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Prueba de fuego, acontecimiento teatral, en el Palacio de las Bellas Artes

Armando de Maria y Campos

   El suceso del mes, tal vez el suceso del año, lo constituye el estreno en el Palacio de las Bellas Artes de Prueba de fuego, presentado por el Departamento de Teatro del Instituto Nacional de Bellas Artes. Arthur Miller, autor de The crucible, que significa crisol, prueba severa, propiamente prueba de fuego, es uno de los dramaturgos más interesantes del momento en Europa y en América. Con motivo del extraordinario éxito que alcanzan las representaciones de este magnífico drama simbólica, que está representándose actualmente en doce capitales americanas y europeas -en Francia con el nombre de Las brujas de Salem-, se ha dicho que Miller nació en Nueva York, en 1915; se ha recordado que con La muerte de un viajante, ganó el premio Pulitzer; si no ha dejado de mencionarse que The crucible se estrenó en el Martin Beck Theatre, de Nueva York, el 23 de enero de 1953, y que su más reciente obra, View form the bridge, sigue representándose con franco éxito en la Ciudad de Hierro. Finalmente, que se ha casado con la estrella Marilyn Monroe, sin olvidar el proceso que le abrió el comité de la Cámara de Estados Unidos, perseguidor de las actividades subversivas, y el de justicia que procesan al discutido y admirado dramaturgo por el delito de desacato al Congreso norteamericano.
     Antes de referirme a la obra propiamente quiero dar a conocer un aspecto de la vida de Miller como autor teatral directamente relacionado con México. A principios de la década del cuarenta, Miller era un autor

ignorado en Broadway. Había escrito dos novelas, Focus y Situación normal, la última un relato de guerra cuyo título recordaba la obra clásica de Remarque. Quería acercarse a las candilejas y sometió a varios agentes su pieza dramática Moctezuma. John Gassner, crítico teatral, quien tuvo la oportunidad de leer el libreto, asegura que en algunos aspectos este drama es superior a la producción posterior de Miller. Pero los productores neoyorquinos movieron enérgicamente sus cabezas: "No. Imposible". ¿Por qué? había de preguntar el novato dramaturgo. Los productores se asombraron de tanta ingenuidad. ¿A quien iba a interesar en Nueva York lo que le ocurrió a un tipo en México con el nombre de Moctezuma hace ya tantos siglos? ¡Lógica apabullante de los productores comerciales en todas las latitudes del mundo teatral! Quede aquí la anécdota que conecta a Miller con su interés en México.
     The crucible, es un drama basado en la realidad, que ocurrió el año 1692, en el hasta entonces pacífico pueblo de Salem, en el estado de Massachusetts. "La persecución de las brujas -dice al autor refiriéndose al tema de esta obra-, era una manifestación perversa del pánico que surgió en todos los niveles sociales cuando la balanza empezó a inclinarse hacia una mayor libertad individual. La cacería de brujas, sin embargo, no fué una simple represión. Fue también y esto es importante, una tardía oportunidad -para toda persona inclinada a hacerlo- de expresar públicamente su culpabilidad y sus pecados disfrazados en forma

de acusaciones contra sus víctimas". La verdad es que el drama de Miller pudo haber ocurrido muchas veces en distintos lugares del mundo, y puede estar ocurriendo ahora mismo, porque su actualísimo tema nos habla de temas contemporáneos y revive personajes que son retratos de gentes del más vivo presente. Míresele por donde se le mire es una obra de teatro extraordinaria. Por el feliz hallazgo del suceso de actualidad renovada; por su construcción maestra y su verbo apasionado, directo, estrujante y conmovedor. La traducción mexicana de Luisa Josefina Hernández y Emilio Carballido sirve con fidelidad al original, y si ahora se advierten mutilaciones (la escena del bosque entre John Proctor y Abigail Williams), se debe a exigencias de tiempo.
     La interpretación es en general magnífica, y destacan sobre el conjunto excelente las creaciones de Ignacio López Tarso, Hortensia Santoveña, Eugenia Ríos, Claudio Brook, Rodolfo Valencia, y de Leonor Llausás, cuyos adelantos son evidentes. El joven maestro Antonio López Mancera creó una escenografía esquemática que es un modelo en su género y el director Seki Sano logró un movimiento ejemplar ritmo de suspense, que admira y merece el más cálido y merecido elogio.
     Prueba de fuego, se continúa representando con éxito legítimo, arrollador.