Marramiau. Teatro Ofelia. Autor, L. Fodor. Adaptación, Edgar Neville.
Dirección, Miguel Córcega y Luis Gimeno. Reparto: Miguel Córcega, Bárbara Gil,
Alberto Galán, Yisela Yardux y Marcela Davilland.
Como tercera obra que montan Córcega y Bárbara, desde que se
han convertido en cabeza de compañía, han seleccionado Marramiau, una obra que trata de
ser ingeniosa, aun cuando la metamorfosis de un gato en mujer puede encontrarse
inclusive entre las fábulas de La Fontaine; no
obstante, el tratamiento del tema dentro del teatro tiene originalidad y cosa
curiosa, el cambio, que es importante dentro de la obra, no es el del gato en
mujer, sino el que se opera en un hombre que ha sentido por vez primera ternura
hacia otro ser.
La dirección de Córcega y Luis
Gimeno es correcta, trata de prestar a la comedia una agilidad mayor de la que
ésta tiene en su solo texto. Esta vez se logró con la dirección una
homogeneidad en el reparto que no pudieron obtener en Dos para la dama, donde Raúl Farell no pasó en ningún momento el
nivel de un principiante. En cambio, en esta comedia, tanto Alberto Galán como
Marcela Davilland y Yisela Yardux, trataron de no hacer mal papel junto con Miguel
Córcega y Bárbara Gil, a quienes todavía recordamos en Como la primavera, estrenada hace exactamente catorce años (en
aquella época Bárbara Gil tenía otro nombre) los cuales desde entonces han
superado mucho su arte histriónico, a base de esfuerzo continuado. Se les
advierten |
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las “tablas”, en cuanto salen a
escena.
Muy bien resuelta la escenografía aun cuando el programa sólo
dice que la realizó Jesús Berrospe.
Amor, jabón y fantasía. Teatro Negrete. Autor, Claude Magnier.
Traducción, Irma Terragnuolo. Adaptación, Alfredo
Varela. Dirección, Julián Duprez. Escenografía: copia
del boceto original francés. Reparto: Alfredo Varela, Guillermo Rivas, Crox Alvarado, Lupe Andrade, Corzo Duarte, Yuyú, Graciela Lara,
Óscar Pulido, Ema Arvizu y Pilar Jordán.
Comedia rebajada hasta el límite inferior de lo que todavía
puede recibir el nombre de “comedia”, cuando ésta comienza a confundirse con el sketch. Muestra perfecta de lo que es
el teatro insulso, sin calidad, sin originalidad, verdaderamente propia para
los censores de la Oficina de Espectáculos.
En realidad no vale siquiera la pena tomarse el trabajo de
hacer un enjuiciamiento del trabajo de los actores, ya que no se sabría qué
tabla de valores puede aplicarse a este teatro, quizá aquel actor que se aleje
más del verdadero teatro para caer más en el sketch sea, según este tipo de teatro, el que mejor está en su
“papel”, siendo así, se llevan las palmas Óscar Pulido y Ema Arvizu; el resto del reparto trata de competir en
“morcillas”, en exageración -salvo Varela, que es un buen cómico de por sí- y
no pasa ninguno jamás de la medianía.
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