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Estreno en Monterrey de El remedo en la memoria, de José López Rubio

Armando de Maria y Campos

    El Núcleo de Arte Teatral, de Monterrey, que dirige doña Elisamaría Ortiz de González, y de cuya trayectoria me he ocupado en esta columna en repetidas ocasiones y siemrpre que la importancia nacional de sus actividades lo ha ameritado, está realizando en la capital reinera, una interesante temporada sin más patrocinio que el favor del público regiomontano. La temporada se inició el 20 de septiembre y concluirá el 3 de octubre, y durante ella se han representado dos o más veces las siguientes obras: Las cosas simples, de Héctor Mendoza; La zapatera prodigiosa, de Federico García Lorca; El remedio en la memoria, de José López Rubio; Columna social, de Celestino Gorostiza y La herida luminosa de José María de Sagarra. El público habrá advertido la presencia de dos obras de autores mexicanos, que representan dos épocas distintas, y a nosotros nos toca señalar la importancia del estreno en la República de la comedia El remedio en la memoria, del autor español, granadino como García Lorca, José López Rubio. Para conocer esta obra, y de paso para verificar el éxito que estaba obteniendo la temporada, planeada y dirigida por Elisamaría, me trasladé a Monterrey y presencié el estreno de la obra de López Rubio, el domingo último y la presentación en Monterrey de la graciosa y divertida pieza de Gorostiza.
    Toda la República sabe con qué seriedad, con cuánta dignidad y con qué respetuosa devoción actúa el Núcleo de Arte Teatral, que ha excursionado por todo el norte, aparte de haber realizado giras por su frontero Estado de Coahuila y también en San Luis Potosí.
    La pieza de José López Rubio, sobre la vida íntima de una gran actriz, no recuerda al cronista precedentes ilustres como Teatro, de Somerset Mauhgam, o Los andrajos de la Púrpura, de Benavente. El argumento es original, sencillísimo,

y el mérito de la obra radica en los efectos teatrales que una actriz, en la plenitud de su vida artísticfa, lleva a su vida privada, manteniendo viva una actuación de comediante sin vacilar ante la situación que le plantea su joven unigénita, cuando decide casarse con un galán maduro que, coincidencia teatral, fue el primer amor, noviazgo inocentón, de la actriz famosa, al que trata de reconquistarlo, después de haber insinuado a su hija un melodramático incesto o el nacimiento de un niño con una muchacha soltera, con tal de que la joven no se despose y también porque siente que por primera vez en sus vida no está desempeñando el primer papel, ahora a cargo de su hija. Con gran economía de personajes, pues aparte de ella, la novia y el galán maduro, intervienen una vieja actriz que le sirve como dama de compañía; su autor de siempre, con el que también pretende casarse sin darse cuenta de que esto si sería un mal final de acto, y una aspirante a actriz a la que se hace recitar la parte de una pieza melodramática como si fuera la joven seducida por el novio de su hija. El mérito de la obra radica en la admirable composición, en la soberbia y firme arquitectura de los tres actos y el diálogo fluido , brillante y siempre teatral, como que está a cargo de actrices y de autores.
    El primer acto de la comedia y autor exclusivo al servicio de la actirz, resume toda la amarga verdad de esta pieza en las siguientes palabra: "... por eso, ante un hecho real, ante un problema verdadero, no has sabido qué hacer, porque no tienes una sola experiencia que no sea teatral. Te has tenido que ir al repertorio. sin darte cuenta, para tu drama propio, has buscado el remedio de la memoria, sirviéndote de las situaciones viejas, de las frases archivadas de tantas obras que podía servir para tu caso, porque tu caso ni siquiera es nuevo. Te han valido de finales de acto. ¡Pobre Gloria! Estás

 

hecha de programas descoloridos, poblada de ecos solemnes..."
    La protagonista estuvo a cargo de Elisamaría Ortiz, quien se ha convertido, por su responsabilidad, en la más profesional de todas las que nos hacen el teatro por profesión. Creo un gran tipo. Tiene ya un dominio absoluto y vertical de la escena. Habla como si su vida estuviera cargada de lustros de experiencia teatral. Como directora, sabe hacer actores. Esta vez presentó a una encantadora y temperamental damita regiomontana, Lilia Martínez Serna, que le hizo la hija de la comedia y otra joven bella y también temperamental y no menos guapa, Macarena Fernández. Presentó a dos galanes muy responsables: Humberto Duarte y Mario Carlos. La joven actriz de carácter Amalia Garza, como la actriz retirada, realizó, también, meritísima labor. La presentación fue como de profesionales. La escenografía, del ingeniero Aurelio García Fernández, bella, audaz y funcional.
    El remedio de la memoria, fue estrenada en Madrid, por la compañía de Tina Gascó, el 28 de noviembre de 1952, En enero del año siguiente ya estaba en México esta belísima comedia. Cuatro años más tarde tuvimos que acudir a Monterrey para verla representar en serio y con absoluta dignidad.
    El lunes 30 asistí al estreno en Monterrey de Columna social. Elisamaría creó la Delfina Moncada que aquí apenas bosquejo la vedete Sofía Alvarez. Presentó nuevos elementos: María Garza, Blanca Torres, Carmela Salinas, José Ancira, Jorge Maldonado, Francisco Javier Rodríguez, Raúl Montemayor, Gerardo Maldonado, quienes con Rubén González Garza, ya convertido en excelente actor, supieron darle a la pieza de gorostiza una regocijada interpretación.