Emperatriz Carvajal, inteligente y hermosa actriz chilena que lleva largos años entre nosotros, ha presentado, en unión de Miguel Frank y Norman Day, chilenos también, aquel director y traductor de este acto, la antigua comedia farsa de Noel Coward Fallen angels (Angeles en desgracia), que fue representada por primera vez en Londres, por Tallulan Bankhead, el año de 1925. Al parecer sin motivos lógicos esta vieja pieza de Coward acaba de ser exhumada en los Estados Unidos, y se representa en The Playhouse, de Nueva York, a partir de 17 de enero del presente año, con Nancy Walker en el rol principal, acompañada por Margaret Phillips, William Windom, William Le Massena, Efrem Zimballist, Jr., y Alice Pearse.
Para su exhumación en Nueva York Coward reformó fundamentalmente su comedia, cambiando la localidad a Nueva York, americanizando los apellidos de los personajes, y adelantando el tiempo de la acción algunos años. La comedia en sí es bastante frágil -inconsistente es probablemente el mejor calificativo-, la historia es relativamente sencilla. Las esposas de dos neoyorquinos bien y muy ampulosos se dan cuenta de que sus matrimonios han llegado a convertirse en un estado en el que vegetan, después de cinco años. Mientras sus esposos se dedican al golf en los momentos que les dejan libres sus deberes, ellas se sumergen en sueños insatisfechos de un deporte algo más voluptuoso. Cuando al mismo tiempo reciben de pronto noticias de que un antiguo amigo de París está para llegar a Nueva York, mientras sus maridos están fuera, pasando el fin de semana dedicados al golf, ellas dan rienda suelta a su imaginación, viéndose en grandes aventuras, pues este antiguo amigo suyo, Maurice Duclós, es, a todas luces, el tipo francés conquistador irresistible que hay invariablemente en comedias de esta clase |
esta clase. Después de una serie de peripecias llega por fin, y los esposos de las muchachas son informados acerca de los antecedentes de él en las vidas de solteras de sus mujeres, lo bastante para sentirse con sospechas vehementes, por una parte, y por la otra, ansiando desesperadamente creer la historia que les cuentan sus esposas acerca de Maurice, quien -les aseguran- vino exclusivamente porque ellas lo hicieron venir para obligarles a ellos a dedicarlas un poco de atención. El acto segundo marca el clímax de la farsa en una chispiante escena de embriaguez, en la que las dos semisolteras por culpa del golf, beben liberalmente, preparándose a una cita con el antiguo amigo de París a quien cada una ha conocido a fondo. La acción abarca un perído de dos días, en la primavera de 1930 y se supone que ocurre en la terraza del apartamiento de los Starbuck en Nueva York.
Miguel Frank fue todavía más allá de Noel Coward al adaptar para nosotros esta antigua farsa, con la esperanza de que pudiera interesarnos. Trasladó la acción nuevamente a Londres, época actual. Allá por el año de 1925 esta ingenua trama podía satisfacer a públicos poco exigentes; tal vez hasta aparecería -para los londinenses- un tanto picaresca. Ahora nos resulta ñoña, pueril. Claro que si nos atenemos a las crónicas de Nueva York es todavía un vehículo útil para que se luzcan los virtuosos de las farsas, como Miss Walker, que interpretó el personaje que en México ha tratado de crear Tana Lynn. La crítica de Nueva York asegura de Nancy Walker esta soberbia, particularmente en el acto segundo cuando, habilmente secundada por Margaret Phillips en el papel de la otra esposa, y Alice Pearce en el de una doncella omnisciente, hace una escena de media hora como ebria, que es seguramente uno de los logros memorables de una temporada memorable. Provista de un largo vestido de |
época y una boquilla de fumar, bufanda, pañuelo y cuentas de dimensiones igualmente imponentes (accesorios, todos ellos, que tienen que ver con la inminente llegada de Maurice) Nancy Walker por poco despedaza todos y cada uno de estos accesorios.
Tana Lynn se limita a ocupar el lugar de Julia. No crea ningún personaje. Es ella misma, y la escena de la embriaguez, en el segundo acto, es una simple exhibición de una borrachera común y corriente. Su falla principal se localiza en su voz, que no logra dominar. Tampoco Emperatriz Carvajal logra ser otra, es decir, el personaje. Es Emperatriz Carvajal y nada más; su borrachera está muy a tono con la pintoresca de Tana Lynn. El galán Norman Day se ve que tiene muy hecho el personaje de Maurice Duclós; lo tiene compuesto con muchos detalles. Los actores Alfonso Arana (Fred) y Alfredo Zayas (Willy), y la actriz Carmen Vizcaíno (Jasmine), se limitan a cumplir. La dirección de Frank no se pierde de vista. La escenografía de Guillermo Chusal es de mediano gusto, porque unas cortinas rojas rompen la discreta armonía que pudiera tener la terracita de los Starbuck, en Nueva York. El compositor mexicano Antonio Zendejas compuso especialmente para esta obra letra y música, una cancioncilla que en realidad no hace falta para el espectador poco exigente esta comedia vieja y todo, no deja de tener cierto atractivo. |