Damas retiradas, comedia dramática en tres actos y ocho cuadros, de Edward Percy y Reginald Denhan, que se ha vuelto a representar en México, en el teatro Sullivan, a partir del jueves 4 del actual, tiene su pequeña historia... mexicana.
A pocos años de su estreno en Londres un inquieto y curioso hombre de teatro, Adolfo Fernández Bustamante, la puso en español y dadas las relaciones que entonces tenía con empresas y artistas, por el puesto directivo que ocupaba en la Unión Mexicana de Autores, bien pronto encontró quien se interesara en ella. la ilustre actriz doña Virginia Fábregas inició, a fines de 1948, una jira provinciana, y en tre las obras que eligió para estrenarlas primera en los Estados y después en la ciudad de México, se llevó Damas Retiradas, que subió a escena por primera vez en el pasís en el teatro Degollado, de Guadalajara, la noche del 16 de febrero de 1946, en función en homenaje y a beneficio de la notable actriz tapatía Isabel Corona. Merecí el honor de ser invitado por Isabela y asistí al estreno de Damas retiradas, que dirigieron al alimón el autor Luis G. Basurto, en su calidad de director artístico, y Felipe Montoya, como primer actor de la compañía y director de escena. El reparto a que se sujetó la interpretación de esta pieza que se anunció de crime e intriga, es curioso por demás: Leonora Fiske, Virginia Fábregas; Elena Creed, Isabela Corona; Emilia Creed, Josefina Escobedo; Lucía Gilhan, Pituka de Foronda; Luisa Creed, Luz Altamirano; Sor Teresa, Clara Martínez; Alberto Featheer, Manolo Fábregas; la acción ocurre en una ciudad de Inglaterra. En Guadalajara se representó esa sola noche. Después se disolvió la compañía, pero Damas retiradas volvió al cartel en otra ciudad de la provincia hecha por la compañía de María Tereza Montoya, quien interpretó el personaje de Elena Creed, y la anunció como de Howard Lindray. (?)
Damas retiradas alcanzó resonante éxtito al ser estrenada en Londres el año 1939. Poco después fue representada también con éxito, en Nueva York y su asunto se hizo popular cuando la gran actriz cinematográfica Ida Lupino la creó |
para el mundo de las sombras.
Los autores Percy y Denhan habían conquistado algún renombre en Europa y en América antes del estreno de la pieza que motiva estos comentarios. En colaboración ha escrito The last straw, Suspect, Give me the yesterday, Firt night, Malice domestic. Percy, por su parte, ha estrenado con suceso de público y de crítica, If four walls told, Trespasses -representada en México en inglés, durante el festival dramático celebrado recientemente en Bellas Artes- The Regordans, The misdoings of Charles Peace, entre otras. La colaboración de Percy y Denhan en Damas retiradas dió por resultado una pieza dramática muy interesante en la época de su estreno. Nos pareció cargada de intriga y que lo que ahora se ha dado en llamar suspense estaba muy bien administrado y resuelto. Pero el género de teatro policiaco evoluciona podríamos decir que noche a noche. De un año para otro las comedias de intriga y crimen, de misterio, o de policiías y detectives, envejecen, se vuelven infantiles, es decir, pueriles, porque otros autores superan lo hecho con anterioridad y producen obras de este género inolvidables, como La calle del ángel, Arsénico y encajes o con M de muerte. Otras vendrán, seguramente, que harán menos buenas las tres citas, como tantas y tantas relegadas a los rincones de los archivos teatrales. Lo que aún vive en Damas retiradas es cuanto se refiere a la anécdota, tan repetida, de la cómica vieja, retirada y viviendo de sus ahorros, que no siempre proceden estrictamente de sus honorarios profesionales; como actrices, por supuesto. El resto huele un poco a maftalina. No se justifica la razón de estas exhumaciones, salvo que se quiera dar, como realmente se dió, una excelente oportunidad para que una actriz -en este caso, tiple cómica- retirada viva un poco los recuerdos de su vida anterior y las realidades de su existencia presente. La querida, inolvidable María Conesa, que llena con su gracia, picardía y dinamismo cerca de medio siglo de actuación escénica- el año próximo se cumplirán 50 años de su presentación en el teatro Principal- recreó el interesante personaje de Leonora Fiske- asesinada al final de primer |
acto por la amiga de su juventud, acogida por ella como ama de llaves- y fue ella misma, recordando su fulgurante carrera hacia la fama y la fortuna de vedette insustituible. Quienes tuvimos el privilegio de admirarla tantos años, reconocimos, aun cerrando los ojos, su peculiar modo de hablar, y la gracia muy valenciana que todavía fluye de su inagotable energía y de su subyugante simpatía. María vistió al personaje con mucha propiedad, y retratos suyos de 1910 a 1912, ilustrando la escenografía de Antonio López Mancera, en los que aparece cuajada de brillantes -obsérvese que estos retratos son anteriores a los escándalos de la famosa Banda del Automóvil Gris- le dieron a la escena un sabor de pasado y de saudade realmente conmovedores. Fue recibida con uan ovación y, al final de la obra, los aplausos más fuertes fueron seguramente para ella.
La experimentada y también constante actriz Anita Blanch creó el personaje de la fría y calculadora asesina, como es el: frialdad y cálculo, y lo dijo con claridad y dominio. Figuras importantes en el trama son dos hermanas de ésta, retrasadas mentales, que desempeñaron con indudable veterania Concha Gentil Arcos y Magda Donato. Aurora Cortés tiene una discreta y espisódica intervención, y la joven Kitty de Hoyos, a la que no se le puede negar su entusiasmo, ni regatearle facultades, desbordó su personaje, por su impaciente costumbre de comer ansia. El único personaje masculino estuvo a cargo de Wolf Rubinsky, quien físicamente dió el tipo, pero se mostró inseguro, como ciego que cruza un cuarto que desconoce. La escenografía de Antonio López Mancera, magnífica sin regateos; sobre todo, muy bien ambientada. La dirección de Adolfo Fernández Bustamante, muy cuidada de detalles, resultó -la noche del estreno- de una lentitud escalofriante. |