Estreno de El cocotero, de Jean Guitton, en El Caracol Armando de Maria y Campos |
La empresa de Antonio Arce que desde hace algún tiempo vienen manejando el que fuera nuestro primer teatro de bolsillo y de experimentación, El Caracol, se ha echado por la calle de un medio de las piezas francamente cómicas y blancas además. Cuenta, como base, con un actor hecho de todo a todo en El Caracol, Francisco Muller, de gran vis cómica. El resto siempre se encuentra a mano, porque el teatro de género cómico tiene en México mucho ambiente. La nueva obra, francamente cómica, de tipo farse -o astrakán, en español- es la de Jean Guitton, titulada en francés Le cocotier, y en castellano, naturalmente, El cocotero. |
que se extraña, No debió aplastarme, 500,000,000 en una cama, Irma, 3o. Izquierda, y Un amor loco. Comedias como Han encontrado una mujer desnuda, Una mujer bajo la lluvia, La señorita Antonieta; piezas policiacas como La noche del 3, Crápula y Cía., La muerte regresa inmediatamente, y La amaba demasiado y, en fin, piezas de sátira alegre, como Durand, Francés típico; Que señores estos y La casa patas arriba. También ha escrito revistas y guiones cinematográficos como Rotchild, y La noche de los deportes, en los que intervinieron Raimú y Fernandel. Escribió un drama cuyo título escapa a mi memoria, que le estrenó Lys Gauty. Jean Guitton es un auto que no ha dejado de ser actual en el teatro francés.
El gran actor nuestro, Muller, se llevó de calle la interpretación. Creó un tipo y supo sostenerlo a lo largo de la regocijada trama -que se parece mucho a El amor tiene su aquel, del español Carlos Llopis, y no aludo a ella para no restarle interés al público que acuda a conocer la pieza
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de Guitton-. Roberto Corell actuó empeñoso, con técnica anticuada. Nos recordó -guardando las proporciones- a Rafael López Somoza. El joven Leopoldo Ortín, se copió a sí mismo, siendo ya una copia de su finado padre. Tiene vis cómica, pero debe contenerse. Para ser actor cómico no es forzoso hacer reír con cada frase, con cada además o con cada gesto. ¿Entendido? Dalia Íniguez, y sobre todo Diana Ochoa, compusieron sus tipos como caricaturas. La revelación para el público de ahora fue el actor Antonio Brillas, muy medido y cuerdo en el difícil tipo que creó, el único de vida real en la versión mexicana de la farsa de Guitton. Antonio Brillas es un actor de profesión que vivió en Puebla retirado del teatro durante largos años. Ahora retorna, maduro y ponderado. La escenografía de Julio Prieto muy discreta y muy ágil y traviesa la dirección de Aceves. |