Los peligros de la pureza. Teatro Cinco de Diciembre. Autor: Hugh Mills. Traducción: Eleazar Canale. Dirección: Víctor Moya.
Producción: Rafael Banquells. Supervisión general:
Blanca de Castejón. Reparto: Blanca de Castejón, Rafael Banquells,
Polo Ortín Jr., Alejandro Ciangherotti Jr., Dina de Marco,
etcétera.
Después de una ausencia notoria, Blanca de
Castejón vuelve a la escena con una comedia ligera: Los peligros de la pureza, comedia que cumple a carta cabal con su
único propósito: divertir, y que aprovecha muy bien todas las posibilidades
cómicas que surgen por la época en que está situada la obra y por el ambiente
inglés del que hace una sátira más o menos superficial. Tiene la comedia un
sabor peculiar y agradable.
La gracia de Blanca de Castejón se pone de
manifiesto en todo momento y la vis cómica de Polo Ortín Jr. tiene oportunidad de apretujarse en ese atrayente
personaje que borra todos los obstáculos de su vida ayudando a morirse a
aquellos que le estorban o que simplemente le parecen odiosos, viéndose
favorecido siempre con sus curiosos crímenes.
Alejandro Ciangherotti Jr. desempeña con todo acierto su puro personaje y
Dina Marco también realiza el suyo -nada puro- con mesura y delicadeza.
Rafael Banquells se divierte, juega con su papel, lo que da cierto tono de farsa a su actuación,
pero sin salirse de los límites, y Antonio Bravo muy en papel. En cuanto a
Víctor Moya, puede decirse que puso mucho cuidado en las caracterizaciones. La
comedia se desenvuelve con agilidad, con ritmo; la escenografía y el vestuario
cuidadísimos, dan el ambiente exacto para la acción. Este es para Moya un afortunado
retorno a la comedia.
Yo, las prefiero morenas. Teatro Milán. Autor: Robert Lamoreaux. Traducción y dirección: Julián Duprez. Escenografía: ¿? Reparto: Guillermo Orea, Emilio
Brillas, Manuel Zozaya, Aurora Segura, etcétera.
En
esta comedia, cuyo propósito es también el de divertir, se hizo abuso de las
pausas intencionadas. Cada vez que hay que abrir la puerta pasan cinco minutos
de dudas para ir a abrirla y cada vez se apoyan en las mismas situaciones
cómicas que por repetidas resultan aburridas. Pudo ser una comedia divertida en
dos actos. Alargarla dio por resultado un total fracaso. |