Mujeres calumniadas, de Carmen Montejo, en la sala Chopin Armando de Maria y Campos |
El Departamento Central del Distrito Federal, por conducto de su Oficina de Espectáculos, evitó por todos los medios represivos a su alcance, el estreno de la comedia Pas de quatre de Carmen Montejo, el viernes 14 de octubre, en la sala Chopin, aduciendo que se trataba de una obra inmoral, o amoral, y que era su deber impedir que continuaran subiendo a los escenarios mexicanos piezas de esta índole. Resultaba evidente que la Oficina de Espectáculos trataba de ejercer, y ejercía de hecho, la previa censura anticonstitucional. La actriz y empresaria Carmen Montejo, llevó inmediatamente su pieza a Guadalajara y la presentó del 21 al 23 en el teatro Arlequín de la levítica ciudad tapatía, cuyo público no sólo llenó aquel breve coliseo, sino que la dejó pasar sin aspaviento. Lamentablemente modificada por sugestión, de las autoridades de la ciudad, siempre a través de su Oficina de Espectáculos, la pieza de Carmen Montejo pudo subir a escena al fin, en la propia sala Chopin, la noche del 28 de octubre último, con el ambiguo título de Mujeres calumniadas, interpretadas por las mismas cuatro actrices -Anita Blanch, Carmen Montejo, Tana Lynn y Andrea Palma-, después de haber sometido el libreto a vergonzosa censura previa, ratificada mediante la impresión de un sello oficial en cada una de las páginas del nuevo, mutilado, corregido, expurgado libreto, con un final totalmente distinto y a tono con el concepto de la moral que se tiene en las altas esferas del gobierno de la ciudad de México. (Un inspector del Departamento Central siguió la representación, cotejándola con el libreto sellado, y como sucediera que la actriz Tnna Lynn abriera por olvido o por exceso de memoria, un corte, el inspector de marras y cerebro de mosquito, intentó levantar infracción y multar a la empresa).* |
México y ahora presenciamos con mayor frecuencia a partir de Jano es una muchacha de Rodolfo Usigli, que presentada por la Unión Mexicana de Autores se acercó a las 500 representaciones. En realidad, Pas de quatre, trataba con sencillez y hasta con poca malicia de los recursos escénicos, un tema íntimo de lesbianas, homosexualidad tan vieja como el mundo, y ya tratado con deliciosa libertad en varios cuentos de las Mil y una noches, y desde entonces hasta nuestros días, con asiduidad, lo mismo en la novela que en el teatro, sin que nadie ponga el grito en el cielo de las buenas costumbres. La comedia original, es decir, la primera versión de la comedia de Carmen Montejo, considerada como pieza de teatro es buena, por la planteación del tema, la fluida facilidad con que está desarrollada y lo doloroso y humano de su final. Los cuatro tipos de mujer que intervienen en la acción, parecen arrancados de la amarga realidad que viven estas mujeres, víctimas de su propia naturaleza; su valor para afrontar la incómoda situación en que la sociedad común y corriente las coloca, está vista y tratada con indudable habilidad, y es tan natural y lógico dentro del tema cuanto en ella ocurre, que el lector en mi caso, o el espectador probablemente en el de las representaciones en Guadalajara, siente simpatía y compasión, mitad y mitad, por un problema de hormonas que existe en el mundo desde que éste rueda por el piélago inmenso del vacío. |
que Alfredo de Musset es autor de Gamiani ou deux nuits d'exces; que una de las novelas más difundidas de Catulle Mendes, es la titulada Mephistophéla (publicada en 1890), sobre el tema que tanto alarma a don Ernesto P. Uruchurtu; que Guy de Maupassant tiene un cuento -La femme de Paul- traducido a todos los idiomas, y remontándonos más lejos, que Balzac vio representar muchas noches su drama Vautrin, sin que al prefecto de París se le ocurriera enviar a la sala a un censor con el sable desenvainado; que Ernest Hemingway ha escrito media docena de cuentos con este tema y que D.H. Lawrence ha desarrollado el mismo asunto que con valor e inteligencia desarrolló Carmen Montejo en The Prussian officer. La lista de obras representadas y de novelas o cuentos editados sobre tan doloroso como interesante tema, resultaría interminable. Pero para citar dos casos concretos, con experiencia en México -o experimentados entre nosotros-, creo que basta con traer a esta crónica, dos títulos: La prisionera de Edouard Bourdet y La hora de los niños o Infamia de Lilliam Hellman. Resulta, pues, ridículo, asustarse con la al fin de cuentas sencilla historia de Carmen Montejo, que tuvieron la fortuna de ver representada, en su forma original, los tradicionalmente pacatos aficionados al teatro de la Perla Tapatía. * Hay otra mención acerca de esta polémica en el último párrafo de la crónica del 12 de noviembre de 1955. |