Nadie puede poner en duda que México sufre una ola de vaudeville. ¿Qué es propiamente un vaudeville? Ateniéndonos a la definición clásica, vaudeville -entre nosotros, vodevil- es un género francés de poesia ligera y composición teatral, iniciando a principios del siglo XVIII. Muy otro en su origen de lo que ahora entendemos por vodevil. Posiblemente, según la definición conocida, el nombre deriva de vaux de vire, región de Normandía, donde eran populares las canciones picantes y satíricas del juglar Oliverio Basselin, muerto en Vire a mediados del siglo XV. Sus canciones, coleccionadas, fueron impresas en 1610 por Juan le Houx, quien ya las denominaba vaux vire. Otros críticos estiman que la palabra deriva de voix de ville, ya que el músico de Anjou, Juan Chavordoine, publicó en París -1575- una colección de canciones en forma de voix de ville. Y no han faltado musicólogos que deriven vaudeville de vauls de ville (cantos favoritos de la ciudad).
La palabra vaudeville, aplicada a la canción ligera, frívola, picaresca, pegadiza, se conoció ya a fines del siglo XVI. En el siglo siguiente, las copias satíricas llamadas mazarinades no fueron sino vaudevilles de carácter político. Pero el vaudeville como pieza teatral no se conoce hasta 1700, en que lo pusieron en boga algunos teatrillos de barrio y de ferias, en Francia.
En el vaudeville teatral se mezclan: un argumento sin hondura, generalmente de amores y de picardías; canciones de carácter popular, basadas en aires conocidos y fáciles de retener en el oído; muchos chistes y frases ingeniosas.
El lector se dará cuenta qué distinto es en su origen este género, y cómo ha degenerado a la fecha. Ahora se entiende por vodevil al teatro que juega con el triángulo de la mujer, el marido y el amante, con cama en la escena si es posible y desde luego con incidentes durante los que la primera actriz u otras se quedan en paños menores. El maestro moderno fue sin duda Georges Feydeau, del que un crítico, Vergenne, dijo que "tendrá su lugar en el Temple du gout, a los pies de Moliére y de Rabelais". Después de Feydeau, el género degeneró hasta quedar convertido en simple anécdota de alcoba audaz, y desbarrando a más y mejor, con el pretexto de que daba gusto al público del boulevard -el francés, por supuesto-, los autores llevaron la frivolidad del triángulo a extremos insospechados. De pronto, una comedia frívola, ligera, con audacias de alcoba, tiene éxito entre |
nosotros; el público la ve representar cientos de veces y... todos los empresarios sólo se preocupan de acertar con el vodevil que llegue a las trescientas, a las quinientas, a las mil representaciones.
Muchas comedias alegres, ligeras, atrevidas o picarescas, se han convertido entre nosotros en vodeviles por culpa de directores y de primeras figuras femeninas. No todas las comedias picarescas son vodeviles, pero sí cualquier comedia frívola, audaz o ligera puede convertirse en un vodevil más. De acuerdo con que La maniére forte, de Deval, no es un vodevil; pero su protagonista y su director la dejaron en los paños menores de un vodevil común y corriente. Tampoco es un vodevil La huitième fémme de Barbe-Bleu. No lo ha sido nunca. La hemos visto representar en México en dos versiones distintas antes de ésta que ahora nos presentan Tana Lynn, Eleazar Canale y Víctor Moya, y también en la pantalla silenciosa interpretada por Claudette Colbert y Gari Cooper. Pero ahora, hecha por Tana Lynn, Óscar Ortiz de Pinedo y Jorge Casanova, resulta otro vodevil más.
Es evidente que la intención de Tana, de don Eleazar y de Moya, fue presentar esta comedia de Savoir como vodevil, y que para lograr su objeto la modernizaron, la actualizaron en grado superlativo. Figúrese el lector que se trata de una comedia estrenada el año 1921. Diremos algo sobre su autor. Alfred Savoir, autor dramático francés, nació en... Polonia. Esta es su ficha cronológica: 1883 (Lodz)-1934 (París). Enviado por su familia a Francia, estudió en las Facultades de Letras de Montpellier y de París. A los 22 años de edad estrenó en el teatro de L'Qeuvre su primera producción. Le troisième, obra atrevida y desconcertante, que no gustó. Convencido de su falta de dominio técnico, Savoir trabajó oscuramente durante 15 años, colaborando con otros autores. La octava mujer de Barba Azul le aseguró, con su éxito grandioso, un puesto entre los más ilustres dramaturgos contemporáneos franceses. En cuanto a la forma teatral, Savoir es un innovador. Sus actos son independientes entre sí. Sobre el mismo tema se desarrollan muchas acciones. Un crítico ha dicho de él: "con su expresión satírica, con su penetración de espíritu en la paradoja, con su curiosidad morbosa e impertinente, Savoir es el Bernard Shaw de Francia".
El director Víctor Moya acentuó los rasgos
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picarescos de La octava mujer de Barba Azul y le imprimió un aire de farsa; a ratos, sus escenas invaden el género bufo. Dos preocupaciones trató de resolver Moya, que luciera la belleza espléndida de Tana Lynn -muy bien vestida por Chantillón- y que Ortiz de Pinedo se exhibiera nuevamente como un actor de múltiples recursos cómicos, también bufos. Este género lo hacía con finura y frívola profundidad Ernesto Vilches, y uno de sus mayores triunfos lo obtenía con El amigo Teddy, curiosa anécdota de "un americano en París", misma que Savoir trata en la pieza a que me vengo refiriendo. Quienes recordamos a Vilches, pensamos que Ortiz de Pinedo exagera un poco más de lo demasiado. Quienes no vieron a Vilches en Un americano en París reirán con la versión que "de un bostoniano en París" hace ahora Ortiz de Pinedo. Morcillea de lo lindo y a otro trapo. ¿Está bien esto? Creo que no. El gran artista -ha comentado un gran cronista contemporáneo- se reconoce en su fidelidad al texto, es decir, en la absoluta falta de indulgencia hacia lo que puede pasar de contrabando, una lágrima o una risa. André Lefauer, después de 1,200 representaciones de Topaze, de Pagnol, recitaba la comedia como en el día del estreno. A treinta años de distancia, Sacha Guitry en una comedia escrita por él, donde por esto podría haberse permitido meter las patas, ni una coma alteraba. Cuando se formó la compañía Ruggero Ruggeri-Emma Gramática, Ruggeri hizo ensayar una comedia que la gran actriz había interpretado durante años; Emma Gramática, saliento de la escena, emitía un monosílabo que desencadenaba el aplauso, ofreciéndole un éxito personal. Ruggero Ruggeri, que dirigía el ensayo, tomó el libreto al apuntador y tendiéndoselo, abierto, a la actriz, le dijo: "Esa palabra no está".
Tana Lynn luce y brilla en La octava mujer de Barba Azul más elegante que actriz; Ortiz de Pinedo está más chistoso que actor. El resto denuncia a una ausencia de profesionalismo que no se compadece con la calidad que a la fecha tiene en México el teatro profesional.
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