Delfina Guiza y Azevedo,
autora de la escenografía, no anda mal encaminada al buscar la sencillez.
La dirección de Fernando Wagner es correcta, quizá podría
objetarse el tempo; en momentos el
ritmo decae discontinuando el impulso de la acción. Por lo demás supo
aprovechar la capacidad de cada uno de los actores con que contó y hacer una
representación que no por apegada a la época de Lope fuera totalmente realista,
lo que habla en su favor, ya que Lope, aun cuando fue un gran descriptor de las
costumbres de la España de su tiempo, nunca pretendió que sus obras fueran una
imagen realista de su ambiente, sino una interpretación de aquella realidad;
una fuente vital, pintada con colores poéticos y una esperanza para su pueblo
que en ellas veía cumplirse sus anhelos, como en un sueño.
Amor al revés es Roma. Teatro de los Insurgentes. Libreto, Burt Svelove y Larry Gelbart.
Traducción, Pancho Córdova. Música, Stephen Sondheim.
Letra, Julio Porter. Puesta escénica y coreografía,
Bill Bradley. Dirección de diálogos, Pancho Córdova. Dirección técnica, Greg Kayne. Dirección musical, José Arcaraz.
Reparto: Ortiz de Pinedo, Pancho Córdova, Salvador Quiroz, Arturo Cobo, Ciangherotti, Leda Moreno y Enrique Guzmán.
Es de observarse que la selección de comedias musicales que va
realizando Robert W. Lerner, es cada vez menos rigurosa. En amor al revés es Roma, se ha abandonado por completo toda
delicadeza, todo deseo de buscar calidad artística y se ha caído en el comercio
fácil. Los atributos de la comedia son: vulgaridad, comicidad barata, chiste
forzado, y el mayor anzuelo: la presentación de modelos desvestidas hasta donde
la “censura” lo permita.
Es evidente que con tales “virtudes” la taquilla se verá en la
abundancia, pues hay que reconocer que nuestro público no anda en busca
precisamente de la finura.
Como en la mayoría de las comedias musicales que se presentan
en México, el reparto no es el adecuado. Voces mediocres, junto a algunas
buenas, como la de Salvador
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