Por falta de fondos del autor se frustró el estreno, en París, de La venganza de la gleba Armando de Maria y Campos |
En el archivo de Rubén Darío, publicado por Alberto Ghiraldo, se reproducen dos cartas de Gamboa y una de Darío que revelan algunos entretelones de la vida teatral parisiense. En París, con dinero y con alguna influencia literaria, puede estrenar cualquiera. "Allí, en París -comenta Ghiraldo-, los elencos teatrales se forman para cada obra que se desee llevar a los candilejas. Si hay dinero, se 'forma' el elenco y se arrienda escenario. Posiblemente esta fue la situación de Gamboa. Algún elemento, gestor teatral, se allegó a Mundial (la revista que Rubén Darío publicaba en París), y allí tuvo conocimiento de la existencia de la obra mexicana escrita por un representante de la gran nación de América; y creyó fácil, lógico, obtener por su intermedio el apoyo necesario para efectuar el estreno. De ahí el cambio de cartas; las ilusiones forjadas y los temores de Gamboa, que, como deducimos por sus términos, no estaba en condiciones de afrontar la situación, porque -continúa Ghiraldo-, las letras y la política van generalmente unidas; diríase que el medio ambiente obligara a los escritores a aceptar puestos destacados para subsistir y poder desarrollar sus inclinaciones en un meridaje siempre perjudicial, ya que el puesto, limitándoles sus independencia, los somete a seguir por senderos muchas veces muy distantes de los que ellos hubieran elegido libremente".
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iniciaciones, porque lo definitivo no se puede saber. Si Sarah Bernhardt estuviera, o si yo pudiera entenderme con este J. R., a quien como a su mujer atendí tanto en Buenos Aires, todo estaría arreglado. Pero nos encontramos con que aquí el agradecimiento es imposible; el souvenir, inútil; el momento, un luis; la presentación, cine francos, y, en seguida todas las cosas ruínes de esta sociedad, que se está pudriendo, bien que bellamente, pero pudriendo en un exquisito momento del mundo. Dados estos detalles, dígame u ordéneme qué es lo que tengo que hacer con estos vibrantes fariseos. Tenemos entendido que usted traería de México gran parte del aparato escénico. Y no me lanzo sin su autorización completa". |
asunto haya madurado, será: algunos trajes, sombreros y una silla vaquera, pues por lo que mira a las decoraciones escénicas creo que basta y sobra como mis descripciones de cómo deben ser ellas, y tales descripciones figuran al principio de cada acto. Sin duda, por mi ceguedad del autor, se me ha metido en la cabeza que haremos muchos francos con La venganza de la gleba, pero lo indispensable es que no metamos de antemano ni un sólo céntimo, en atención a que yo ando escaso de ellos, y los, poco que poseo prefiero conservarlos para mi sustento, en el desgraciado caso de que en México la política se enturbieran más y yo tuviera que abandonar mi actual empleo, de grado o por fuerza... No deje de remitirme el número, de Mundial en que haya aparecido el fragmento que de mi otro drama le despeché hace ya algunos días. Espero, pues, mejores noticias en su próxima y ojalá que para octubre o noviembre el drama "subiera" a las tablas. Ponga usted todo su empeño. Muchas gracias por sus recuerdos para mi casa, y créame siempre suyísimo -Federico Gamboa". |