Tennessee Williams y su drama El gato sobre el tejado caliente Armando de Maria y Campos |
En el panorama del teatro norteamericano actual Tennessee Williams ha destacado con insistencia el tema de la frustración amorosa. Sus protagonistas, siempre mujeres, pagan al precio de su propia felicidad las inhibiciones sexuales. La fuga del amor que han realizado en alguna época de sus vidas las lleva inevitablemente a la destrucción de sus más caros sueños. Así la hija lisiada de Glass menagerie, Blanche de A street car named Desire y Alma de Summer and smoke. Con ello, el dramaturgo se ciñe a la lógica de una sociedad de tradición puritana. |
encuentra en la raza latina una respuesta al problema que ha planteado en sus obras anteriores. La tortura de la represión protestante puritana se torna en frenesí de alegría dionisíaca. El drama de la frustación se convierte, por la magia del contacto con la cultura latina, en elegía desbordante de la realización amorosa. Y de ese momentum vital en la trayectoria dramática del poeta surge, después de La rosa tatuada, la pieza con el título de El gato sobre el tejado caliente, ha provocado en México comentarios y discusiones antes de ser conocida, porque el Departamento de Espectáculos del Distrito Federal manifestó su inconformidad para que fuera representada en la inauguración del teatro Moderno -Marsella número 23, colonia Juárez- por considerarla inmoral, o amoral, no obstante que a la fecha constituye uno de los mejores éxitos teatrales en Broadway y haber alcanzado el premio Pulitzer correspondiente a 1955 y el gran premio de los críticos teatrales de la Unión Americana. Hasta donde alcanzan mis informes, por una consideración sentimental de Williams será México el país donde se estrene como originalmente fue escrito el tercer acto, que, es superior al que se puso en el teatro Morrocco, de Nueva York, según la dirección de Elia Kazán.
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algunos trabajan poco -Elvira Salcedo, Arturo Corona, Luis Mario Jarero-, y alguno que empieza con bríos (Reinaldo Rivera). Todos, bajo la dirección de Petrone, se portaron seguros, empeñosos y dijeron sus partes con buena memoria. Petrone dirigió esta interesante pieza con indudable pericia, cuidando en particular de los movimientos de Maggie (señora Durgel) y de Brick (señor Merino) y de los suyos también, y por eso el segundo acto resulta tan animado, impresionante y conmovedor (escenas entre Papá Grande y Brick), y en menor calidad (largo, tempestuoso diálogo cargado de insultos y reproches entre Maggie y Brick). El tercero -que nos dicen es distinto al que se presenta en Nueva York- es puro artificio y muy convencional, y por la índole de sórdida de lo que en él se dice, no admite audacia en los movimientos de los actores ni mayor barullo en la escena. La acción de la comedia se desarrolla dentro de un escenario con ambiciones surrealistas, sin puertas ni ventanas a pesar de la claridad con que las marca el autor y aun indispensables para justificar muchas situaciones, de dudosa belleza y evidente inutilidad. El mobiliario, también surrealista, horroroso. Menos una cama matrimonial realista, personaje indispensable en la acción, porque sin ella la escena última se vendría abajo, como carecen de potencia las alusiones a este importante trasto conyugal durante el primer acto, que deben ser directas y que por pudibundez -o por falta de permiso superior- resultan ingenuas; en vez de mencionar "la cama", la actriz se limita a... señalarla tímidamente con el dedo índice... |