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Por Lucrecia de Jean Giraudoux, en el Palacio de las Bellas Artes. II 

Armando de Maria y Campos

    La pieza dramática de Giraudoux Por Lucrecia fue creada en París por la Compañía de Barrault, y es una lástima que no la hubiera incluido en el repertorio que presentó en el escenario del Bellas Artes hace unas cuantas semanas. El gran comediante francés explicó en uno de los cuadernos de su empresa teatral algo sobre esta genial pieza de Giraudoux, que conviene traer a esta crónica que de cualquier modo alcanza mayor difusión que los admirables Cuadernos que recogen la historia de las temporadas del admirado director y actor francés: Lucila, esa Lucrecia Napoleón III, es la heroína de la pureza, pero sufre, como el Rey Lear, como Hamlet, una distorsión, una falla: una especie de horror, de repulsión, un desprecio de la vida verdadera, que no puede liberarse de ciertas escorias necesarias.
     Por Lucrecia es profundamente una tragedia. No es el modo de expresión verbal lo que caracteriza a una tragedia, es la forma en que se conducen sus personajes. Cuando los personajes no vacilan en ir más allá del instinto de conservación, existe la tragedia. En el cartel podría escribirse: "Combate a muerte".
     "A pesar de esa atmósfera de miel que baña la ciudad de Aix, todas las leyes de la tragedia has sido respetadas: rendición de cuentas, cuestiones de derecho, desproporción pasional de los personajes principales, desgarramiento real de los héroes.
     " Lucrecia es, además, una tragedia, porque se desenvuelve en un nivel que excluye toda simpatía. Los personajes son simpáticos y antipáticos alternativamente. En realidad, no se

 

trata aquí de simpatía. Se trata de tener razón, de justificarse. Los personajes tienen por sí mismos suficientes razones para obrar así; ellos exponen esas razones, que son sus armas, pero quien tendrá razón entre todos, el la Vida. Y al final se vislumbra una liberación, una utilidad del sacrificio."
     La tragedia de Giraudoux es magnífica, extraordinaria, y tal vez el término que más le acomoda es el de genial, si no estuviera tan manoseado. Es de Giraudoux de principio a fin, y con esto quiero decir que es teatro, verbo en el teatro; poesía y hechizo; suma, síntesis de caracteres humanos, como corresponde a quien está reconocido como el Shakespeare de estos tiempos, que toma del pasado los más caros mitos para forjarlos, recrearlos en definitiva. De hoy en adelante el carácter de Lucrecia, y el de Paola son los que ha creado verdaderamente el gran poeta francés en su obra póstuma. La Pureza indómita y mártir, y el Despecho vengador, envenenado y venenoso. Lucrecia contra Paola. Es una fiesta para la inteligencia oír el teatro de Giraudoux, tanto como verlo, por poco que se exprese en acción. Quien no sepa oír teatro, como decía Rubén de quien no era romántico, "que se ahorque de un pino, será lo mejor". Independientemente del mito viejo que en Por Lucrecia, Giraudoux forja en definitiva, esta pieza posee todas sus características: complicada psicología, desarrollo emocionante, estilo minucioso y cargado de fantasía, pletórico de matices; original en su técnica del más transparente impresionismo. Hay quien aconseja "cortes". Absurdo. Pero, ún así, esta pieza luciría

siempre como la Venus de Milo.
     Quisiera dedicar otra crónica a la postura magnífica, respetuosa y soberbia también, bajo la dirección de Celestino Gorostiza, artífice del detalle y tan temperamental dentro de su aparente máscara de frialdad. Pero como toda justicia es síntesis de juicio, con decir que es admirable en todos sus aspectos -dirección propiamente, escenografía de López Mancera, luces y estatismo en la acción-, sentimos hacer justicia, limpiamente, a veces.
     La interpretación puede adolecer de fallas, pero con todo, el conjunto es admirable. María Teresa Rivas, aún monocorde en varios momentos, no defrauda a nadie; Yolanda Mérida está muy hermosa y apasionada; tal vez extreme la nota de dramatismo, pero luce siempre como actriz ya cuajada. Augusto Benedico cumple satisfactoriamente, sobrio en su personaje. También están excelentes Aurora Molina y Luis Aragón.
     La presentación y representación de Por Lucrecia es un acierto definitivo del director del INBA, don Miguel Alvarez Acosta, y de sus más directos colaboradores en la rama teatral.