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Antigüedad y vigencia del teatro político o la revolución de la calle, a la escena. I

Armando de Maria y Campos

    "El teatro político, tal como se ha ido desarrollando en todas mis empresas -ha escrito Piscator-, no es ni una invención personal ni un simple resultado del gran trastorno social que nos tocó vivir". Piscator se refiere al cataclismo en Alemania de 1918. Está en lo cierto al afirmar lo transcrito. Los orígenes del teatro político, alemán o soviético, norteamericano o de cualquier otro país de Hispanoamérica, no es una invención personal de nadie. Sus orígenes hay que buscarlos mucho antes, aunque no excesivamente; porque es sabiso que en todos los países la política tarde en entrar en forma activa y descarada en la escena. Antes había agotado todas las posibilidades de manifestarse y expresase. En la prensa, en el parlamento, en los deportes, en forma subrepticia, y al cabo se encarama en el escenario.
    Tengo referido en mi libro El teatro de género chico en la revolución mexicana, editado por el Instituto de Estudios Históricos de la Revolución el año pasado, y más ampliamente en el segundo tomo, El teatro de género dramático en la revolución mexicana, que aparecerá a principios de 1958, editado por el mismo I.E.H.R., cómo se encaramó en nuestros escenarios el teatro con intención, comentario, crítica y burla políticos. Resultó apasionante  estudiar este fenómeno de comentarios teatrales generalmente adversos a  nuestra Revolución en marcha todavía. Sin embargo de su amplitud y fecundidad, no hubo nunca un intento dirigido y calculado. Es hasta ahora, cuando la CTM trata de crear un teatro social que desarrolle y exponga temas relacionados con la clase obrera mexicana y dirigido a ésta. A su imitación, el Sindicato Mexicano de Electricistas está intentando nuevo

experimento para la creación de un teatro revolucionario y político de carácter permanente. El SME tiene experiencia en la materia, pero el mensaje de sus anteriores temporadas, como el de la que ahora ha iniciado con la pieza Esto no se queda así, del ex matador de toros Mario Sevilla Mascareñas, ha ido mas alla del programa social que los dirigentes de la CTM han trazado al suyo. El SME hace teatro político y revolucionario; la CTM se propone hacer teatro social dirigido a la clase obrera. Aquél, agita, revoluciona. Este, enseña, orienta con el ejemplo. La CTM no olvida que la primera condición de un teatro popular es la de ser un sedante alivio y que debe contener alegría, fuerza e inteligencia, tres condiciones distintas y una realidad capital de un teatro verdaderamente popular. Me he ocupado en esta columna del teatro social de la CTM y así lo haré del teatro político del SME. Ahora quiero revelar a quienes se interesen por este doble movimiento en favor de un teatro popular nuestro, cómo nació el teatro político alemán, el más interesante de todos los de este tipo después del cataclismo europeo de 1918.
    Es entonces -1918- cuando surge en la derrota Alemania la libre Volksbühne, fundada por Bruno Wille, G. Winkler, Otto Erich Hartleben y otros, ségún el modelo lo confeccionado en París por Antoine, para su teatro. Pero así como el teatro Antonie era esencialmente literario y experimentador, la libre Volksbühne asoció a su actividad literaria y teatral el movimiento de lucha de clases, que  en 1890 adquirió singular relieve escénico en Alemania.
    Pretendieron allí en un principio, convertir el teatro en un mítin, y cada función en un acto

político, haciéndose más de una vez de cada representación de Los tejedores, una ciudadosa protesta subersiva, aunque no faltasen impacientes descontentos como Mehring, que negasen matiz socialista al repertorio tan en boga entonces: La familia Selicke, Hanna Jagert, Los tejedores... Y pasaron unos años.
    Arturo Hollitscher, Ludwing Rubiner, Rodolfo Leonnard, Karlheinz Martin, Goldschmidt, fundaron después en el salón de la Filarmónica el teatro del Proletariado en la primavera de 1919; en Berlín, y por entonces funda también en Charlotemburg, en la plaza de Knie, Karlheinz Martin, el teatro La Tribuna, que en   un principio tenía un mero sentido ideológico y acabó convirtiéndose en un teatro más, como negocio.
    Por eso Piscator crea otro teatro del proletariado, cuyo espíritu y organización fue simplemente comunista, y revolucionario y realmente no encuentra a un autor que le comprenda. “Lo que yo imaginaba entonces -ha escrito Piscator-, era una unión muy íntima con el periodismo, con la actualidad del día". En una palabra: Piscator pretendía llevar a la escena la sección de actualidades del "cinema", pero no objetivamente,sino guiado por el más feroz sectarismo...
    En próxima crónica continuaré con este curioso panorama y me referiré a la interesante pieza. Esto no se queda así , de Mario Sevilla Mascareñas, que sitúa la acelón en la época en que se podían decir verdades como puños en contra de los patronos, o lo que es lo mismo: a ti lo digo, Juan, entiendelo (ahora) tú, Pedro.