años recorriendo el mundo con su amo y dueño Serrasini, al que se le

quemó el circo de su propiedad en Amberes. Dejó deudas por un total de diez millones. Su única heredera, Tula Serrasini, actúa a la fecha en un circo en Roma.
    En el rincón dedicado a los payasos no falta un retrato de Grock, el único, con su arco de violín, en el que hacía maravillas musicales. Se está haciendo viejo y vive ahora en Suiza. Entre los Codonas -nuestros famosos compatriotas- y los recuerdos de Búffalo Bill, "rey de los llanos", como le llamaron en Europa, se ven las reliquias de Houdini, que hizo que un policía le pusiera una camisa de fuerza, y así se tiraba al río Spree para asomarse a los dos minutos a la superficie del agua, riendo y sin camisa de fuerza. ¡Hasta ahora nadie ha logrado imitarle!... Son glorias y triunfos pasados, pero el circo no ha muerto. Y no morirá nunca. Los socios de la UHC. estamos obligados a impedirlo...
    Los catorce historiadores del circo que me hicieron el honor d aceptarme en su Unión son los siguientes: Jan Brabec, de Checoslovaquia; Otto Christl, de Austria; Antony Coxe, de Inglaterra; German Hartwig Dembeck, de la República Fedral Alemana; Sebastián Gasch, Alfredo Marquerie y José Vinyes, de España; Willi Janeck, de la República Democrática Alemana; Pierre Lovenbruck y Tristan Remy, de Francia; Henio Sitler, de Austria; Walter Ulrich, de la República Federal Alemana, y Mario Verdone, de Italia.