Una crítica al cine, la comedia del teatro Cinco de Diciembre Armando de Maria y Campos |
Cada época teatral impone costumbres, que quedan sin mejorar a las que le precedieron, o pasan con la época que las impuso y quedan como parte de un capítulo de la historia general de un movimiento de teatro. Una de las que afirmaran la fisonomía de estos últimos años, caracterizada por sus teatritos y el publiquito -por la cantidad de espectadores- que acude a ellos, es sin duda la de las funciones dedicadas a la prensa con un coctel antes o después, que generalmente regala alguna cosa comercial. Dentro de la prensa invitada debe considerarse a los críticos o cronistas teatrales, fracción mínima de las personas que asisten a las funciones dedicadas a la prensa, concurridos por personas de la más diversa fauna y flora teatral.
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No sé si el coctel que Banquells ofreció el lunes 14 a ¡la prensa! pondrá un velo de complacencia en los cronistas invitados, pero si no es así, todos convendrán en que ¿Perderá la cabeza Rock Hunter?, pieza del autor norteamericano George Axelrod, es apenas, una amable diversión, con un primer acto de exposición excelente y prometedor, y los dos restantes muy medianos; el tercero con dos cuadros, francamente insignificante por lo hueco y convencional. El autor, que lo es también de A los siete años de comezón, tiene su teoría, que ejemplifica en un escrito con casos concretos de otros autores, para no hacer un tercer acto malo, pero no logra que el tercer acto de su farsa sea francamente mediocre, ni esta falta de conciencia de su obra se inicia al mediar el segundo acto. |
El empresario Rafael Banquells -ojo atento a la taquilla-, reunió en un reparto masculino a actores excelentes Ortiz de Pinedo como Lasalle-Mefistófeles; Emilio Brillas como el periodista y luego magnate cinematográfico por su pacto con el diablo, y Eduardo Alcaraz, como el presidente -judío- de una compañía productora de películas. Banquelles se repartió un personaje gris -¿o será que él lo hace gris?-, y está siempre en discreto segundo término. Para integrar el conjunto de mujeres, se eligieron de preferencia muchachas guapas. Se interpretó al pie de la letra el propósito del autor: ¿se trata de presentar la vida de las mujeres que aparecen en el ecrán? Pues entre menos actrices sean, todo resultará mejor. Dina de Marco, antes bailarina, luce sus talentos físicos, que son muchos, y habla y actúa como principiante, que es lo que no puede evitar. Unicamente lucen bellas; más cuando están en paños menores: Mari Carmen Vela, o Arcelia Canale, o Carmen Romano. Carmen Salas, es la secretaria de un magnante cinematográfico, si actúa como actriz, pero acentuando lo sofisticado del personaje. El reparto exige un atleta, luchador o boxeador, y se contrató al luchador Stroia Marcovici. Se respeta el realismo ante todo, pero sólo vemos al luchador. La escenografía de Jesús Bracho -escenógrafo de cine en particular-, excelente, rica, de buen gusto y bien iluminada. La traducción es de José Ramírez, expresada con claridad y fluidez. Y ahora... a esperar que las morcillas indispensables en Ortiz de Pinedo o en Emilio Brillas hagan del espectáculo de la Sala Cinco de Diciembre otra obra distinta de la que escribió Axelrod y tradujo Ramirez. |