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Estreno en el teatro de la Comedia, El círculo cuadrado, de Rafael Solana

Armando de Maria y Campos

    Para el cronista profesional nada más fácil, o más difícil, que escribir la crónica de un estreno teatral de Rafael Solana. cuando llega ésta ya sabe uno todo lo que a él, se refiere. Antecedentes, biografías y anécdotas de los intérpretes, del director del escenógrafo y del autor, desde luego. El curso de los ensayos, y toda clase de minucias para interesar al lector. Y el mismo día del estreno y como si no se hubiera dicho antes una palabra sobre el estreno, la autocrítica del autor, con más detalles y algunos otros que conviene fijar en la mente del espectador aún en proyecto para -¿cómo decirlo?- impedirle que se moleste en pensar.
     Para quien guste de encontrarse con el guiso hecho, magnífico, porque es difícil que del plato a la boca se le caiga el bocado. Este es el lado fácil, Pero para quienes guste de decir esta boca es mía, resulta que todo está dicho por boca del autor. No le reprocho a Solana este sistema, que por otra parte no es invención suya. Lo inventó Salvador Novo, autor también, publicista también, Solana como Novo dispone de un puñado de publicaciones para ambientar sus obras. Estoy cierto que si otros autores dispusieran de los mismos métodos de publicidad que Novo y Solana, harán lo propio, porque no es malo el sistema, a condición, claro está que lo hagan publicistas profesionales tan hábiles y talentosos como Rafael y Salvador. Lo malo -o lo bueno- para nosotros los cronistas que no somos publicistas es que como ahora, en el caso de Solana, o aprovechamos todo lo aprovechable de la propaganda propia, o disentimos totalmente de ella -que no es el caso

en el de Solana- y provó una desorientación en el lector que suponemos nos lee a ellos y a nosotros.
    ¡Lo que he tenido que decir para no caer en la repetición de lo dicho por Solana! Y, sin embargo, hay que volver sobre algo de lo publicado por  él. Ha hecho una adaptación de una comedia de Valentín Kataiev (nacido en Rusia, en 1897), y para justificar el para Solana insólito caso, cita acciones semejantes cometidas o perpetradas por Shakespeare, Goethe, Molierre, Corneille, Bryron, Cervantes y Alfonso Reyes. ¡No era para tanto! Hay quien vivió en España de adaptar comedias francesas, inglesas, italianas y hasta suecas, y, al revés ocultaba el nombre de la pieza y del autor, y no por malicia o vanidad, sino para evitar la participación en los derechos de autor. Hubo ocasión en que la Sociedad General de Autores Españoles- con jurisdicción en toda América- pidió a los adaptadores o recreadores de obras extranjeras que depositaran en sobre cerrado y lacrado el nombre del autor original y el título de la obra para los efectos del registro. Porque a los autores que vivían de su trabajo. Lo que les interesaba era el... trimestre. Lo de que los creyeran Flers o Caillavet les tenía sin cuidado. ¿Ve usted lector, cómo hemos tenido que ascender fatigosamente los cerros de Ubeda, ¡y en las condiciones en que me encuentro!?
   Rafael Solana ha reescrito, con su humor especial, tan conocido porque se prodiga en un noticiero cinematográfico comercial, La cuadratura del círculo -Kvdratura kruhe-, estrenada en 1928, en el Teatro de Arte, en

Moscú. La acción ocurre en Moscú el mismo año 1928. El argumento es sencillo, tanto que parece norteamericano o inglés. Cuatro jóvenes rusos se casan, formando dos matrimonios o se entienden entre si, pero en cambio siente atracciones mutuas ellos por las esposas ajenas; ellas, por los esposos ajenos. Es fácil hallarle la cuadratura al círculo vicioso; la mujer de A, esposa de B, se casa con C, marido de D. Esto que para kataiev fue La cuadradura del círculo, para Solana es, El circulo cuadrado. Nada más, ni nada menos. Miento. Solana creó un personaje, el Inspector. En cambio, suprimió a las chicas y chicos del Komsomol (Unión de Juventudes Comunistas). El filósofo A. Nicol escribió años después; Vidas privadas, del inglés Noel Coward.
    La interpretación, ésta sí original de principio a fin, es excelente. Muy fresca Judy Ponte, y haciendo unos de sus muchas y graciosas mañas, Rosa María Moreno. También muy juvenil y alegre Raúl Farrel; muy seguro y desenvuelto, José Solé. forman las dos parejas. Robles dijo con mucha intención su personaje -el poeta-, y confirmó sus excelencias cómicas Delmar en el Inspector. La dirección de Fernando Mendoza muy profesional en cualquier momento, y logrado con acierto el ambiente, no sé por quién, porque escribo sin tener el programa al frente y éste es un detalle que olvidó Solana en su propaganda previa.