Estreno de Mis tres amantes, en el Teatro El Globo o el dedo en la llaga Armando de Maria y Campos |
Si alguna vez cultiváis la crítica literaria, artística o de teatro -escribió Juan de Mairena-, sed benévolos. Benevolencia no quiere decir tolerancia de lo ruin o conformidad con lo inepto, sino voluntad del bien, en vuestro caso, deseo ardiente de ver realizado el milagro de la belleza. Sólo con esta disposición de ánimo de crítica puede ser fecunda. La crítica malévola que ejercen avinagrados y melancólicos es frecuente entre nosotros y nunca descubre nada bueno. La verdad es que no lo busca ni lo desea. Esto no quiere decir que la crítica malévola no coincida más de una vez con el fracaso de una intención artística. ¡Cuántas veces hemos visto una comedia mala sañudamente lapidada por una crítica mucho peor que la comedia!... ¿Ha compredido usted, señor?... |
sus habitantes hablan haciendo chistes. cada frase que pronunciaran vendría a ser un chiste. Unos buenos, otros malos y algunos tan peores, que provocarían consiguiente repulsa. Esa ciudad de Chistelandia tendría su órgano periodístico del tipo de una revista como Ja Ja. En esa ciudad viviría un médico ginecólogo con complejos de don Juan que tiene tres amantes y está a punto de casarse; un amigo, también de tenoriescos complejos que habla de chiste por frase, El médico se sirve de una enfermera, tan chistómana como los anteriores. Las tres amantes -necesariamente tres muchachas jóvenes y cínicas- también sufren el mal de Chistelandia: ¡chistomanía! La novia, a pesar de que descubre que su futuro tiene tres amantes, hace chistes, y la madre de ésta y futura suegra de aquél, cómo no, es el chiste personificado, el personaje más chistoso de todos, porque es la suegra. Con estos elementos históricos el joven Anaya, que está en la edad de la punzada amoroza -por lo menos a lo que parece por su edad-, fragua una serie de escenas que pretenden ser de vodevil, suelta a los personajes y los deja hacer chistes a lo largo de tres actos que pueden ser sólo uno si no fuera preciso separarlos para darle al espectador reposo... suponiendo que sea capaz de reír todos los chistes que integran la comedieta.
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El afortunado autor de Despedida de soltera debe contener su chistorrera hemorrágica, puesto que, aparte de la gracia y el ingenio que nadie le discute, posee indudablemente cualidades como autor. Que use más de éstas y frene más aquéllas y volverá a sonreírle el triunfo serio por una comedia alegre. |