Una bomba llamada Abelardo. Teatro
Ofelia. Autor, Alfonso Paso. Dirección y producción, Miguel Córcega. Reparto:
Bárbara Gil, Miguel Córcega, Lupe Llaca, Raúl Farell, Marcela Daviland, etc.
Miguel Córcega continúa haciendo
experimentos; no se encuentra, busca y no da con la línea de teatro que prefiere,
ya ha probado un poco de todo; ahora es una farsa de Alfonso Paso (parece que
es el único autor “comercial” dada la preferencia que tienen por él los
empresarios que buscan resolver el problema de la taquilla).
En esta farsa, Paso, ridiculiza todo el
mundo de la guerra fría, con sus pugnas entre el comunismo y el capitalismo,
con sus bombas que pueden destruir a dos millones de hombres en 35 segundos y
que son la esperanza para el “progreso”. Hace del delegado soviético un clown demasiado
burdo y del norteamericano un hombre de negocios poco recomendable; se burla
del matrimonio por conveniencia e ironiza sobre el afán del hombre por matar.
Se ríe de las teorías que el hombre ha fabricado y se enoja, por boca de
Manuel, ante la inercia con que éste va dejando que la vida se le escurra por
los dedos.
Si bien el resorte que mueve la acción es
imaginativo y abre las puertas a la bufonería, no por ello Paso, rompe ninguna
traba tradicional. La farsa, que es una forma de desahogo insolente derivado de
la inconformidad del mundo en que se vive, halla en este autor a un
tradicionalista por excelencia.
Miguel Córcega resolvió el problema de
hacer mantener a todos los personajes el tono que este género teatral requiere,
difícil sobre todo por lo numeroso del reparto. Su dirección cuajada de
detalles hace descubrir en él a un director de recursos; puede verse sin dificultad
que ha sabido aprovechar la experiencia adquirida al lado de Rambal en cuanto a esa manera de bordar una dirección de
escena. La secuencia de la vicetiple
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es un
hallazgo, tanto por la forma en que está escrita como por la manera en que la
dirigió Córcega y por la interpretación que de ella hizo Bárbara Gil, quien se
lleva las risas más francas del público. La gracia que pone en juego Bárbara es
sorprendente.
Aun cuando todos los papeles
son breves, cada uno tiene su momento de lucimiento. En la farsa no puede
hablarse de sinceridad en la actuación, pues por el contrario en ella lo
artificial es lo que da la verdad escénica, y quienes mejor logran esta verdad,
además de Bárbara Gil, son Marcela Daviland, José
Peña “Pepet” (aunque pierde el ritmo quizá por inseguridad
en sus parlamentos), el propio Miguel Córcega, Lupe Llaca, Raúl Farell y
Santiago Gil. Bien Sergio Morante, aunque todavía inseguro, otros actores, como
José Mora, Carlos Pouliot, buscando la naturalidad
del teatro realista no encajan totalmente en el ámbito de la farsa. Carlota
Solares muy a la española, cae en el efectismo hueco. Antonio Guaida y Gonzalo Lara atinados y
Marta Beatriz Carrillo y Mauricio Ferro en dos papeles incidentales bien
realizados.
La escenografia cumple su cometido.
Ya
sólo cabe preguntarse ¿hasta cuándo nos perseguirá el teatro comercial español?
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