El Nocturno a Rosario, de Wilberto Cantón, en la Sala Chopin. II Armando de Maria y Campos |
Despojada la comedia de Cantón de una ambición histórica, biográfica de personajes o de una época determinada, queda El Nocturno a Rosario como una pieza de autor mexicano que se desarrolla en la ciudad de México, entre 1870 y 1875, atendiéndonos a algunas alusiones del texto. Por el tema abordado por el autor resulta una comedia melodramática muy a tono con la época que trata de reconstruir. Sus personajes -supongámoslo- no están inspirados en seres de carne y hueso, porque se manejan según el deseo del autor que los llevó a escenarios para usarlos a su capricho dentro de una atmósfera de salones, de muchachas coquetas, de sirvientas que se dejan enamorar y se enamoran a su vez de poetas en la adolescencia que se portan como tales y que, víctimas todavía en 1873 del mal de Werther se suicida, no con pistola como Fígaro cuarenta años antes, sino con cianuro, porque se trata de un alumno de medicina que sabe cuál es el veneno más efectivo, no importa que no sea romántico. |
momento en que Manuel es presentado a Rosario, y a partir del segundo cuadro hasta el décimo sexto desarrolla la acción para llegar al instante en que vemos cómo Manuel apura el cianuro y queda muerto, sobre un sofá de mimbre, a la vista de todos. Manuel, el enamorado suicida, resulta ser un muchacho que también juega con el amor, sin saber realmente aquien quiere, si a la voluble Rosario o a una humilde lavandera a la que seduce en circunstancias en que sólo puede intentarlo un malvado -haciéndole tomar champaña frente al cadáver de su padre- y que, como ocurre tantas veces, le da un hijo que no sobrevive. No importa que Manuel haga muy lindos versos; resulta una tarambana muy poco recomendable para aquella sociedad romántica, para ésta o para cualquiera de mañana. Manuel es amigo de varios poetas que conocen y celebran sus aventuras amorosas, y también están enamorados, unos vagamente, otros ciertamente, de Rosario. Todos conocen a Soledad, la lavandera, que satisface los apetitos de Manuel y que en su momento resulta que comprende, siente y dramatiza su vulgar aventura, en términos que resulta la otra protagonista de esta pieza. Cambian los escenarios con la rapidez de los apagones, y hecha la luz vemos a los personajes usando muebles que han estado en la escena desde un principio, porque el escenógrafo, David Antón, resolvió los cambios rápidos de cuadro a cuadro, colocando, como en un bazar, la alcoba -sin cama, por supuesto-, de Rosario, la casa de Chole y el cuarto de soltero de Manuel. Los diálogos son vivos, expresivos y acaban de retratar a los personajes que demuestran vivir versos, los coqueteos, el amor materia y la pasión romántica en un mundo raro en el que tienen insólita importancia los despierta la curiosidad del espectador la pieza de Cantón, como todo melodrama, y porque sorprende el tema tan colmado de incidentes |
propios del género. |