Puños de oro. Nuevo Teatro
Ideal. Autor: Clifford Odets.
Traducción, Mario Castillón. Dirección, Lola Bravo. Escenografía, Antonio López
Mancera. Reparto: Héctor Bonilla, Raúl Zermeño, Liza Willert, Rogelio Quiroga, Ángel Casarín, Diego Landeros, Ignacio Montero, Leticia Gómez, Miguel Tress, etcétera.
Muy buen juicio en lo que se refiere a la selección de las
obras ha demostrado la Compañía de Teatro Popular del INBA que dirige Lola
Bravo. En esta ocasión se trata de la obra del norteamericano Clifford Odets: Golden Boy,
traducida como Puños de oro -por
cierto la obra muy bien traducida por Mario Castillón-, en la cual el autor
presenta el conflicto de un joven entre dos
actitudes que tomar frente a su vida: aquella que lleva al hombre a ser lo que
realmente él aspira, aun cuando esto no le otorge dinero o gloria súbita y aquella que lleva al éxito externo: fama, dinero,
etcétera... a costa del sacrificio de la esencia misma del “ser”.
Para justificar la decisión que toma Joe,
por la última postura, el autor se sirve de una serie de ingredientes para su
personalidad: Joe es un muchacho que por un defecto
físico siente una enorme agresividad hacia el mundo exterior, no obstante nunca
se ha atrevido a dejarla libre, así pues para él el box, viene a ser la vía de
escape, que al mismo tiempo que le permite tomar venganza, lo lleva al éxito
exterior, lo mismo que al fracaso interior de ser músico y poco a poco hacia su
propia destrucción.
La línea dramática sigue
perfectamente las características de una tragedia, más paradójica cuanto mayor
es la dosis de éxito aparente. También juega su papel
el destino que es el que en última instancia hace a Joe y Lorna -personaje que se une al protagonista
trágico- dar el último paso hacia la muerte, como única forma de escape e
inclusive de salvación del ser.
El que en la obra el autor haya trazado algunos personajes como
verdaderos “caracteres” y otros sólo como “tipos” plantea una dificultad para
el director. Lola Bravo logró un equilibrio perfecto entre estos personajes,
dando su dimensión exacta a cada uno de ellos. Esta directora, ya de altos
vuelos, muestra un juego escénico cuya
particularidad es la plenitud de pequeños detalles con que éste se desenvuelve.
Dentro de su técnica ha encontrado ya su propia forma de expresión; si
recordamos las primeras obras que puso en escena Lola Bravo, recordaremos que
en algunos momentos quizá pecaba de abundancia de detalles. Ahora esta
directora ha encontrado el justo medio. Otra característica suya es la gran
fuerza dramática, el dinamismo de su juego escénico.
En Puños de oro -a pesar
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