Sueño de una noche de verano de Shakespeare, espectáculo en el Teatro Fábregas Armando de Maria y Campos |
Por segunda vez el director francés André Moreau, que lleva en México década y media consagrado a actuar como actor, a dirigir y cubrir cátedra sobre actuación teatral, presenta la pastoral El sueño de una noche de verano, de William Shakespeare, esta vez al parecer bajo los auspicios de la embajada británica en México. La primera postura escénica de esta pieza dirigida por Moreau fue organizada por el Instituto Nacional de Bellas Artes, hace más o menos ocho años, para representar a los primeros productos de su Escuela de Arte Dramático.
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escribiese una comedia o mascarada para presentarla en sus fiestas. La tradición asegura que unos versos acerca de la luna que durante la representación se recitan, se refieren a la reina Isabel, que bien pudo haber asistido a la primera exhibición de la obra. Desde el principio al final de Sueño de una noche de verano, el autor y poeta no hace más que cantar el amor juvenil que se santifica con el matrimonio. La comedia pastoral es de una delicadeza y finura prodigiosamente adaptada a su principal fin de celebrar unas bodas de gente noble. La imaginación del gran poeta se desborda así sin límite de cauce, multiplicando los escenarios, para que florezca su fantasía. Suponiendo que la obra fue escrita para ser representada dentro del enorme parque de un poderoso noble, se entiende que el autor pudo aprovechar pequeños pabellones especialmente construidos y cabañas y, desde luego, muchos árboles seculares; entre unos y otros se movería un buen número de bailarines, cantadores y músicos que harían del espectáculo algo extraordinariamente movido y desde luego muy hermoso. |
imaginarios. La noche de la primera representación parece que fallaron algunos trucos, y parte de la escenografía, pero el vestuario lució una policromía audaz, aunque de un gusto discutible. El movimiento escénico fué vivo, a tono con los contratiempos ineludibles en toda primera representación. En todo se notaba un aire de improvisación o una ausencia de madurez que le restó categoría al espectáculo; le falta al bello espectáculo un punto de madurez. |