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Estreno de Horas desesperadas en el teatro de los Insurgentes, por la Cía. de Manolo Fábregas

Armando de Maria y Campos

    Don Miguel Sánchez Navarro y Schiller -en el mundo de la farándula el gran actor galán Manolo Fábregas-, se ha lanzado abiertamente como productor de grandes espectáculos de éxito en Nueva York, reproduciéndolos -no es aplicable el término trasplantado- casi fotográficamente, y podría asegurarse que superándolos si tenemos en cuenta las enormes posibilidades técnicas que ofrece a un gran animador el Teatro de los Insurgentes del que actualmente dispone. Estos días ha asombrado al público de México con la soberbia reproducción de la postura escénica de The desperate hours, melodrama en tres actos de Joseph Hayes con el título de Horas desesperadas en traducción de Luis Suárez del Solar.
     The desperate hours fué producida por Howard Erskine y Joseph Hayes para el Theatre Ethel Barrymore de Nueva York, y estrenada el 10 de febrero de 1955, con la colaboración en la postura escénica de Robert Montgomery, Howard Bay y Robert Randolph, creada por Nancy Coleman, en el personaje que aquí interpreta Rosario Gálvez, Karl Malden, en el que hace Francisco Jambrina, Paul Newman en el que crea José Gálvez y George Mathews en el que interpreta Yerye Beirute, por no citar sino a los principales papeles. Manolo Fábregas, primero productor que actor en esta pieza, se reservó el muy modesto aunque importante personaje que fué estrenado por James Gregory.
    Manolo Fábregas vió en Nueva York esta interesante pieza, creyó con razón que gustaría

en México y se propuso montarla. Encontró su mejor colaborador en Julio Prieto, quien reprodujo la escenografía original, inspirándose en la elocuente fotografía que de esta excepcional postura escénica aparece en la revista Theatre Arts, de abril de 1955. Don Julio Prieto no se limitó a construir para el Insurgentes la escenografía que revela la revista en cuestión, mejorándola, porque como tengo entendido que el teatro Barrymore no posee escenario giratorio, corresponde a Manolo y a Prieto el mérito de la presentación del exterior de la casa de los Hilliard. De cualquier manera la recreación de Fábregas-Prieto es soberbia, una de las mejores que se han puesto en México, pareja a la de Nueva York. La iluminación también es magnífica, y como Manolo posee la experiencia de su conocimiento de la dirección escénica, no es demérito para él asegurar que la siguió fielmente y de acuerdo con la distribución de los diversos escenarios simultáneos que exige la cinematográfica acción, que pasa con la instantaneidad del pensamiento de izquierda a derecha, de arriba a abajo, de dentro a afuera...
    El melodrama de Hayes, que fué primero novela, después historia en el cine y finalmente pieza de teatro , no deja de ser novela, y en el teatro es cine, réplica a tantas películas que no dejaron de ser teatro. Su argumento -unos gansteres que se introducen en un hogar honesto y hacen pasar a sus moradores, a los policías que los persiguen y al público mismo horas desesperadas-, lo ha vulgarizado el cinematógrafo en media docena de películas a cual más cargadas de suspenso y emoción;

distrae sin tortura la imaginación del público que desde el principio de la pieza imaginan como triunfarán los buenos sobre los malos.
     Señalada la soberbia postura escénica de Horas desesperadas, para la que el cronista rinde su mayor elogio, queda en segundo término la interpretación, también excelente, de acuerdo con la reconocida categoría de los actores que se encargan de los personajes responsables. José Gálvez, notable actor colombiano, se consagra como comediante responsable, estudioso y emotivo. Jambrina actúa con su maestría habitual y Rosario Gálvez se afirma como actriz de fina y dramática sensibilidad. El actor costarricense Yerye Beirute crea con fidelidad un difícil personaje de presidiario degenerado, y como la interpretación descansa en la armonía del conjunto, que en este caso está lograda, solo le resta al cronista señalar los nombres que más lucen y brillan: María Mijares, Jorge del Campo, Félix González y el niño Jaime González.