Con diferencia de horas ocurrieron en los nuevos teatros Moderno y La Rotonda sendos estrenos de piezas francesas a las que sus traductores, directores, y actores les dieron un tono de franco vaudeville que no tienen. En el teatro Moderno fue representada la comedia farsa Edmée, de P. A. Bréal, estrenada en París con mediano éxito, en el Theatre de Huchette, por la compañía de George Vitaly, el 23 de marzo de 1951, en el Moderno y Guillame le confident que fue creada por primera vez, el 7 de abril del mismo año. Ambas piezas fueron publicadas, con breve con breve diferencia de días, en Opera, de París, números 43 y 44, y a sus textos en francés, que tengo a la vista, me atengo para afirmar que ninguna de las dos piezas fué presentada como vodevil.
La primera, definida por su autor como comedia farsa, fue traducida, hasta donde alcanzan mis informes, por la señora Carmen Daniels, esposa del director Raúl Zenteno, con el título, ambiguo y corriente, más propio de una novela de Paul de Kock, Los cuernos de la abundancia (o viceversa), asegurando que está inspirada en un cuento de Guy de Maupassant. Nada dice sobre el particular el autor de Edmée, y aunque me tengo leída gran parte de la obra del gran cuentista, como de eso hace años, no recuerdo el cuento que pudo haber inspirado a Bréal.
La segunda, según sus autores Gabriel Arout -¿será verdad que estará en México?- y Jean Locher, es simplemente una comedia. No sé si la traducción, muy castiza por cierto y ágil de don Eleazar Canale, le dio aire de vodevil freudiano, o si la culpa la tuvo el director don André Moreau. Lo cierto es que, y desde el título: Uno más dos igual a cuatro, el público la toma como un vodevil más y los autores también.
El autor de Edmée era desconocido en París antes del estreno de su farsa. Jacques Chabannes, portavoz de la crítica francesa, así lo asegura: "No sé quien es el autor. Es la primera vez que oigo hablar de P. A. Bréal. Ha construido una comedia farsa cuya vivacidad y carácter suelto recuerdan el tono de ciertas trovas. Edmée podría llevar como subtítulo: ... o la comedia de aquel que se había casado con el diablo". El tema se desarrolla en el campo, y tiempo antes de levantarse el telón, un disco recoge juntos el redoble de tambor del alguacil ( o tal vez el ran plan plan que introduce las llamadas de los ambulantes) con todas las voces de las bestias y animales de rancho, nos mete en |
el ambiente. A raíz de la voz trova nos ocurre un nombre: Maupassant. "Edmée podría ser un cuento de Guy de Maupassant. Es bastante chistoso sobre todo al principio salpicando de palabras certeras, caricaturas, algo feroz".
Paul Gordeaux, crítico de France-Soir, dijo que "Edmée es una farsa suelta, jovial, llena de ideas, subida de color, y de sabor fuerte. Un vodevil rústico, cuyo principal resorte cómico es la muerte. El autor P. A. Bréal ha dispuesto los rebotes, travesuras, sorpresas teatrales, disparos y toda clase de golpes de esta farsa con la firmeza de mano de viejo vodevilista. Su diálogo es sabroso y carnoso"; y Gabriel Marcel en Les Nouvelles Littéraires: "El programa del Teatro de la Huchette anuncia Edmée como comedia farsa. Para ser enteramente completo, bastará con agregar: campesina o rústica. Porque ya nadie ignora que los principales resortes de una buena farsa aldeana son: la lujuria, la tontería, la codicia y el instinto sanguinario. El autor de Edmée muy hábilmente ha revestido estas abstracciones con carne humana. La lujuria es la ardiente Edmée". Ella ha consentido en casarse con el ranchero León que le lleva veinte años. Más no tarda en engañarle copiosamente con el gendarme Filógeno y el mozo Teodoro, mientras que la anciana tía Leontina consienta en morir, dejándoles sus ahorros".
"La obra de Gabriel Arout y Jean Locher -comenta Roger Nimier en Opera- tiene el raro mérito de crear un personaje y cometió el error de no explotar a fondo los recursos de este personaje. Guillaume le confident es un moralista profesional, caritativo con sus amigos. Examina su caso, se pone en su lugar y no tarda en tomarlo -su lugar- en el corazón de su mujer o de su amante. Todo ello con mucha dignidad y conciencia profesionales. No es exactamente hipócrita; es un confidente, y esto lo dice todo. El título era bien escogido así como la situación cómica. ¡No nos enseña la historia que Esopo llevaba a Pedro de las narices, y que los mozos de Marivaux gobernaban a su amo? Era tiempo de reponer las cosas en su lugar. En cuanto a la verdad psicológica de tal intriga, resulta demasiado obvia para necesitar un análisis expansivo, como dice la gente simple. Recientemente nos recordó René Clair que el silencio es oro. La fuerza de los confidentes procede de que no se confían: lo que generalmente, en el teatro, les deja en delicada situación, ya que el héroe trágico -modelo 400 antes de Cristo, alterado 1636 y mejorado 1943- exhibe su bella alma a
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cada instante. Cuando uno reflexiona, el confidente es algo como Sócrates en el asunto: por sus cuestiones provoca confesiones que hacen correr escalofríos en la sala. Desgraciadamente, los autores de Guillaume le confident no dieron a sus personajes todo el realce que era posible darles. El marido veleidoso, la esposa leal, la amante: todos aquellos tipos de la comedia de los últimos ochenta años necesitarían una cabal renovación. En el curso de aquellos tres actos hay pues, no poca habladuría con momentos bastante chistosos. Cabe reconocer que todos los efectos buscados alcanzan al público"
La crítica francesa nos entera que Guillermo el confidente, obra muy parisiense, es de inspiración danesa. En efecto, es el escritor Jean Locher, muy estimado en los teatros nórdicos, el que proporcionó el tema a Gabriel Arout. Este autor ha estrenado en los teatros de París: Paulina o la espuma del mar, El baile del teniente Helt y ha adaptado La Tragedia optimista, manejando con habilidad la comedia ligera.
La versión escénica de Edmée para el teatro Moderno me pareció demasiado chabacana, burda, corriente. Zenteno usó de la brocha. La bella señorita Ana Berta Lepe sale a lucir sus espléndidas formas, pero como actriz, aunque mediana, aún le falta mucho trecho que andar. El empresario Juan Manuel López, que actúa como Carlos Petrel, se reservó el galán protagonista, y recarga los tonos tontos que creó en París el cancionista Jacques Grello revelándose como comediante. Alberto Catalá, Alfonso Castaño, Eduardo Alcaraz, María Gentil Arcos y Pepita Gonzáles actúan como tipos de vieja zarzuela española.
La interpretación de Guillermo el confidente es mejor, pero no se pierde de vista. Tampoco está madura como actriz la famosa cancionista Amanda del Llano. Alejandro Chianguerotti hace un galán muy... argentino. Muy ché o muy chévere. Ni Gloria Jordán ni Alfonso Espriv rebasan la más estricta discreción. La dirección de Moreau revela con qué habilidad sabe mover los personajes y animar las escenas este notable animador francés. |