Por tercera vez, los jóvenes y dinámicos directores Jorge Landeta y Raúl Cardona, presentan un espectáculo dislocado a propósito sobre una comedia que en sus orígenes fué simplemente cómica. De los tres espectáculos de "locura sana", como Landeta y Cardona gustan de definir sus producciones, conocí el primero, del que dejé registrado comentario optimista en esta columna, no pude asistir a la representación del segundo por hallarme enfermo, y ahora vengo de asistir al tercero, que reafirma el procedimiento de Landeta y Cardona para hacer teatro de risa, que no es, como el de antes, a base de juguetes cómicos, de tragedias grotescas, de astracanadas o, como casi ahora, de nuevo humor español, sino más bien un teatro que únicamente precisa de una pieza propicia para su experimento a la que le quitan los pies y la cabeza. ¿Un teatro sin pies ni cabeza? Más o menos. Veamos, grosso modo, por qué:
Llegó a Landeta y Cardona la comedia inglesa As long as they're happy, de Vernon Silvaine, en tres actos y cinco cuadros. Aprovecharon la idea original y adaptaron. Adaptar, entre nosotros, es hacer mangas y capirotes de una obra. Landeta y Cardona lo hacen a su modo, a conciencia, sin más plan ni alcance que hacer reir como sea, pero sin descanso, y para esto procuran que el argumento de la pieza elegida tome rumbos inverosímiles; distorsionan todos los personajes hasta la farsa y sacrifican cuanto hay que sacrificar para lograr o un chiste o una situación cómica y todo ello a velocidad increíble, para que el público -y en esto está su secreto- no tenga tiempo de pensar y no haga otra cosa que reir.
Locura de juventud (As long as they're happy), es, en su origen, una comedia costumbrista mirada por el autor desde un ángulo cómico, en la que juegan personajes estrafalarios alrededor de dos muchachas, una casada con un existencialista fané y la otra perdidamente enamorada de un |
cantante del tipo explosivo de Elvis Presley; este personaje está muy bien tratado, así como el de un siquiatra, que resume las más graciosas características de esta especie médica; de un matrimonio en segunda nupcias, frívolo y alocado, y de una criadita, a la que en la versión de Landeta y Cardona se le da una importancia exagerada para que luzca ostensiblemente la joven actriz cómica Eva Muñoz, que no soporta freno y transita por la obra desbocada.
La interpretación, salvo la excepción de la joven Muñoz, se lleva en serio para que resulte aún más en broma. Otilia Larrañaga y Lulú Parga, dos primaverales actrices de gran porvenir, actúan con seguridad, gracia y simpatía, Julio Alemán, como la caricatura de Elvis Presley, se revela gran actor cómico y excelente cantante. Eva Calvo cumple decorosamente y Miguel Suárez da un paso bien firme en su carrera.El actor argentino Gogo Andrew cae con buen pie en México con el simpático personaje que le repartieron, y completan el reparto con entonada discreción, Isabel Nogueira y Enrique Reyes. La escenografía del arquitecto Jorge Durón muy limpia y funcional para todas las escenas. La presencia de los directores Landeta y Cardona se deja ver, y en esto no hay reproche, al contrario, hasta en los menores movimientos de los actores. ¿Hará escuela en México esta locura sana que han inventado Landeta y Cardona? En sus manos y con actores tan dúctiles como los que ahora manejan puede llegar muy lejos si todos siguen tomando en serio tan generosa labor. Porque nada es tan serio como lo cómico. "Hay que condenar la risa", sentenció Platón en su República. Hegel declara que lo cómico es una patraña, una apariencia entretenida, y nada más. Plutarco nos informa de que Pericles no rió jamás, y lo mismo sucede decirse de Nuestro Señor Jesucristo. Risum reputavi erroren. |