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Representación al aire libre de Fuenteovejuna, por el Instituto Nacional de Bellas Artes. II

Armando de Maria y Campos

    La más reciente experiencia que el público de México aficionado al teatro tiene de versiones escénicas de Fuenteovejuna de Lope de Vega, es la que el actor y director valenciano Enrique Rambal, señor, presentó en el teatro Esperanza Iris, durante la temporada que desarrolló en el año 1949. Rambal respetó la unidad del lugar, de acuerdo con el texto lopiano. Como se sabe, la acción pasa en Fuenteovejuna y otros puntos. La magnífica obra de Lope de Vega está dividida en tres actos o jornadas. El primer acto consta de doce escenas, el segundo de diecisiete y el tercero de veinticinco, y para el desarrollo de la acción Lope de Vega llevó a los personajes, según convenía al proceso de la trama, a diversos sitios. La escena primera del acto primero ocurre en una habitación del Maestre Calatrava, en Almagro; la tercera ya se desarrolla en la plaza de Fuenteovejuna, cuya presentación el autor deja a la fantasía del director; la acción se traslada a contar de la escena ocho a la habitación de los reyes Fernando e Isabel, en Medina del Campo. Esta escena fue suprimida en la versión que ahora se representa en la placita de Chimalistac, o de Federico Gamboa, de San Angel. Para la escena décima vuelve la acción a un campo de Fuenteovejuna y pasa a contar de la escena séptima otra vez al campo, y por necesidades de la trama la escena décima segunda ocurre en una calle, para volver a contar de la escena décima sexta, nuevamente al campo. En la sala de Consejo, de Fuenteovejuna, se inicia el tercer acto, pero, a contar de la escena décima, la acción se traslada a la habitación del rey don Fernando, en Toro. Vuelve la acción a la plaza de Fuenteovejuna para las escenas décima segunda a décima cuarta. La escena décima quinta ocurre en la habitación del Maestre de Calatrava, en Almagro, y la décima sexta nuevamente en la plaza de Fuenteovejuna, con la circunstancia de que la escena de los tormentos a los villanos, para que declaren, que en la versión producida por el INBA, se hace desarrollar a la vista del público en la supuesta plaza de Fuenteovejuna, en la obra original se supone en la cárcel inmediata. Torna la acción desde la escena vigésima primera y hasta el final de la obra a la habitación de los reyes Fernando e Isabel, en Tordecillas. El manifiesto propósito de hacer teatro al aire libre, como en

Guanajuato, redujo el desarrollo de la acción a la plaza del pueblo propiamente, empleándose solamente un practicable de arboleda para, en el momento oportuno, trasladar la acción al campo, como lo indica el autor. Para salvar los escollos del cambio de lugar de acción, se establecieron varias áreas de actuación entre los árboles centenarios, legítimos, de la preciosa placita colonial de Chimalistac, la entrada a algunas calles del fondo del improvisado escenario, y las casas de las calles laterales. En algún momento, cuando el pueblo invade la casa del comendador Gómez de Guzmán, se lleva la acción a las azoteas de la mansión donde se supone vive don Fernán, para un espectacular desafío como en tantas películas producidas en Hollywood, y para apoyar la acción y que ésta no se desarrolle a plaza abierta, se construyeron una fuente -como la que existe en la placita de Mexiamora, en Guanajuato, escenario de los "pasos" de Lope de Rueda- y una cruz siguiendo el ejemplo de la que, inspirada en la plaza del Cristo de los Faroles, de Córdoba, España, levantaron los guanajuatenses en el centro del escenario natural que se usa para la representación de los entremeses cervantinos.
     Esto, en cuanto a la forma externa de presentar Fuenteovejuna, es en general, un acierto. Se violenta y limita, como es natural, la acción, pero se presenta un gran espectáculo, bien iluminado y mal sonorizado, por culpa, de seguro, del equipo de sonido, que no cubre todas las áreas de actuación. El texto de la obra sufrió cortes, pero éstos no lesionan el sentido general de esta maravillosa pieza que, si en verdad nadie duda que es un drama eminentemente democrático, debe apuntarse que es igualmente monárquico. Porque, como se sabe, en Lope iban inseparables las ideas corona y pueblo. Por esto puede asegurarse que Fuenteovejuna sella la alianza ideal entre los reyes y los trabajadores. Conviene repetir aquí que Fuenteovejuna, como Lope, contra quien iba era contra las jurisdicciones privilegiadas, contra el nepotismo nobilario. Los nobles medievales eran en ocasiones reyes de los reyes. No todo este drama es sombrío y agudo. Abundan en él como ha reconocido la crítica española seria, muy lindas escenas villanescas, dichos ingeniosos y una sensibilidad colectiva que revela la

extraordinaria adivinación en mil detalles de la psicología de las muchedumbres, que serán válidas por los siglos de los siglos, amén.
     Nada escatimó el Instituto Nacional de Bellas Artes para presentar, con la colaboración del Departamento del Distrito Federal, esta comedia famosa convertida en gran espectáculo, que satisface por igual los gustos muy diversos, y que ha provocado la curiosidad de un público que en lo que va de la temporada, llena por completo las amplias graderías. Cuenta con un magnífico reparto, del que destacan Pilar Sen, como Laurencia; María Idalia, como Pascuala; Manuel Castel y Gerardo López del Castillo, como alcaldes de Fuenteovejuna; Manolo García, como Frondoso; Alejandro Reina, como Mengo, y, en general, todo el numeroso conjunto. El buen actor Miguel Maciá, que luce su espléndida figura, sufría afonía la noche que nos tuvo como espectadores entusiasmados.
    La presentación es excelente -salvo las fallas del sonido y la falta de micrófonos- gracias al vestuario del Instituto Nacional de Bellas Artes. Se escuchan canciones de la época seleccionadas y arregladas por Jesús Bal y Gay, y los conjuntos, a pie y a caballo, así como los bailables, producen la mejor impresión. El final, arreglado, con la aparición de Fernando e Isabel, es impresionante y espectacular.
     Fuenteovejuna es un drama de alcances universales. Corre en alemán, traducido por Schack (1845), en francés por La Beaumell (1829) y por Damas-Hinard. En el siglo actual, como se sabe, hacia 1920 un gran crítico ruso. Anatole Vasilievich Lunacharsky, tradujo a su idioma esta extraordinaria pieza de Lope de Vega, versión representada cientos de veces, siempre con éxito de masas, en todas las grandes ciudades.
     ¡Qué ajeno estaba Covarrubias cuando recogió en su Tesoro de la lengua castellana, publicado en 1611, el dicho popular: "Fuenteovejuna lo hizo", que había inspirado a Lope su drama inmortal, que había de ser repetido en distintas lenguas, bajo distintos cielos y siempre como un grito de justicia y de rebeldía!