Evitando hacer teatro en el sentido cada vez más anómalo que tiene esta palabra -declara y anuncia el autor y animador Juan José Arreola con motivo del primer programa de Poesía en Voz Alta-, la dirección general de Difusión Cultural de la Universidad Nacional Autónoma de México, viene a hacer teatro, escenificando preciosas lecciones fulgurantes de emoción y deslumbrantes de belleza.
El teatro español fue primero que teatro, poesía y naturalmente, poesía en voz alta, representación de asuntos políticos a cargo, en el principio, de juglares, de trovadores. Juego peligroso es el teatro, pero cuando se juega limpio al antiguo el juego del teatro es el más limpio de los juegos y de los teatros. Poesía pura, acción sencilla y prístina, personajes o caracteres cargados de emoción y de pasiones transparentes. Pero este juego sólo es permitido a quienes lo desarrollen como lección de belleza. La Universidad de México, al través de su órgano de difusión cultural, encontró en Juan José Arreola el animador ideal e impar de este espectáculo original, del que has derivado todos los pecados originales, artificiales y comerciales del teatro, después de Juan de la Encina (1469-1529) que es el patriarca del teatro español. Una égloga de Juan de la Encina abre este espectáculo maravilloso. Se anuncia que es la cuarta ¿de qué serie? porque De la Encina escribió entre 1492 a 1513cerca de cincuenta |
piececillas entre églogas, farsas y "representaciones". Pero esto es secundario. La égloga de Encina escogida es preciosa y muy propia para abrir un ciclo de teatro poético como es en sus orígenes todo el español, o de poesía en voz alta, si tomamos en cuenta que tanto su égloga como la farsa elegida por su bachiller Diego Sánchez de Bádajoz (1479-1522), como el "telón de bodas" de la comedia Peribáñez o el Comendador de Ocaña, de Lope de Vega, y las improvisaciones teatrales de García Lorca, incluyendo la escena del niño y el gato de su drama póstumo Así que pasen cinco años, son teatro sin los recursos técnicos que lo pervierten y complican, fórmula nueva, que es la más vieja de todas si se advierte que se remonta al origen mismo del teatro occidental ¡Qué escasa diferencia y cuántos siglos de distancia entre Juan de la Encina y García Lorca, pasando por Sánchez de Bádajoz y Lope de Vega! La misma sangre, sin embargo, que navega por el extraño y portentoso aparato circulatorio del teatro español.
Explica y anima el espectáculo teatral, que, por cierto, tiene un puente de canciones del Renacimiento que une las piezas de Encina y Bádajoz con las de Lope y García Lorca, el gran actor frustrado y sin embargo en potencia que es Juan José Arreola, con ilustraciones verbales graciosas y traviesas; es como el hilo multicolor que zurce las piezas de teatro que
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componen el programa, dándoles la unidad de una tela para vestir a Arlequín; o a un juglar, ese juglar que es el mismo Arreola cuando refiere orígenes y bellezas de las canciones españolas primitivas.
El espectáculo Poesía en Voz Alta está presentado con sencillez y colorido extraordinarios, a base de escenografía muy simple y expresiva de Juan Soriano y Héctor Xavier. La dirección procurando en todo claridad en los movimientos y sencillez en el conjunto es un alarde de buen gusto del joven y competente autor Héctor Mendoza. Jóvenes actores dan vida a los diversos personajes, deliberadamente de espaldas a todo lo que sugiera el artificio o complicación. Limitaciones de espacio nos llevan a ceñir este comentario al extremo de mencionar nada más los nombres de los inteligentes y estudiosos actores. Son éstos: Tara Parra, Rosenda Monteros, Carlos Fernández, Juan José Gurrola, que revela singulares aptitudes como el Niño que habla con el gato en la escena de García Lorca; Nancy Cárdenas y Enrique Stopen. Las canciones españolas del Renacimiento fueron creadas, luciendo trajes de la época, Margarit Frenk Alatorre, Yolanda Iris Alatorre, Enrique Alatorre, Antonio Alatorre, director, y María Cristina Flores Alatorre, arpista. |