Manzano afectada, caminando como si fuera sobre
patines, nada espontánea, tratando de dar a sus gestos un refinamiento que si bien podía decirse que era propio de la época,
ninguno de los demás actores lo tiene. Y esto no es todo, si por lo menos hubiera
cuidado que el carácter de los personajes estuviera apegado al original, pero a
Morris lo dirigió de manera que su interés pecuniario fuera tan obvio que jamás
habría engañado a la propia Hellen, por inferior que
ella se sintiera ante el mundo. Y el padre, el doctor Sloper,
tan falto de vigor y justificando tanto su actitud que en ningún momento puede
explicarse que tuviera tan increíblemente apocada a la hija. Si al padre le
falta fuerza, ¿de dónde iba Helen a sacar la suya en el momento decisivo? ¿Cómo
iba a provocarse una reacción tan violenta en ella? ¿Cómo justificar la dura
increpación que ella le hace al padre en el momento en que éste está en
vísperas de su muerte?
En lo que se refiere a la actuación, Evita Muñoz, a la que en
teatro no se le había brindado una oportunidad como esta, realiza un trabajo
magnífico, especialmente tomando en cuenta que en el director no pudo tener
siquiera un guía; no se puede decir que haya sido una revelación por cuanto sus
dotes son bien conocidas desde su infancia, pero sí que sorprendió la propiedad
de su interpretación.
El personaje que sufrió una alteración mayor al ser dirigido
fue el que desempeñó Germán Robles, así pues, a este actor no puede culpársele
de haberlo desvirtuado, pero sí de la poca fuerza dramática de su llamado, que
debe ser desesperado, al final de la obra.
La escenografía, que parece ser de Enrique Reyes, no mostró de
ninguna manera que la casa del Doctor Sloper fuera la de una familia más que adinerada (es
precisamente el dinero lo que suscita el conflicto dramático) por el contrario
parecía más bien la casa de una familia modesta de la clase media. Cuando la
escenografía no sabe encuadrar los problemas teatrales en su correcto ambiente,
la obra cae por tierra. El teatro es un arte de conjunto en que no puede fallar
ninguna de sus partes.
Los derechos de la mujer. Teatro del Músico. Autor: Alfonso Paso. Dirección, Enrique Rambal. Escenografía: Julio Prieto. Reparto: Lucy Gallardo,
Enrique Rambal, Guillermo Rivas, Lupe
Andrade, Ada Carrasco, Queta Lavat, [Jorge] Lavat, etcétera...
Después de un descanso, Rambal vuelve
a la escena con una obra de Alfonso Paso: Los
derechos de la mujer. En ella el autor hace una crítica a la forma actual
del matrimonio, en el que la mujer descuida las labores domésticas para
dedicarse, a profesiones que antes eran del dominio del hombre. Paso, siempre se ha caracterizado en sus obras por el tono
jocoso que tienen tanto sus argumentos como la forma en que están éstos
escritos, y aunque casi siempre velado, hay en sus obras una llamada |
de atención e los problemas de
índole moral o social.
En esta obra su propósito moralizante es indudable, pero está
realizado en tal forma que resulta un juego malabar de gran destreza, es una
especie de El mancebo que casó con mujer
brava, sólo que el hombre en vez de usar la violencia para domeñar a la
mujer emplea la Pasividad. Es una típica comedia para divertir, con moraleja y
de excelente factura -aunque la moraleja, para la mujer de hoy, resulta
bastante deprimente.
De Rambal y de Lucy Gallardo no es
necesario decir que el trabajo de ambos es como siempre: simpáticos, con más
“tablas” que un camión de acarreo, Lucy tiene momentos de gran lucimiento como
el de su borrachera y Rambal otros igualmente buenos,
pero sobre todo su dirección de escena es de esas que por llenas de detalles
son poco frecuentes: la comedia está materialmente bordada con esos detalles.
La iniciación del segundo acto en que los tres personajes callados permanecen
cosiendo mientras ponen el radio para oír una comedia, es uno de los logros
mayores que una de este género puede aportar.
Muy bien Guillermo Rivas y Queta Lavat.
Correctos Lupe Andrade -en un papel difícil-, Ada Carrasco lo mismo que el
resto del reparto.
La escenografía. de Julio Prieto, sin
pena ni gloria, se atiene a las necesidades, y esto ya es un mérito.
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