José María Pemán, veterano autor andaluz, ex presidente de la Academia de la Lengua, escribió para la notable actriz Lola Membrives una comedia dramática En las manos del hijo, que se estrenó en Madrid, en el Teatro Lara, el 6 de diciembre de 1953. Muy notables actores acompañaron a la Membrives en la interpretación de esta pieza de raíz religiosa, que alcazó un éxito en verdad resonante -por supuesto, en España- a juzgar por las crónicas que consulto al trazar ésta. Lo menos que se dijo a propósito del estreno de esta pieza es lo que copio: “Importa destacar una cualidad, porque se aprecia en esta obra de manera muy especial, hasta el punto que puede afirmarse que nada falta ni sobra en esta comedia, de un clasicismo auténtico que, por tanto no radica en la superficie; esto es, en las palabras, sino en el fondo; esto es en la vena de la inspiración".
El tema religioso al que aludí es el de aquella frase de San Pablo, "la verdad os hará libres". Una madre viuda siente que toda su vida está "en las manos del hijo", sacerdote al que debe decir la verdad que la hará libre; ama a un hombre; con él se casará. El conflicto está centrado con habilidad teatral. Dos hermanos frente a una muchacha americana, con sus egoísmos de abajo, o sus esperanzas de arriba. No le pongo reparo a la técnica que emplea el notable autor para justificar, teatralmente, el asunto que tanto conmovió al público madrileño. Es la de Pemán una buena pieza dramática, pero aun para nosotros, que somos católicos, resulta anticuada. Bien escrita sí lo está, y dialogada con mucha fluidez; los recursos teatrales sabía y ágilmente distribuidos, mantienen al espectador con el alma en un hilo. Por supuesto, al espectador español.
No es un secreto en América que en España impera la censura, censura literaria estricta. La actitud de la censura española justifica todo lo que en materia literaria ocurre en España y, muy particularmente, en materia teatral. Ha llegado a |
mis manos un ejemplar de la revista Criterios, que se edita en Buenos Aires, de la que es director Monseñor Gustavo J. Franchesti, en la que se revela cómo se ejerce la censura en Madrid:
"Madrid, 19 de junio de 1954. Mi distinguido amigo: he leído todos los libres que X (nombre de la editorial) aspira a publicar en España y -aun contando con mutilaciones importantes- ninguno podrá publicarse. Colocado yo en el lugar de los censores opondría rudo negativa a la petición suscrita por la Editorial.
"Algunos son pornográficos; otros, emanan una corruptora influencia anglosajona, judía, mesónica y ácrata. Sabe usted que son partidario de la libertad en el arte. Ahora bien: lo que presentan esos autores no es arte, en el caso de Graham Green, no es catolicismo, aunque su autor se llama católico. Se trata de historias sucias y repelentes, que entre los occidentales civilizados, la buena educación, cuando menos obliga a silenciar.
"Lamento infinito tener que dar este dictamen desfavorable. Cuando se hallan por encima de los censores, en punto a jerarquías, se echarían las manos a la cabeza si leyeran los textos que han enviado el señor y (nombre del representante de la editorial).
"A guisa de leal consejo, debo decirle que es preferible que no vuelvan a presentar a la censura los libros ya rechazados. Esta contumacia podría originar un legítimo recelo a todo lo que proviniese de la editorial. Hay muchos autores por el mundo que merecen ser traducidos y divulgados en España, aunque no sean amigos de nuestro régimen. Pero sería el colmo pretender que se leyese de nuevo -así lo entiendo desde mi punto de vista de asesor literario y hombre de la calle- novelas como la de Vicki Baum, llena de injurias a la nación española y de incidencias en la leyenda.
"Como usted verá, le escribo una carta
|
sincera, con mis sinceras opiniones. Podría haber una excusa para esos libros, si en ello se contuviese una porción de arte. Pero no hay arte alguno. Hay suciedad, porquería, obscenidad... Los eróticos de todos los tiempos tenían una calidad infinitamente superir a esos grafómanos atormentados y rencorosos. Suyo Affmo, amigo q.e.s.m. Z" (nombre del asesor de la censura liberaria española)".
Conocido el documento transcrito, no es difícil comprender muchas cosas...
La interpretación mexicana den En las manos del hijo, ha servido para confirmar las altas calidades de Lina Santamaría como actriz dramática de hondura conmovedora, maestra en el buen decir español. Su actuación es, en general, una noble cátedra que no deben perder nuestras jóvenes actrices que sientan el teatro como profesión. Su mejor momento lo alcanza en la escena postrera del segundo acto, cuando está, material y espiritualmente, "en las manos del hijo", misterio del Señor.
El excelente y madura actor Francisco Jambrina se desenvuelve con su habitual veteranía. De los dos galanes -Raúl Farell y Ángel Merino, los dos en tipo-, actúa con mayor seguridad y simpatía el que interpreta al joven sacerdote. Micaela Castejón hace una "ama" andaluza de cuerpo entero; están discretos los veteranos Arturo Soto Rangel y Manuel Santigosa, y apenas cumple, porque al fin de cuentas es sólo una estudiosa principiante, Carmen Arrieta. La escena montada por Manuel Fontanals reproduce como emocionada exactitud una casona ricachona de algún pueblo andaluz. |