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Se reunieron en París 125 críticos de Teatro

Armando de Maria y Campos

    En Ars, de París, número del 20 al 26 de junio, encuentro la siguiente crónica de Georges Lerminier, que traduzco para los lectores de esta columna:
     "Por primera vez después de la guerra, los críticos dramáticos de diversos países se han reunido para formar conciencia de los problemas particulares con que se enfrentan en el ejercicio de su oficio. El festival de teatro de París les proporcionó la ocasión para esa reunión y los medios para dirigirla convenientemente. El Sindicato de la Crítica Dramática y Musical, cuyos activos secretarios generales son Andrés Frank y Marcelo Capron, habían elaborado el plan de trabajo de esa semana de estudios y de amistad. Más de ciento veinte confederados extranjeros representando cuando menos unas dos docenas de naciones tuvieron participación en las sesiones y en los festivales preparados. Se fijaron las bases de una asociación internacional que defenderá la profesión definiendo los derechos y los deberes, y afirmará el papel educativo que tiene ante el público la crítica dramática. Otro congreso que deberá reunirse el año próximo, sancionará este esfuerzo de reorganización que fue dirigido confirmeza, pero con cortesía por Roberto Chesselet (presidente de la crítica belga), asistido de cinco vicepresidentes; Pablo Elmar (de la Alemania Federal), Rosamunda Gilder (USA), Roberto Kemp (Francia), Kott (Polonia), y Alfredo de la Guardia (Argentina).
"En una brillante síntesis, Jean Nepveu-Degas resumió lo escencial de esos trabajos, durante la reunión de clausura, que tuvo lugar en la sala del nuevo teatro de la Alianza Francesa, en presencia del señor Jaquet, secretario de

Estado. Resulta de ese informe que si bien las cuestiones puramente profesionales, retuvieron en primer término la atención de los congresistas, las relativas a la formación y acción de la crítica, requirieron constantemente su atención. En el curso de las sesiones que los reunieron en un atinado sentido del decoro, ya en el hotel Rohan, ya en el Conservatorio, o en el fóyer del teatro Sarah Bernhardt o en Doyaomon, los delegados no dejaron de insistir con unanimidad verdaderamente singular sobre sus diferencias con los directores, los comediantes, los realizadores y naturalmente, con los autores. La delegación belga informó sobre los resultados obtenidos en orden a la conciliación por la comisión mixta que, fuera de toda instancia judicial, regula esta clase de conflictos. La delegación francesa había preparado bajo la firma de Jean Durs una ponencia muy precisa sobre la jurisprudencia francesa en este particular. Se deplora en ella la desaparición casi general del tradicional boletín, las empresas de publicidad, la amabilidad mayor o menor de los directores de salas, la dificultad para agrupar en sindicatos o asociaciones a los individualistas críticos de teatro. Pero, en realidad, el fondo del debate no podía ser soslayado. En notables ponencias, Alfredo Simón Guy, Leclerc, y Marcel Cupron, se enfrentaron a los conceptos de crítica impresionista, doctrinal y 'de compromiso'. Ciertos delegados no dejaron de insistir sobre la falta de formación técnica de algunos de sus cofrades. ¡Poco faltó para que no se decidiera la creación de un doctorado especializado! Se vio que éste no era el fondo del problema. Coppeau había ya dado los principios (enero de 1911) en

 

aquella frase que podía figurar en los estatutos de la futura Asociación: 'La misión de la crítica no es la de sacudir los nervios de sus contemporáneos... Yo desearía que fuese sincero, grave, profundo, sabiéndose investido, al igual del poeta, de una función creadora, digno de colaborar en la misma obra que aquél, y de llevar con él la responsabilidad de la cultura' (N.R.F. enero de 1911).
     "Fueron igualmente tratadas cuestiones tan espinosas como las medidas tomadas por ciertos países contra algunas obras extranjeras, y otras menos graves como la exactitud de la hora para levantar el telón, que la delegación francesa recibió con el mejor buen humor, dado el retardo que en esto se observa en París, y la institución de una carta internacional.
     "El que haya observado imparcialidad esta semana, habrá podido percatarse del retratorobot del crítico dramático, sea éste chileno, polaco, alemán o argentino, británico o bien parisiense. Porque las críticas dramáticas de todos los países reflejan un teatro... sin telón de fierro.
     "Se habló, asimismo, de estética, de historia del arte, de economía política, de sociología y ¡hasta de teatro!
     "Pero nuestro testimonio imparcial no debe dejar pasar inadvertida la especie de amor ardiente y desinteresado con la que hablaron del teatro todos los delegados. Un cofrade italiano, que bien pudo ser parisiente, me susurró al oído: '¡Nuestro amor no puede ser objeto de sospechas, porque el teatro nos alimenta demasiado mal!'. Y todos nos pusimos de acuerdo sin dificultad sobre aquella broma".